La conquista del Estado. Por Ignacio Tusurya de Huegun

Cuando hay que enfrentarse al mal absoluto institucionalizado en la forma de un Estado tiránico como el que tenemos desde hace cincuenta años, porque la tiranía no se define por el método de elección del poder sino por su ejercicio, es necesario utilizar los medios que al enemigo tiránico le han ido tan bien para la conquista del Estado. Ésta es una lección magistral de Benito Mussolini, quien no dudó en aplicar los métodos comunistas contra los comunistas y liberales con el fin de hacerse con el poder. Porque cuando los buenos pretenden tomar el poder, cualquier medio contra los malos es legítimo, moral y conveniente, siempre y cuando después se ejerza el poder conforme a la ley natural y divina, el bien común material y sobrenatural de la gente, la justicia social y la recta razón, sin importar cuántos malos hayan quedado tirados en la cuneta o fuera del país. Pensar otra cosa es chuparse el dedo y ser un panoli.

Desde un punto de vista de la ortodoxia católica, y diga lo que diga la Conferencia Episcopal de herejes okupas de la casa de Dios, el pueblo no es el sujeto originario del poder, a pesar de que los escolásticos antiguos, con la excepción de Francisco de Vitoria, quien ya intuyó el problema, y en especial Roberto Bellarmino y Francisco Suárez, afirmaran erróneamente lo contrario con su teoría de la traslación del poder de Dios al pueblo, sentando las bases de la ficción revolucionaria llamada soberanía popular y de la consiguiente aberración democrática. Fueron, por el contrario, Theodor Meyer y el Cardenal Louis Billot quienes dejaron clara la cuestión, argumentando básicamente que la multitud, ente de razón y no real, no es una materia adecuadamente dispuesta a la recepción de la forma que es la potestad jurídico-política, pues no puede ejercerla, de modo que no habría pacto social rousseauniano por el que esta multitud pudiera haber puesto en manos de alguien concreto dicha autoridad.

Primero, habría un sujeto concreto con inteligencia y voluntad que ejercería ese poder, y después habría una colaboración, obediencia o asenso de una mayoría de la gente hacia él, en orden al bien común. El pueblo es condición colaborativa, no causa originaria del ejercicio del poder, que en todo caso viene de Dios y se sujeta a su ley, natural y divina, en beneficio de todos. No es por ello posible votar hoy una ley y mañana su contraria por razón de supuestas voluntades populares que en realidad no existen. La ley no es legítima por razón de su sujeto (el inexistente pueblo) sino por su contenido objetivo conforme al bien común y a las leyes de Dios y de la naturaleza de su creación. Del mismo modo que el pueblo no es un ente real, tampoco lo son los los partidos (realmente la democracia es partitocracia, una especie de empresariado político), que deben por ello ser prohibidos y quedar fuera del juego político, máxime porque el sistema democrático basado en la decisión electoral de una masa amorfa sin inteligencia ni voluntad en manos de plutócratas ricachones, queda sometida a los manejos de la finanza de éstos que compra voluntades, reclama favores, sufraga campañas electorales, genera corrupción sistémica, impide políticas de largo plazo con la alternancia de partidos y manipula y envilece al vulgo para llevarlo hacia sus intereses egoistas de control mental y beneficio económico particular, que conllevan necesariamente la idiotización mental y ruina económica y moral de la gente.

La conquista del Estado exige, ante todo, ciudadanos con recta inteligencia a los que se les caigan los velos mentales que les ocultan o distorsionan la realidad de las cosas en todos los campos, desde la Historia hasta la Ciencia, la Economía o la Política. Ciudadanos que se quiten de encima los parasitimos mentales que aún los unen a una Iglesia Católica que no es tal, sino mafia de usurpadores, herejes y demoledores de todo lo sagrado; y a una España que no es tal, sino nacionalismo casposo de pulserita rojigualda, Constitución, Democracia, Borbón, y políticos y policías corruptos al servicio de la Tiranía y del Capital. Ciudadanos que sepan que España está en los genes, en la verdadera fe católica y en las sanas costumbres y moral tradicionales de nuestros mayores. Estos ciudadanos deben organizarse jerárquicamente y constituir una élite de resistencia para enseñar, alentar y exacerbar al resto de sus corraciales a través de movilizaciones públicas en la calle y redes sociales y medios digitales que ejerzan el terrorismo cultural, desde el terraplanismo hasta la negación de todos y cada uno de los dogmas de la Tiranía democrática.

La gente trabaja, llega cansada a casa y no tiene tiempo ni dinero para esta labor. Otros no trabajan, y pasan el día atontados con el móvil, las drogas, el porno, el juego y otros lenitivos que la Tiranía plutocrática se encarga de fomentar y difundir adecuadamente entre el vulgo. La conquista del Estado no se hace a través de militantes idealistas bien formados y de recta conducta que trabajan por la causa gratis et amore y que miran hacia sus egregios antecesores de la vieja guardia en el pasado. Los comunistas y revolucionarios no obran así. Sí que tiene que haber un élite jerarquizada para dirigir la acción de movilización, resistencia y conquista, pero las secciones de asalto siempre fueron chusma tatuada barriobajera a sueldo, no idealistas. Por eso tiene que haber militantes liberados funcionando como una empresa, lo que exige financiación del Capital y colaboración con elementos empresariales y policiales sanos de la Tiranía.

No para ponerse a su servicio y ser su carne de cañón, sino para utilizarlos como se usa un clínexLa Bestia tiene fuerzas y cuernos para su seguridad, y realmente éstos son los elementos a batir, porque, eliminados de la ecuación, todo lo demás se viene abajo, nadie habrá para hacer cumplir leyes, sentencias o resoluciones de embargo de bienes. Por eso es necesario comprar voluntades, y, por tanto, contar con ayudas espurias. Muy pronto habrá acontecimientos trascendentales y terribles en España y en el mundo, que vienen de Dios y de Satanás, porque estamos en la batalla final entre el bien y el mal. Si hasta ahora Dios no se ha molestado en ayudar a los buenos en su lucha contra la Bestia, antes bien parece haberlos dejado en la estacada de propósito en los últimos cien años, de modo que al día de hoy ningún grupo de resistencia, ni político ni religioso, ha podido ser levadura para levantar la masa contra la Tiranía, muchas profecías de santos, y muchos hechos presentes aparentemente insignificantes, como numerosas conversiones de jóvenes a la fe, apuntan a que en estos tiempos finales la cruz volverá para alzarse y resistir a la Bestia y conquistar su reino. Estemos preparados, Dios está con nosotros.