El expresidente ha testificado ante la comisión que lleva el caso defendiendo su inocencia pero nadie olvida que también mintió bajo juramento en el caso Lewinsky
Bill Clinton ya ha testificado en el caso de los documentos de Epstein que han salido a la luz en los que es una de las personas que más aparecen repetidamente en las fotos publicadas, incluso tomándose un relajado baño en una de las piscinas cubiertas de una de las residencias del pedófilo reconocido. Se podría decir que Bill está entre la espada y la pared y esta situación de escarnio público le es familiar. Esta semana ha tenido que comparecer ante el Comité de investigación del caso, presentando una declaración jurada acerca de su participación en los hechos que se le incriminan y de la información que conoce. Todo, las pruebas, algunos testimonios y su pasado, en el que se comprobó que mintió bajo juramento, van en su contra.
Si hay alguien que estuvo cerca de Epstein fue él y Bill Gates y las instantáneas en las que aparece no son precisamente en cenas o actos públicos, sino algunas en la residencia privada del susodicho. Incluso, es perturbador que en las fotos aparezca un cuadro en el que aparece Bill Clinton con un vestido azul. A Clinton se le acaban las opciones de mostrarse inocente. El expresidente ha publicado en sus redes sociales en los que defiende su inocencia, asegura que está colaborando voluntariamente y protesta diciendo que «esto no es una investigación, sino pura política». «No me quedaré de brazos cruzados mientras me utilizan», además de que argumenta que él mismo ha pedido que se liberen «completamente todos los archivos de Epstein».

Realmente, pocos accederían a poner la mano en el fuego por un individuo que desde hace unos años ha estado en el disparadero de todos los rumores por su cercana relación con Epstein y sus dudosos gustos sobre los que ya había sospechas. No solo él, sino que su mujer, Hillary Clinton, arrastra una pésima fama y también es fruto de numerosas teorías de la conspiración. Pero esto es la pura realidad y deberá dar una minuciosa explicación de su conocida amistad con el ‘agente del Mossad’ y sus fotos pasando tiempo de ocio junto a él. Además, el pasado también pesa sobre él.
Allá por el año 1998, salió a la luz un rumor de que el entonces presidente mantenía una relación con una becaria de la Casa Blanca llamada Monica Lewinsky, al margen de su matrimonio. El problema era que solo cuatro años antes, una joven conocida como Paula Jones demandó al presidente de Estados Unidos y exgobernador de Arkansas porque, según aseguró, la citó en la habitación de un hotel, intentó seducirla, se bajó los pantalones y la intimidó para tener sexo con él. En su alegato en el famoso juicio popular por aquel entonces, Clinton aseguró que «nunca he tenido sexo con Lewinsky», de 22 años, como se puede ver en el siguiente fragmento:

Pero su mentira se derrumbó. Linda Tripp, confidente de Lewinsky, grabó conversaciones telefónicas donde ella confesaba el romance. A eso se añadió que finalmente las pruebas de ADN terminaron por acorralar a Clinton, que acabó confesando que había tenido una relación de dos años con la joven, cómo no, de origen judío, como gran parte de las amistades del exmandatario. Clinton sufrió un juicio político por perjurio y obstrucción a la justicia tras mentir bajo juramento. Y después fue absuelto. Una impunidad que puede explicar la tranquilidad con la que personajes como él se dejaban fotografiar con personas señaladas por los constantes rumores acerca de sus prácticas. Clinton mintió bajo juramento, ahora su palabra en este caso vale poco.
Clinton deberá explicar a la justicia americana el por qué de muchas de estas imágenes que han trascendido de los famosos documentos:







