Cada vez que se produce una agresión de tipo sexual y, sobre todo, cuando se lleva a cabo con una violencia inusitada, los medios de comunicación se vuelcan y lo reflejan en primera plana. Algo que es de agradecer porque contribuye a la pedagogía de las buenas conductas y sobre todo para que se visualice el respeto a los demás. Además, es una manera para que los delitos no pasen desapercibidos y, como el señalado, con un mayor motivo. Pero parece que no se toma con el mismo interés cuando se trata de otro tipo de delitos que también se cometen a través de la violencia. Me refiero a los referidos a las agresiones cometidas contra los profesionales de la sanidad. En silencio se están incrementando los delitos hacia el personal sanitario. El pasado ejercicio han aumentado un 16%, con respecto a 2024. Se contabilizaron hasta un total de 17.000 agresiones, de diversas características. Son los propios pacientes los que, en mayor porcentaje, agreden. Lo hacen en un 70%, mientras el resto, un 30% los realizan los familiares o acompañantes del enfermo.
Un hecho que es difícil de gestionar, ya que el problema es muy complejo. Tiene numerosas variables porque cada agresión tiene su particularidad y los factores que la asisten no siguen un mismo patrón y, por tanto, es muy complicado aplicar soluciones bajo un mismo criterio. Las agresiones se producen en todo el territorio nacional por diferentes casuísticas. Debemos señalar que la zona rural es la que en menor medida se producen. Es en las ciudades donde en mayor medida se dan porcentualmente. La vida en el medio rural influye de manera extraordinaria a ese mejor comportamiento. El estrés y la ansiedad que en ocasiones los pacientes y sus acompañantes llevan a las consultas, junto con la saturación de los centros de salud y salas de urgencias, son factores que influyen de manera importante en las agresiones. Sin olvidar la calidad del entorno donde se vive. Las grandes urbes suelen ser un factor negativo, que influye en el comportamiento de las personas y, si se trata de la salud, aumenta su influencia. La vida en el medio rural contribuye a limar aristas, asperezas en las diversas personalidades.
En resumen, suaviza los comportamientos. La vida más relajada en los pueblos y aldeas influye en la manera de actuar, de tratar con otras personas y, por tanto, las reacciones son diferentes ante unas mismas circunstancias o semejantes episodios. La interacción entre el hombre y el entorno del campo hace que el espíritu se purifique y se suavicen los comportamientos. Pero existe una realidad. Las agresiones son un gran problema a añadir a los trabajadores de la sanidad, tanto pública como privada. Las autoridades demuestran que no están desarrollando planes para evitar estas agresiones o por lo menos ir desacelerándolas. Año tras año van aumentando y a la vez van elevando su violencia. Ya no solo se limitan a insultos y descalificaciones hacia el personal de la sanidad. De un tiempo a esta parte, las agresiones no son solo de tipo verbal, ya no se limitan a los insultos. Han subido un peldaño que traducido, significa agresiones físicas que, además van en aumento.
De ser hace unos años algo puntual o testimonial se está trasformando en algo habitual. Se están generalizando. Los profesionales de la salud están muy molestos y, sobre todo, preocupados. No perciben que las autoridades se muestren sensibles hacia lo que les está ocurriendo. No perciben la suficiente voluntad para atajar la violencia que les está acosando. Porque consideran que la falta de protección repercute en el libre desarrollo de su labor y no positivamente. Algo que perjudica a toda la sociedad. No deberían sentirse presionados por al temor a ser agredidos ya que se pueden ver influenciados en su diagnóstico o el servicio que se presta. Algo que puede tener consecuencias no deseadas. Entre los datos sobre agresiones hay uno que debería llevar a una seria reflexión por parte de las administraciones públicas. Un 17% de las agresiones las protagonizan personas que lo han llevado a cabo en más de una ocasión. Son reincidentes. Lo cual se traduce en que las autoridades tienen una ‘vía de agua’ muy preocupante.
La reincidencia es un fracaso del legislador. Significa que no se han elaborado los protocolos más adecuados y más convenientes para evitar esa reincidencia. Los controles han fallado y por tanto las consecuencias pueden ser, en determinados y extremos casos, irremediables para la persona agredida.
El servicio sanitario no solo es dar respuesta a las dolencias de los pacientes. También es proteger a los profesionales. La evolución de la sociedad en ciertos aspectos no se evidencia. Lo que significa que se debe corregir para evitar episodios como los que estamos describiendo. No solo las instituciones han de involucrarse para reconducir ciertos comportamientos insociables. También desde el mundo de la enseñanza han de colaborar de manera intensa. Porque las agresiones actuales son fruto de la relajación de la educación. Lo que ocurre ahora es el resultado de una formación que deja mucho que desear.
Por tanto, la formación en colegios y escuelas es un instrumento de prevención además de ser instrumento vertebrador. Es el mundo de la enseñanza el que es un pilar fundamental para corregir actitudes rechazables y que por tanto no encajan en la sociedad civilizada. Sin olvidarnos que los hogares es el lugar más adecuado y principal donde “los rubíes”, mejor se diseñan. Son las familias las que deben fomentar la buena convivencia y ser los progenitores modelos de educación y buen comportamiento. Si todos los implicados se colocan en un mismo plano, para caminar en la misma dirección, los problemas de las agresiones a los facultativos se verán muy reducidas. Mirar hacia otro lado, como parece que hasta ahora se está haciendo, ya vemos los resultados. Continuar con la misma actitud, continuar estáticos, solo aumentará el problema.


