OPINIÓN. ¿A qué espera Sánchez? Por Claudio Doreste Torrent

“Durante nuestra conversación advertí que la multitud aumentaba, apretándose más. Componíanla personas de ambos sexos y de todas las clases de la sociedad, espontáneamente venidas por uno de esos llamamientos morales, íntimos, misteriosos, informulados, que no parten de ninguna voz oficial y resuenan de improviso en los oídos de un pueblo entero […]. El más poderoso genio de la guerra es la conciencia nacional, y la disciplina que da más cohesión, el patriotismo”.

Benito Pérez Galdós, El 19 de marzo y el 2 de mayo, capítulo XXVI, Episodios Nacionales, primera serie.

Nuestro inmortal Galdós retrató magistralmente el hartazgo del pueblo español ante las torpezas y la claudicación de Carlos IV y Fernando VII, que acabaron entregando la Corona y nuestra patria al Bonaparte.

¿A qué esperan Sánchez y gran parte de su Gobierno, postrados ante el malik —el monarca— de Al-Maghrib al-Aqsa, «el extremo más alejado de Occidente», nombre histórico árabe de Marruecos, para defender su propia patria? ¿Esperan acaso a que surjan otros Daoíz y Velarde, aquellos bravos capitanes que lucharon heroicamente contra la ocupación francesa de Napoleón?

No tiene explicación la actitud genuflexa de un Gobierno arrodillado ante el Sultán del Atlas. Tenga algo de decencia, señor Sánchez. Termine la legislatura conservando al menos un resto de dignidad, proponga al Congreso la declaración del estado de sitio y devuelva Septem Fratres a la normalidad. Uno de los territorios más antiguos de la vieja Iberia no merece el trato degradante que usted está consintiendo.

Y los grupos parlamentarios que integran ese conglomerado de los llamados socios deberían reflexionar. Aunque muchos de ellos busquen, de una u otra forma, la destrucción o el desmembramiento de nuestra milenaria patria, si esto continúa así, pronto no tendrán ni patria que destruir.

Apelen a la poca conciencia nacional que todavía pueda quedarles. Impulsemos entre todos una moción de censura, aunque sea meramente instrumental.

Quitémonos de encima a este aprendiz de caudillo.