Tengo cada vez más dudas de estar viviendo en un país democrático, en un país donde las leyes sean respetadas por quienes nos gobiernan. Creo que a nadie puede sorprender lo que subrayo. Es público y notorio que en estos últimos años la violación de las leyes y la utilización de las instituciones para intereses espurios, sectarios, oscuros y obscenos se ha hecho habitual por parte de quienes deberían darnos ejemplo de respetarlas. En estos últimos siete años, coincidentes con la presidencia del gobierno de la izquierda, están conviniéndose en una crisis democrática. Incluso el TC ha traspasado límites peligrosos, con su presidente, Conde Pumpido, extralimitándose en sus funciones. Esta trabajando para reformar la Constitución, por la puerta de atrás. Busca vaciarla de democracia.
Pero nunca se me pasó por la mente que el gobierno de la nación se arrodillara frente a una reivindicación esencial para los nacionalistas. Nunca pensé que el gobierno de todos los españoles fuera a realizar la cesión de las competencias en materia penitenciaria. Una competencia muy sensible y que tal vez, con las competencias de educación, son dos grandes errores de nuestra democracia. La cesión de las competencias en materia penitenciarias es dejar que las autoridades vascas, el Gobierno Vasco, se hagan cargo de los delincuentes que se encuentran en cárceles de la citada comunidad. Temíamos que la cesión se iba a convertir en un coladero para que los etarras fueran puestos en libertad y desafortunadamente se confirma ese temor.
El nacionalismo vasco venía buscando esta cesión desde hacía décadas y no lo había logrado. Ninguno de los gobiernos de la nación había cedido una competencia tan sumamente sensible sobre todo en relación a los presos de ETA. Ni Felipe González, ni Aznar y tampoco Zapatero, pese a las grandes presiones de los nacionalistas con atentados terroristas incluidos, habían cedido a las pretensiones del nacionalismo. Eran muy conscientes de los que podría suponer. Eran conscientes que esa cesión sería la puerta de salida de las cárceles de los asesinos etarras y es lo que ha sucedido. Pero el actual gobierno se encuentra en una situación de debilidad y necesita seguir gobernando, por lo que está dispuesto a lo que sea para continuar. A los nacionalistas catalanes golpistas, burlando la ley, se les amnistió y ahora tocaba el nacionalismo en el que va incluido el nacionalismo ‘pistolero’.
Así, está llevando a cabo cesiones polémicas que nunca deberían caer en manos de los que buscan romper España como son todos los nacionalistas vascos. Con un añadido; el estado que quieren construir lo conocemos. Un estado semejante al que existe en Cuba o existía en Venezuela. Esta cesión de competencias en materia penitenciaria les va a proporcionar una amplia autonomía para llevar a cabo sus objetivos. Les sale muy rentable a cambio de cinco votos en el Congreso de los Diputados para que Sánchez continúe al frente del ejecutivo. Esta cesión ha facilitado que puedan rentabilizar ante sus seguidores y cumplir las promesas a los asesinos de ETA. Un hecho que no le ha importado a la izquierda a pesar de que suponga una humillación a las víctimas del terrorismo. Están administrando la cesión de las competencias carcelarias en favor de presos terroristas.
Están administrando las condenas de los terroristas de ETA, dejando a un lado la legalidad. Porque para los nacionalistas vascos la prioridad es su gente. Los terroristas, los que bajaron al ruedo para poner en marcha la máquina del separatismo que, de no haber sido por el terrorismo, apenas se conocerían sus aspiraciones totalitarias y dictatoriales. Esa legalidad que existe, en un estado democrático como el español, es excluida para que los miembros de ETA condenados no cumplan las penas a las que se les había condenado acordes a sus delitos. Cualquier demócrata considera que, como no podía ser de otra manera, la ley está para cumplirla y no para retorcerla como hacen los nacionalistas. En un estado democrático, donde los poderes del estado están claramente separados, es decir, independientes, por tanto, la puesta en libertad de los delincuentes correría a cargo de la justicia, de los juzgados. Pero esta gestión en el País Vasco en relación a los presos de ETA es algo que no se cumple.
Y es que parece que las influencias del gobierno de este país, lejos de ser independiente de las decisiones del poder judicial, han roto esa independencia. El gobierno de este país está llevando a cabo, a través de las cesiones penitenciarias, la puesta en libertad de miserables asesinos, cobardes y ruines miembros de ETA, sin pagar la factura a los familiares de sus víctimas ni a la sociedad. Es lamentable que personajes como el jefe de ETA, el despreciable y miserable terrorista, Mikel Garikoitz Aspiazu, alias TXEROKI, sin haber cumplido su condena, se encuentra fuera de la cárcel. Un hecho facilitado por los también miserables políticos, como la consejera de justicia, la socialista del Gobierno Vasco, María Jesús Carmen San José. Ha sido la que en última instancia ha firmado y, con ello facilitado, la apertura del último candado que lo tenía en encerrado en prisión. La señora San José se ha incorporado al equipo indecente de la suelta terrorista. Con un añadido repugnante. Las autoridades nacionalistas-socialistas son conscientes de que el terrorista TXEROKI puede cruzarse con las víctimas de ETA, sus víctimas.
Sociedad enferma
Pero todo ello siendo muy grave, parece importar solo a un reducido número de ciudadanos y desafortunadamente se las trata de silenciar con un argumento mentiroso: ETA no existe. La sociedad, sobre todo la vasca, creo que se encuentra adormecida o tal vez y, creo que es lo más probable, está enferma. Estas tierras vascas han sido testigos de manifestaciones antisemitas a pesar de que los terroristas de HAMAS machacaban y asesinaban a ciudadanos israelíes. Hemos visto las calles de esta comunidad llenas de pancartas con: “NO A LA GUERRA”, incluso con carteles vergonzantes y casi criminales como el de “NOSOTRAS PARIMOS, NOSOTRAS DECIDIMOS” como si la mujer tuviera el derecho a matar al nonato. Ahora se ha puesto en libertad sin cumplir los requisitos para ello a los terroristas de ETA y las calles están vacías.
Estos últimos años, se han manifestado en contra de cuestiones que poco o nada tienen que ver con la comunidad vasca y en esta ocasión la respuesta es el silencio. Da la impresión que a la sociedad vasca la banda ETA no le molesta en exceso. Que los asesinos de 22 niños y 850 personas más son sus héroes. Que deben salir a la calle sin pagar a la sociedad los delitos cometidos porque para esta sociedad enferma no han cometido delito alguno. Era la lucha por la liberación del pueblo vasco. Es realmente muy preocupante que esto suceda en una sociedad que hasta hace muy poco apostaba por la libertad y la justicia, pero ya dudo que sea consciente de ello.


