A las puertas de los resultados en Aaragón hay que recodar la comida de Alegría y Salazar. No se entiende que se invite a compartir mesa y mantel a una persona que a priori no se la estima. No se entiende que se comparta mesa y mantel con una persona a la que se le va a afear su conducta y su comportamiento. No se entiende que se comparta mesa y mantel con un individuo que, presuntamente ha sido acusado, por sus compañeras, de comportamientos obscenos. Si además la persona que le va a ‘tirar de las orejas’, debido a un presunto delito de índole sexual, es una mujer, no se entiende la elección de comer con él. Es muy curioso realizar este tipo de invitaciones, sobre todo, si quien lo hace es una persona con proyección pública, muy notable. Además, tratándose de un asunto muy sensible en el seno de la sociedad como es todo lo relacionado con los delitos contra la mujer. En resumen, esto levanta muchas ampollas en la ciudadanía y Alegría lo pagará hoy en las urnas.
Una candidata que ha demostrado no ser muy prudente, incluso incompetente, al citarse con un señor que lastra su candidatura, por lo que hemos descrito, y mancha al socialismo. Alegría no parece ser consciente de lo que significó esa cita no solo para su partido y su candidatura, sino también para su carrera política. ‘Compadrear’ con una persona como Salazar, presunto acosador, es algo que pocos ciudadanos lo suelen disculpar y menos, a priori, las feministas con la bandera de la izquierda. El también socialista Salazar se encuentra en el centro de una gran polémica debido a los escándalos sobre de índole sexual, del que es el máximo responsable. Ha sido señalado por sus compañeras, trabajadoras, como él, en el Palacio de la Moncloa, como un individuo cuya caballerosidad, educación y respeto brilla por su ausencia. En lenguaje coloquial es “un baboso”.
La señora Alegría, sabedora de que el señor Salazar estaba señalado como presunto acosador, no le impidió citarse con él para comer y señaló que esa comida sirvió para afearle la conducta hacia las mujeres. Ese reproche fue desmentido por el propio Salazar en una comisión en el Senado, a la que tuvo que asistir. Una comisión en la que los convocados no pueden decir mentiras con la correspondiente condena si lo hacen. Pero lo más llamativo es que la señora Alegría no ha reaccionado ante este desmentido. Se supone que este desmentido de Salazar es de una gran gravedad. Un desmentido que no cabe nada más que una traducción. Pilar Alegría mintió. No se sabe para qué sirvió la comida. Pero lo que está claro que Pilar Alegría nos ha contado algo bastante distinto a lo que ha dicho su invitado.
La candidata a presidir la comunidad de Aragón no parece que haya obrado de manera correcta. Alegría no ha entendido y menos calculado que no decir la verdad es un efecto nocivo para cualquier político, más allá de que ocurra habitualmente. Engañar a la ciudadanía tiene un coste caro para los políticos y en algunos casos equivale a perder credibilidad y sobre todo confianza. Como decía el socialista y ya desaparecido Rubalcaba, “nos merecemos un gobierno que no nos mienta”. En este caso Alegría, mientras aspira a presidir la Comunidad de Aragón, nos ha mentido y esto tiene que tener una respuesta en las urnas.


