El debate parlamentario en la Cámara catalana ha vivido un nuevo episodio de alta tensión política a raíz de la intervención de Sílvia Orriols. La portavoz y referente de Aliança Catalana dirigió una dura e incendiaria alocución al presidente de la Generalitat, Salvador Illa, valiéndose de descripciones explícitas y sobrecogedoras relativas a los ataques perpetrados por Hamás el 7 de octubre de 2023 en territorio israelí. Durante su turno de palabra, Orriols detalló ante la cámara situaciones de violencia extrema y la recuperación de miles de bolsas con restos humanos, cuestionando de forma directa la gestión institucional del Gobierno catalán y acusando a la administración de haber promovido la cultura e idioma árabes en las aulas tras episodios trágicos pasados.
El punto culminante de su discurso se produjo al encarar a Illa afirmando que «no todo el mundo se baja los pantalones ante el islam», para rematar su proclama con un sorpresivo y enérgico «¡Viva Israel y viva Cataluña!». Eso sí, Israel por delante, no vaya a ser que alguien se enfade y, sobre todo, cayendo en una contradicción insuperable. ¿En qué momento los debates en la política española se dividen entre el Islam o Israel?
La contundencia de las declaraciones de Orriols ha puesto de manifiesto una profunda contradicción ideológica que no ha pasado desapercibida para todos. Mientras la diputada abandera un discurso estrictamente soberanista e identitario enfocado en la preservación de la cultura local y la denuncia de cualquier supuesto sometimiento cultural o político frente a dinámicas externas, incurre paradójicamente en un alineamiento ciego e incondicional con los intereses geopolíticos y militares de un Estado extranjero, socio del imperialismo, socio de Estados Unidos.
Resulta del todo contradictorio que, tras afear al líder socialista una presunta sumisión de las instituciones catalanas, la propia líder de la extrema derecha independentista proceda a asimilar la causa de Cataluña a la de Israel, un país soberano situado fuera del marco de soberanía hispano-catalán y con prioridades geopolíticas sumamente ajenas a la realidad autonómica. Esta doble vara de medir evidencia los severos contrasentidos que impregnan la retórica del ultra-nacionalismo de Aliança Catalana.
Por un lado, la formación rechaza con rotundidad cualquier atisbo de diversidad cultural o integración exterior en el ámbito educativo local; por otro, no duda en «bajarse los pantalones» e inclinar la cabeza ante el relato gubernamental de Benjamín Netanyahu, adoptándolo de forma acrítica e integrándolo como eje de su propia agenda política. La proclama de «¡Viva Israel!» en la sede de la representación popular catalana pone al descubierto que la vehemencia con la que Orriols exige soberanía frente a unos actores se disuelve por completo cuando se trata de rendir pleitesía y subordinación a una potencia ajena. Pollos sin cabeza.
Traducción al español de las declaraciones de Sílvia Orriols
«Cráneos aplastados, mutilaciones genitales, decapitaciones, violaciones grupales, bebés cocidos dentro de microondas, familias enteras quemadas vivas… El 7 de octubre de 2023, Israel recogía 3.000 bolsas con restos humanos, algunas de ellas tan pequeñas que apenas se podían identificar.
¿Qué habría hecho usted? ¿Qué cree que debería haber hecho Netanyahu? ¿Introducir el árabe y la cultura palestina en las aulas de Israel como hicieron ustedes con el árabe y la cultura marroquí en las aulas catalanas tras los atentados de Barcelona?
No todo el mundo se baja los pantalones ante el islam, señor Illa. ¡Viva Israel y viva Cataluña!»


