La inteligencia artificial permite acceder a más información que nunca, pero un estudio internacional advierte de que saber utilizarlo ya es otro tema
La inteligencia artificial está transformando la forma en la que millones de personas aprenden, pero el aumento de las herramientas disponibles no está consiguiendo que el aprendizaje sea necesariamente más eficaz. Un estudio realizado entre más de 5.000 profesionales en activo revela una creciente distancia entre el tiempo que las personas dedican a formarse y su capacidad para trasladar esos conocimientos a situaciones de la vida real. El fenómeno ha sido definido como una “brecha de progreso”, es decir, la diferencia entre la sensación de estar avanzando mientras se aprende y la confianza necesaria para utilizar posteriormente esas habilidades.
Los datos muestran que el 49% de los encuestados lleva meses manteniendo una rutina de aprendizaje y, aun así, continúa teniendo dificultades para aplicar lo aprendido en la vida real. La sensación de esfuerzo tampoco se corresponde siempre con los resultados. El 63% asegura sentirse ocupado aprendiendo sin experimentar una mejora real, mientras que el 52% reconoce que actualmente dedica más tiempo a aprender que hace dos años, pero sin obtener necesariamente mejores resultados. En este contexto, los profesionales utilizan una media de tres métodos diferentes de formación, desde herramientas de inteligencia artificial hasta cursos online, vídeos y programas ofrecidos por sus propias empresas.
La IA se convierte en una herramienta habitual
El avance de la inteligencia artificial en el aprendizaje resulta especialmente significativo. El 88% de los profesionales consultados afirma utilizar ya herramientas de IA para formarse o adquirir nuevas competencias. Su principal atractivo está relacionado con la rapidez y la flexibilidad: el 47% considera que estas herramientas le permiten encontrar respuestas más rápidamente, mientras que un 36% destaca que hacen que el aprendizaje sea más accesible y adaptable a sus necesidades.
Sin embargo, el estudio muestra que existe una diferencia entre utilizar la IA como herramienta y confiar completamente en ella para aprender. El 66% considera que disponer de información no conduce automáticamente al progreso, y un 55% cree que cada vez resulta más difícil identificar qué métodos de aprendizaje están contribuyendo realmente a mejorar sus capacidades. La tecnología permite acceder prácticamente de inmediato a explicaciones, contenidos y respuestas, pero el verdadero desafío continúa siendo transformar esa información en conocimientos sólidos y, sobre todo, en habilidades que puedan utilizarse posteriormente.
Los alumnos prefieren combinar IA y experiencia humana
Frente a la posibilidad de que la inteligencia artificial termine sustituyendo buena parte de la formación tradicional, los resultados apuntan en otra dirección. El 75% de los encuestados confía más en una combinación de IA y experiencia humana para conseguir un progreso a largo plazo, mientras que solo el 11% afirma preferir un modelo completamente autodirigido mediante inteligencia artificial.
La conclusión es especialmente relevante en un momento en el que las herramientas de IA pueden responder preguntas, corregir ejercicios, generar explicaciones y adaptar contenidos en cuestión de segundos. Según los participantes, estas posibilidades resultan útiles, pero no sustituyen completamente la interacción humana, especialmente cuando el objetivo es practicar, recibir correcciones y aprender a desenvolverse en situaciones reales. El reto no parece estar, por tanto, en elegir entre profesores e inteligencia artificial, sino en determinar cómo pueden complementarse ambas herramientas.
La Generación Z se enfrenta a una mayor brecha
La Generación Z es el grupo que más utiliza la inteligencia artificial para aprender, con una tasa de adopción del 92%, pero también es el que declara experimentar mayores dificultades para convertir ese aprendizaje en progreso real. El 71% afirma sentirse ocupado aprendiendo sin mejorar, frente al 56% de la Generación X, mientras que el 57% reconoce haber tenido problemas para aplicar posteriormente lo aprendido en situaciones reales.
También existe una diferencia importante en la continuidad de los procesos de formación. El 68% de los jóvenes asegura haber abandonado algún aprendizaje durante el último año, frente al 38% de la Generación X. Los datos dibujan así una paradoja propia de la era digital: quienes tienen un acceso más sencillo a las herramientas de conocimiento también pueden enfrentarse a una mayor dificultad para mantener la constancia y distinguir entre consumir información y adquirir realmente una nueva habilidad.
Más información no significa necesariamente más aprendizaje
El estudio plantea así uno de los grandes retos de la educación en la era de la inteligencia artificial. Durante décadas, una de las principales dificultades para aprender fue precisamente acceder a la información. Internet primero y la IA después han reducido enormemente esa barrera, hasta el punto de que prácticamente cualquier persona puede obtener una explicación sobre casi cualquier asunto en cuestión de segundos.
El problema ahora puede ser diferente. La abundancia de información no garantiza comprensión, práctica ni dominio, y aprender requiere algo más que acumular respuestas. La capacidad para aplicar los conocimientos, recibir correcciones, mantener la motivación y trasladar lo aprendido a situaciones concretas se convierte en uno de los principales factores para determinar si existe realmente progreso.
La expansión de la inteligencia artificial puede hacer que aprender sea más rápido, barato y accesible, pero los resultados de la investigación sugieren que el siguiente desafío será conseguir que esa facilidad se traduzca en competencias reales. En otras palabras, la cuestión ya no es únicamente cuánto conocimiento puede proporcionar la tecnología, sino cuánto de ese conocimiento termina convirtiéndose en algo que una persona sabe hacer.


