¿De verdad Sánchez adelanta las elecciones por la vivienda? Algo no termina de cuadrar

Pedro Sánchez no se va del Gobierno. Al menos, no de momento. Lo que ha anunciado este lunes es la disolución de las Cortes y la convocatoria de elecciones generales para el próximo 29 de noviembre, siete meses antes de que terminara el mandato previsto. La legislatura estaba llamada a prolongarse hasta 2027 y Sánchez había defendido en numerosas ocasiones su intención de agotar el mandato.

La explicación inmediata parece clara: el Congreso rechazó el viernes los dos decretos de vivienda del Gobierno, después de que PP, Vox y Junts votaran en contra. La derrota dejó nuevamente al descubierto la enorme dificultad del Ejecutivo para conseguir mayorías parlamentarias y sacar adelante sus iniciativas.

Pero hay algo que no termina de cuadrar.

¿De verdad Pedro Sánchez, después de todo lo que ha ocurrido durante estos años, ha decidido adelantar las elecciones porque el Congreso no le ha aprobado dos decretos de vivienda? Es como si Julio César, en plena expansión del Imperio Romano, hubiera sido derrotado por un grupo de escolares con tirachinas. No cuadra con su trayectoria. Es extraño. Y más sabiendo que no tiene opciones en las urnas.

Sánchez ha aguantado mucho más

Estamos hablando de un presidente que ha demostrado una capacidad inigualable de resistencia política. Ha sobrevivido a legislaturas con mayorías extremadamente complicadas, a rupturas con socios, a derrotas parlamentarias y a una sucesión de crisis que han puesto a su Gobierno y a su partido bajo una presión considerable.

También ha afrontado investigaciones judiciales que han afectado a personas de su entorno político y familiar. El caso de Begoña Gómez, su esposa, llegó a provocar en 2024 aquella inédita pausa de cinco días durante la que Sánchez llegó a plantearse públicamente si debía continuar al frente del Ejecutivo. Finalmente decidió quedarse y anunció que seguiría «con más fuerza si cabe».

Desde entonces, el escenario judicial no ha desaparecido. Se han sucedido investigaciones que han afectado a dirigentes y antiguos dirigentes socialistas, entre ellas las relacionadas con José Luis Ábalos, Koldo García, Santos Cerdán, David Sánchez y la propia Begoña Gómez. Todo ello ha supuesto un importante desgaste político para el PSOE y para el Gobierno.

Y Sánchez ha seguido.

Por eso resulta inevitable plantearse una cuestión: si todo aquello no fue suficiente para adelantar las elecciones, ¿por qué ahora sí lo es el rechazo de dos decretos de vivienda?

La vivienda explica el momento, pero quizá no toda la decisión

La crisis de la vivienda es real y el fracaso parlamentario también. El Gobierno había aprobado dos decretos con medidas destinadas a afrontar el problema de los alquileres y los desahucios, muy en boca estos días. Pero no consiguió reunir los votos necesarios y Junts terminó sumándose al rechazo de PP y Vox. Es difícil creer que la decisión de Junts provoque semejante cisma.

Ese fracaso supone un golpe político importante para Sánchez. Pero una derrota parlamentaria no obliga a convocar elecciones.

El presidente tenía otra posibilidad: continuar la legislatura, negociar con sus socios, modificar las medidas y tratar de encontrar una mayoría para aprobarlas posteriormente. De hecho, esa era una de las opciones que estaba sobre la mesa hasta este mismo lunes y que todo el mundo esperaba.

Ha elegido la otra. Y aquí es donde comienza el verdadero interrogante.

Un político amante del poder

Sánchez ha construido buena parte de su trayectoria política alrededor de la resistencia. Ha atravesado situaciones en las que muchos daban por terminada su carrera y ha conseguido mantenerse al frente del PSOE y del Gobierno.

Por eso resulta difícil pensar que una decisión de este calibre sea simplemente una reacción automática a dos decretos rechazados.

Puede que la vivienda haya sido el detonante. Puede incluso que Sánchez considere que la legislatura ha llegado a un punto de bloqueo que hace imposible gobernar con eficacia. Pero eso no responde completamente a otra pregunta: ¿por qué ahora? Porque si el presidente hubiera decidido convocar elecciones después de alguno de los grandes terremotos políticos o judiciales que han marcado estos años, la explicación habría resultado mucho más evidente.

Por tanto, no quedan muchas opciones. Una es que el desgaste finalmente ha sido definitivo y esta última votación ha sido la gota que colma el vaso, pero el vaso ya rebosaba hace tiempo y no ocurrió nada. Otra opción es que ha ocurrido algo en las últimas horas y que desconocemos que ha podido precipitar esta decisión. Y la tercera, conociendo al personaje, es que todo sea parte de algún tipo de plan y que las intenciones reales queden ocultas en una última jugada del ‘Joker’.