La erupción terminó hace casi cinco años, pero decenas de familias continúan viviendo en contenedores y la reconstrucción apenas alcanza el 60 por ciento
La lava del volcán Tajogaite dejó de avanzar en diciembre de 2021, pero para decenas de familias de La Palma la emergencia todavía no ha terminado. Cinco años después de la erupción, todavía hay vecinos que viven en contenedores, casas modulares y viviendas prefabricadas, soluciones concebidas como alojamientos de emergencia y que se han convertido en el hogar de familias que siguen esperando una alternativa definitiva. La reconstrucción de una de las mayores catástrofes naturales sufridas en España en las últimas décadas continúa, pero el paso del tiempo ha convertido lo provisional en una situación prolongada durante años.
La dimensión del desastre explica la magnitud del problema. El volcán permaneció activo durante 85 días, sepultó 1.219 hectáreas y destruyó 2.988 edificaciones, entre ellas 1.345 viviendas. Cerca de 2.000 personas perdieron su hogar y miles de palmeros vieron desaparecer casas, cultivos, carreteras, negocios y barrios enteros bajo las coladas. Cinco años después, según la Plataforma de Afectados por la Erupción del Volcán Cumbre Vieja 2021, la reconstrucción global ronda el 60 por ciento, una cifra que refleja la distancia que todavía existe entre la emergencia de 2021 y la recuperación completa de la isla.
Uno de los símbolos más evidentes de esa reconstrucción incompleta son los contenedores instalados para dar una respuesta inmediata a quienes habían perdido sus viviendas. En Los Llanos de Aridane todavía quedan 39 contenedores ocupados de los 85 instalados inicialmente, mientras que otras familias continúan alojadas en casas de madera y módulos prefabricados. En total, las fuentes consultadas sitúan en varias decenas las familias que siguen dependiendo de estas soluciones provisionales.

Lo que debía ser una solución temporal se ha prolongado mucho más de lo previsto. Algunas familias todavía no han podido reconstruir sus viviendas; otras se enfrentan a un mercado inmobiliario que se ha encarecido notablemente desde la erupción. En Los Llanos de Aridane, el precio de la vivienda ha aumentado de forma muy significativa desde 2021, mientras que los alquileres también han subido, complicando todavía más la salida de quienes llevan años esperando recuperar una vida normal.
Una reconstrucción que sigue acumulando retrasos
El problema tampoco se limita a quienes perdieron físicamente sus viviendas bajo la lava. Vecinos de Puerto Naos y La Bombilla continúan teniendo restricciones para regresar a sus hogares debido a la presencia de gases volcánicos, aunque la situación ha mejorado sustancialmente respecto a los primeros años. Según el Cabildo, el 95 por ciento del espacio afectado se encuentra actualmente abierto con seguridad.
Las administraciones han puesto en marcha nuevas viviendas para intentar cerrar esta etapa. En Los Llanos de Aridane se construye actualmente un edificio de 53 viviendas públicas, cuya entrega está prevista para finales de 2026 y que tendrá como prioridad a personas que todavía viven en alojamientos provisionales. Sin embargo, incluso esta actuación llega después de años de espera para familias que perdieron sus casas en 2021.
La magnitud de la tragedia hace que la recuperación no pueda medirse únicamente por el número de viviendas reconstruidas. La erupción destruyó pueblos y barrios, alteró las comunicaciones de la isla y arrasó unas 370 hectáreas de cultivos, además de afectar a más de 70 kilómetros de carreteras. Hay pérdidas que no pueden resolverse simplemente con una indemnización o una nueva vivienda: desaparecieron comunidades enteras y formas de vida vinculadas durante generaciones al territorio.
Cinco años después, la emergencia todavía forma parte del paisaje
El quinto aniversario del Tajogaite deja así una imagen difícil de ignorar: una catástrofe que terminó geológicamente hace casi cinco años, pero cuyas consecuencias sociales y económicas siguen abiertas. Los contenedores y las casas prefabricadas continúan formando parte del paisaje de La Palma, mientras familias que perdieron sus hogares siguen esperando una solución definitiva.
La reconstrucción ha avanzado y se han recuperado viviendas, infraestructuras y zonas que durante años permanecieron cerradas. Pero cinco años después, que todavía haya familias viviendo en alojamientos concebidos para una emergencia inmediata constituye uno de los signos más visibles de que la vuelta a la normalidad todavía no se ha completado para todos los afectados por el volcán de La Palma.


