OPINIÓN | La eterna incoherencia socialista. Por Fernando Cuesta

No suele ser frecuente, diría que es una rareza que, a día de hoy, en el ambiente político, las dimisiones sucedan. Por eso, es de destacar, cuando sucede o acontece una dimisión, sobre todo de relevancia, es una gran noticia que ennoblece a quien lo hace, aunque esa dimisión sea más que justificada. Aunque la dimisión no exime al que dimite de responsabilidades como consecuencia de ello.

Montse Mínguez, portavoz del PSOE, ha presentado su dimisión. Una dimisión forzada y como consecuencia no deseada por la interesada. Su falta de principios y su falta de respeto a los ciudadanos la han empujado a frenar su carrera política que comenzó como concejala en Lérida en el año 2003.

Es muy posible que el propio secretario general del PSOE y presidente del gobierno, Pedro Sánchez, le haya impuesto su dimisión, aunque no es el mejor personaje para darle lecciones de coherencia. 24 horas antes Sánchez había expresado su confianza en ella. Como los kiler asestan “el golpe” cuando la presa se confía. Y Sánchez de todo ello sabe mucho.

En vísperas electorales, de no haber presentado su dimisión sería una gran rémora, una carga demasiado pesada en el camino de la abultada derrota que todas las encuestas vaticinan para el PSOE. Hemos contemplado a la ya dimitida portavoz, en la tribuna del Congreso, cómo demonizaba a los propietarios de viviendas y a los fondos de inversión inmobiliaria, a los que insultaba denominándolos fondos buitre. A pesar de que su pareja formaba parte de los buitres.

Mínguez no fue consciente ni valoró al mundo del periodismo de investigación y que forma parte imprescindible de las democracias. Cumplen una función social que forma parte de los cimientos del estado de derecho. Conscientemente o no, en la práctica despreció a ese periodismo como hacen los dirigentes socialistas, que se erigen en sacerdotes de la moral y nadie está por encima. No quiso tomar nota de algunos de sus compañeros que no han salido muy bien parados de las investigaciones periodísticas.

No valoró que podría emerger, “salir a la luz pública”, los negocios de su novio. Negocios inmobiliarios con unas treinta viviendas para el alquiler. Además de conocer que ese novio no pagaba impuestos en España. Todo hasta la fecha legal, pero que no respalda el discurso de Mínguez y del PSOE. Aunque no es de extrañar viniendo de la izquierda. Tiene acostumbrada a la sociedad a retorcer la verdad con discursos populistas y de origen turbio.

La bandera de la defensa que izaba el PSOE de los vulnerables que no pueden pagar una vivienda o un alquiler de un piso o incluso una habitación, le ha quemado las manos. El listón socialista en el capítulo moral lo han situado tan alto que a las primeras de cambio apenas pueden rozarlo. Las lecciones de moral socialista que asiduamente trata de inyectar a la sociedad son puro veneno.

El socialismo y la izquierda han enturbiado la convivencia en este país por esa autoridad moral que se adjudica. Una moral que no deberíamos denominarla de esa manera. Se trata de un discurso de choque contra el rival político. El caso de la señora Mínguez es uno de tantos en el seno del PSOE. Para el socialismo, la incoherencia es uno de sus principios. Podemos dar un vistazo a la declaración de bienes de los diputados socialistas y comprobar que la incoherencia en relación a la vivienda es algo normal.

Adiós a la clase media

Mientras demonizan a quienes tienen más de una vivienda, esos críticos socialistas y de izquierdas tienen un patrimonio inmobiliario extenso, el más seguro. Un ejemplo el del presidente del gobierno, Pedro Sánchez. El mandatario socialista posee varias viviendas y alguna de ellas alquiladas. Es decir, la incoherencia en este caso se parece más a un insulto a todos esos pequeños propietarios.

Lo lamentable de todo ello no es esa incoherencia del socialismo. Lo lamentable es que la izquierda está despreciando a todos aquellos que quieren mejorar su estatus, que quieren prosperar, que quieren forjar un buen presente para tener un desahogado futuro. Todo ello que describo tiene una fácil comprobación.

Las clases medias están reduciéndose, dejando el testigo a la pobreza. Los países comunistas apenas tienen clases medias y de ahí son estados donde los ciudadanos no tienen apenas visión de un futuro porque su futuro no depende de ellos. Dependen de un estado opresor que no deja que su población tenga vida propia. Que dependa de sus gobernantes y, por tanto, condenados a la pobreza.

Son países donde el estado explota a sus ciudadanos y donde la libertad y el estado de derecho brillan por su ausencia. El gobierno de este país, que es una izquierda perversa clara heredera de Lenin, Troski y buena alumna de Marx nos está llevando por el camino de esos países comunistas donde la pobreza social es el denominador común.