Todos a la cárcel. Por Fernando Cuesta

El título con el que he bautizado a este artículo es el título de una película con la misma frase, estrenada en el año 1993, dirigida por Berlanga y protagonizada por Sazatornil y José Luís López Vázquez. Pero no me voy a referir a la película que, a pesar de los años trascurridos, tiene una gran cuota de pantalla, cada vez que se proyecta. El ‘todos a la cárcel’ es uno de los deseos más extendidos en la sociedad de este país. Sobre todo, desde que el socialista Sánchez llegara al gobierno. Con una intensidad desconocida, se está incrementando ese deseo de una buena parte de la sociedad, hacia los políticos, de que sean juzgados y enviados a muchos de ellos al ‘trullo’. Ese deseo se ha colocado en la sociedad hasta el punto que se ha popularizado esa pretensión que, observando la actualidad social y política, se ha trasformado en ansia, para que muchos políticos puedan mirar a través de los barrotes.

Sánchez y su gobierno han generado tanto rechazo hacia la clase política que no hay conversación en la que los ciudadanos no pronuncien el título de la película señalada de Berlanga. Pero recientemente ese deseo ha dejado de ser un mantra para tomar otro cariz, otra perspectiva. El deseo sea convertido en una exigencia, en relación al accidente ferroviario ocurrido en la localidad de Adamuz. Población perteneciente a la provincia andaluza de Córdoba. Un accidente que costó la vida a 46 personas. No es atrevido señalar que un gran número de ciudadanos apuestan por llevar al ministro de transportes, el señor Puente, ante los tribunales para que sea condenado. Las investigaciones que se están llevando a cabo señalan contundentes fallos que pudieron desencadenar el grave accidente. Lo que no es de extrañar es que se señale al máximo responsable como el culpable del accidente. Reclaman que responda ante los numerosos fallos y errores que costaron la vida a 46 pasajeros de los trenes.

Pero lejos de asumir responsabilidades, el señor Puente sortea su responsabilidad con argumentos que avergonzarían hasta quien no conozca nada del citado accidente. Sus argumentos exculpatorios se basan en repartir responsabilidades sobre el accidente señalando como culpables hasta los servicios de asistencia sanitaria. Pese a ser felicitados a las pocas horas del accidente, por el señor Puente.
Ahora ha cambiado de opinión acusándoles de negligencia. Un hecho que define al personaje. Cambiar de opinión después de tres meses de haber ocurrido el accidente y en vísperas de las elecciones en la comunidad andaluza podríamos calificarla de auto culpatoria, negligente y con un añadido que nos relata qué clase de persona es el ministro.

Este cambio brutal de opinión no solo se debe a una bastarda estrategia electoral dada la cercanía de los comicios en la Comunidad de Andalucía. Puente, con ese cambio de criterio sobre la actuación de los servicios de asistencia de la comunidad andaluza, insulta y denigra la labor de todos y cada uno de los sanitarios que atendieron a las víctimas y pasajeros del accidente. Es bastante grave que después de la muerte de 46 personas debido a causas que pudieron evitarse si se hubiera realizado el correspondiente mantenimiento, se las utilice como herramienta electoral. Unas víctimas que solo esperan allí donde se encuentren que se haga justicia.

Varios familiares de esas víctimas ya lo han exigido. Pero también han subrayado que el que critiquen al ministro Puente por su deplorable gestión en la red ferroviaria, no significa posicionarse políticamente contra el PSOE. Solo reclaman algo muy sencillo. Que se les diga la verdad de lo ocurrido y que quienes no han actuado correctamente se responsabilicen de ello. Lo lamentable de todo ello es que de nuevo son las víctimas las que nunca más podrán abrazar a sus seres queridos. Son los familiares de las víctimas los que llorarán a sus padres, hijos y en definitiva a sus seres más cercanos sin el consuelo de unos políticos que no han estado a la altura de las circunstancias por enésima vez. Unos políticos que gobiernan este país que no han querido acercarse a las familias de las víctimas para darles un abrazo de consuelo. No han querido ser valientes y dar la cara ante el dolor y la muerte.