Mientras tanto, en España ya figuran la friolera de más de 1.900 centros de culto para la religión islámica y siguen aumentando
La construcción de la primera mezquita de la ciudad japonesa de Fujisawa, en la prefectura de Kanagawa, ha provocado una intensa controversia y movilizaciones entre sectores de la población local. La oposición al proyecto ha reunido más de 33.000 firmas en una campaña para reclamar que se revise o paralice la construcción del templo islámico previsto en el distrito de Miyahara.
La campaña de recogida de firmas concluyó oficialmente a finales de noviembre de 2025 con 32.963 adhesiones, según los responsables de la iniciativa. Posteriormente, las protestas se trasladaron también a las calles de Fujisawa, con concentraciones y manifestaciones contra el proyecto. En agosto de 2026 se produjo una nueva movilización en las inmediaciones de la estación de Fujisawa para protestar por la continuidad del proyecto.
Fujisawa es una ciudad de alrededor de 440.000 habitantes situada al sur de Tokio. El proyecto contempla la construcción de un centro islámico en Miyahara, en una parcela que anteriormente estaba ocupada por una fábrica abandonada. La iniciativa ha sido impulsada por la organización Fujisawa Masjid, mientras que la gestión religiosa está vinculada a la corporación islámica Dar Us Salaam.
La comunidad musulmana de la zona sostiene que la nueva mezquita responde a una necesidad de culto existente. Hasta ahora, uno de los principales centros islámicos próximos a Fujisawa se encuentra en Ebina, a unos 20 kilómetros, y sus responsables han señalado el crecimiento de la población musulmana de la zona como una de las razones para promover un nuevo espacio de oración.
El proyecto ya cuenta con autorización municipal
La controversia se ha intensificado porque el proyecto ha superado los trámites administrativos municipales. El Ayuntamiento de Fujisawa ha defendido que la actuación cumple los requisitos establecidos por la normativa urbanística y ha rechazado que pueda retirar arbitrariamente el permiso concedido.
La oposición vecinal ha presentado decenas de peticiones ante el Ayuntamiento y el consejo municipal reclamando desde la paralización del proyecto hasta nuevas medidas relacionadas con el tráfico, el aparcamiento, el ruido y la información proporcionada a los residentes. En diciembre de 2025 llegaron a registrarse 44 peticiones y una solicitud formal relacionadas con el proyecto, que finalmente no prosperaron.
Entre los argumentos utilizados por los detractores de la mezquita aparecen las posibles consecuencias que tendría la llegada de cientos de personas durante las principales celebraciones y, especialmente, durante la oración del viernes. Algunos residentes han expresado preocupación por el tráfico y el estacionamiento en las inmediaciones del futuro edificio.
Los responsables del proyecto, por su parte, han tratado de responder a algunas de estas preocupaciones. En reuniones con vecinos se plantearon medidas como limitar el número de vehículos y evitar la emisión exterior de la llamada a la oración. El objetivo declarado por los promotores ha sido reducir las molestias y facilitar la convivencia con el entorno.
La polémica también ha estado marcada por bulos
La discusión sobre la mezquita ha trascendido las cuestiones urbanísticas. Diversos medios japoneses han documentado la circulación en redes sociales de rumores y afirmaciones falsas relacionados con el proyecto, entre ellos supuestos planes para construir un cementerio islámico junto a la mezquita o afirmaciones sobre un incremento de la delincuencia.
El conflicto ha generado así dos discursos enfrentados. Mientras una parte de los participantes sostiene que sus preocupaciones están relacionadas con la seguridad, el tráfico, el ruido o la transformación del entorno, otras voces han denunciado que la campaña contra la mezquita ha derivado en mensajes de carácter discriminatorio contra los musulmanes.
Un debate que trasciende a Fujisawa
El caso se produce en un momento en el que Japón debate cómo gestionar el aumento de la población extranjera y la presencia creciente de comunidades religiosas procedentes de otros países. La cuestión de las mezquitas se ha convertido en uno de los puntos donde confluyen el debate sobre inmigración, libertad religiosa, integración y conservación de las costumbres locales.
La controversia de Fujisawa refleja esa tensión. Para los promotores y parte de la comunidad musulmana, la construcción supone disponer de un lugar de culto estable para una población que ha aumentado en los últimos años. Para sus detractores, el debate se centra en las consecuencias que la instalación tendría sobre el barrio y en la forma en que el proyecto fue tramitado.
Por el momento, el proyecto continúa adelante pese a las más de 33.000 firmas recogidas contra la construcción y las sucesivas iniciativas presentadas ante las instituciones municipales. Fujisawa se ha convertido así en uno de los escenarios más visibles del debate japonés sobre inmigración, libertad religiosa y convivencia con una población extranjera cada vez más numerosa.


