Montse Mínguez paga su hipocresía y dimite como portavoz del PSOE tras la polémica por los 30 pisos de su pareja

La hipocresía se paga caro o, al menos, así debería ser en política, porque se trata de algo detestable que por un lado prediques una cosa y por otra hagas la contraria. Es algo muy común en todos los países socialistas, en los que las normas y la moral se circunscribe al pueblo, no a la casta política socialista. Resulta que Montse Mínguez, por un lado, criticaba la especulación con la vivienda y resulta que su novio tenía 30 pisos alquilados. Vaya, parece peor que lo del novio de Ayuso, y encima dice que «se va con la conciencia tranquila».

La dimisión de Montse Mínguez, portavoz del Comité Ejecutivo Federal del PSOE, se ha producido este viernes, 16 de octubre, después de varios días de controversia por la actividad inmobiliaria de su pareja y de conversaciones internas que han acelerado su dimisión. La dirigente ha anunciado que abandona su responsabilidad orgánica y que tampoco se presentará en las listas electorales por Lérida.

La información que desencadenó la polémica apunta a que la pareja de Mínguez está vinculada a un negocio inmobiliario que gestiona alrededor de 30 viviendas en alquiler. Según las informaciones publicadas por Artículo14, el grupo empresarial también habría estado relacionado con procedimientos de desahucio. Estas revelaciones han situado a la portavoz socialista en el centro de las críticas políticas por la aparente contradicción entre esos negocios y el discurso del PSOE sobre el acceso a una vivienda digna y asequible.

Antes de anunciar su dimisión, la dirigente socialista rechazó las acusaciones de incoherencia y calificó las críticas como un ataque personal. Mínguez defendió que se trata de una empresa familiar dedicada al alquiler de viviendas y aseguró que desarrolla su actividad conforme a la legalidad vigente. Claro, igual que las empresas a las que ella critica, que también cumplen con la legalidad lógicamente. Ya no cuela.

La portavoz también reivindicó su trayectoria política y su apoyo a las medidas destinadas a garantizar una vivienda digna y accesible. El PP, por su parte, aprovechó las informaciones sobre las propiedades de la pareja para cuestionar la coherencia del discurso socialista en materia inmobiliaria.

«Un paso atrás» por el proyecto colectivo

En el comunicado con el que anunció su salida, Mínguez afirmó que había decidido dar «un paso atrás» porque considera que es lo mejor para el proyecto colectivo al que ha dedicado su trabajo. También aseguró que se marcha con la conciencia tranquila y la cabeza alta, y defendió que mantiene intactos sus principios políticos.

La dirigente aprovechó su mensaje para cuestionar a quienes, a su juicio, utilizan la polémica para atacar los avances sociales y los derechos que defiende la izquierda. El PSOE ha expresado su respeto por la decisión y ha agradecido su dedicación y compromiso con la formación. En fin, otro vodevil más socialista.

La dimisión se produce en un momento en el que la vivienda se ha convertido en uno de los principales frentes del debate político nacional. El caso abre un nuevo escenario de confrontación entre el PSOE y el PP sobre la propiedad inmobiliaria, los alquileres y la coherencia entre las posiciones públicas de los representantes políticos y sus entornos familiares.