Satanismo en la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno

Milán‑Cortina 2026 quedó oficialmente inaugurada este viernes con una ceremonia de apertura que marcó el inicio de los Juegos Olímpicos de Invierno, celebrada en el estadio San Siro de Milán y retransmitida internacionalmente con la participación de delegaciones de más de 90 países. Una ceremonia que, como suele ser habitual en muchos de los actos oficiales de eventos importantes, contó con tintes satánicos, al simular una bola de fuego con forma de pentagrama invertido, un símbolo generalmente asociado al satanismo, cada vez más normalizado en la sociedad a través del supuesto arte, arte degenerado habitualmente.

El presidente de la República Italiana, Sergio Mattarella, declaró inaugurada la vigésimo quinta edición de los Juegos, que tendrán lugar hasta el 22 de febrero y se caracterizan por su organización distribuida entre varias localidades, incluyendo Milán, Cortina d’Ampezzo, Livigno y Predazzo. Bajo el lema de “Armonía”, la ceremonia combinó elementos culturales, artísticos y deportivos, aunque con el pentagrama bien presente dentro del espectáculo visual, adherido con elementos de fuego, además de fuegos artificiales.

El pentagrama satánico, o pentáculo invertido, es una estrella de cinco puntas con dos puntas hacia arriba y una hacia abajo, comúnmente enmarcada por un círculo. Simboliza la inversión de los valores tradicionales, de la supremacía de la naturaleza o lo material sobre el espíritu, y forma la cabeza del macho cabrío, que representa a Baphomet. Lo normal, vamos, para inaugurar uno Juegos Olímpicos de Invierno. Por otro lado, uno de los momentos más importantes fue la aparición de Mariah Carey, que interpretó canciones emblemáticas tanto en italiano como en inglés, junto a artistas italianos de renombre como Andrea Bocelli y Laura Pausini, aportando un guiño musical global al espectáculo.

Pitada a Israel

Otro de los momentos que más trascendieron de la jornada transalpina fue cuando la delegación de Israel salió al estadio de San Siro, con las habituales banderas de sus propios países que todos los equipos portaron. Incluso, se mostraron un tanto confusos con la situación. Sin embargo, prácticamente el estadio al unísono les dedicó un sonoro abucheo, algo habitual últimamente en eventos deportivos, que son muy representativos del ámbito político, más controlado.