La formación aparta a Ortega Smith, una marcha que se une a pesos pesados del inicio del partido como Espinosa de los Monteros, Rocío Monasterio o Macarena Olona, lo que plantea interrogantes sobre el futuro de VOX
El partido político Vox vive un momento de cambio o, al menos eso se desprende tras las constantes abandonos de cargos. Continúa, eso sí, el liderazgo de Santiago Abascal, que empezó este proyecto prácticamente en solitario hasta erigirlo en la tercera formación política del país. Pero el alavés cuenta ya con pocos guardias pretorianos con los que inició esta andadura, mientras que otros rostros relevantes han ido abandonando la escena paulatinamente. El último caso, el de Ortega Smith. Entre los que han salido destacan Iván Espinosa de los Monteros, que ejercía como portavoz parlamentario y secretario general de Vox, y que dejó su escaño en agosto de 2023 alegando “motivos personales”. Ahora ha fundado Atenea, «un proyecto de ideas nuevas«, según dice. También formó parte de ese éxodo Macarena Olona, quien fue número dos de la formación en el Congreso, y que se presentó a las autonómicas en Andalucía y luego abandonó el partido acusando una deriva de negocio del patriotismo, aunque sus explicaciones nunca convencieron e hizo guiños a la izquierda, antes de dejarse ver en tertulias.
Igualmente, Rocío Monasterio, esposa de Espinosa de los Monteros, que fue la cara de Vox en Madrid y una de sus dirigentes más visibles, ha sido apartada de la presidencia del partido en la capital mientras la dirección nacional consolida una nueva guardia. Y, finalmente, Javier Ortega Smith se ha visto relegado progresivamente hasta apartarlo de la portavocía adjunta del Congreso nombrando en su lugar a Carlos Hernández Quero. Fuentes apuntan que ya “no formaba parte de la cúpula” como antaño y que está en una especie de ostracismo interno.

El resultado es que Vox, en lugar de mantener su núcleo original amplio, se ha ido quedando con una dirección mucho más reducida: Abascal al frente, algún aliado cercano, pero sin los nombres que le acompañaban al inicio. Según algunos analistas, esto responde a una «limpieza» de los fundadores y de voces críticas internas, y a un cambio hacia un perfil más estrictamente controlado por la dirección nacional. Eso sí, no es un buen indicativo cuando inicias un proyecto que tiempo después todos los que estuvieron colocando esa primera piedra ya no estén. Hay que recordar que algunos de sus fundadores, dimitieron. Fue el caso de Alejo Vidal‑Quadras, que fue uno de los impulsores iniciales de Vox, pero abandonó el proyecto en 2015. O Cristina Seguí, que estuvo en los inicios pero se marchó. También ocurrió con el provacunas José Luis Steegmann, de ese ala liberal que terminó por reducirse.
Esta dinámica tiene múltiples consecuencias: por un lado, la sensación de pérdida de pluralidad interna —las líneas ideológicas más ‘liberales’ o centristas dentro del partido han desaparecido con figuras como Espinosa de los Monteros o Monasterio—. Por otro lado, el partido parece cerrar filas, modificar sus estatutos y centralizar decisiones, limitando la democracia interna que algunos reclamaban sin demasiada explicación. En términos de imagen, el hecho de que tantos nombres abandonen, se distancien o sean apartados genera preguntas sobre la estabilidad orgánica del partido y sobre si es un ‘nuevo Vox’ o seguirá siendo el mismo que atrajo a esos primeros dirigentes o votantes. Además, las salidas visibles de Macarena Olona o Espinosa de los Monteros han servido para que se pongan sobre la mesa discrepancias no solo ideológicas, sino también estratégicas y de liderazgo.
Dudas
Finalmente, el hecho de que los que quedan sean pocos y muy marcados por la dirección de Abascal plantea un escenario de partido, se entiende, con menos debate interno, y posiblemente más vulnerabilidad cara al futuro. Si los fundadores se han ido, ¿qué margen de maniobra queda para quienes quisieran plantear cambios? En definitiva, Vox está en una pequeña encrucijada: ha sobrevivido al éxodo de sus principales figuras y mantiene su relevancia electoral, incluso las encuestas le aúpan, pero se enfrenta al reto de regenerarse o de seguir con una guardia más cerrada. La pregunta que queda en el aire es si lo que queda de ese Vox fundacional será suficiente para afrontar los retos que se avecinan sin esa pluralidad que en su día pudo abrazar más.


