El Falcon bien, si viaja Ayuso a México, mal. Por Fernando Cuesta

De un tiempo a esta parte se está cuestionando algunos viajes que realizan responsables políticos, sobre todo si se hacen fuera de nuestro país. Y, sobre todo, si esos viajes lo realizan mandatarios del PP, con un añadido muy grave: El gobierno de España, en concreto los ministerios de exteriores e interior, no realizan su labor, que es diseñar un plan para la seguridad de los responsables políticos que viajan al extranjero como ha sucedido en el episodio que relataremos a continuación. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso del PP había programado un viaje de trabajo fuera de España. La mandataria se ha trasladado a Méjico, un hecho que no suele ser habitual entre políticos que se trasladan fuera de nuestras fronteras con cargo al erario público.

Un claro ejemplo es el gran número de viajes que el avión que suele utilizar el presidente del gobierno para viajar y apenas da cuenta de ello, sobre todo cuando se trata de viajes al extranjero. Viajes que se han averiguando que son frecuentes. Además, no se suele informar de los pasajeros que utilizan el Falcon. Se oculta su identidad en una clara falta de trasparencia institucional. Algo que lleva implícito indicio de irregularidades. Podríamos decir que se suelen realizar vuelos ‘fantasmas’, ya que al no conocerse las identidades de quien viajan, para los contribuyentes ‘espíritus’ a los que pagamos el billete.
No ha tenido que simular encuentros oficiales como suele hacer el presidente del gobierno y la ministra de trabajo, Yolanda Díaz.

Sin olvidar que, en la pandemia, mientras estábamos encerrados, ministros como Carmen Calvo se movían más de la cuenta, como a su pueblo Cabra para tomarse vacaciones mientras el resto de ciudadanos estábamos encerrados ilegalmente en nuestros domicilios. Además, se nos prohibía ir a despedir a nuestros familiares cuando caían como moscas por el COVID 19 a su entierro y funeral.
Ayuso comunicó desde hace algún tiempo que se trasladaría a Méjico con el objetivo de reforzar las exportaciones de su comunidad, además de tratar de ampliar la red de clientes. Para llevar a cabo estos viajes, de carácter internacional, suelen tener las fechas confirmadas con antelación ya que es muy complicado las visitas a diferentes países, para tomar las medidas de seguridad pertinentes y sobre todo en Méjico cuyo nivel de delincuencia y criminalidad es muy alto.

Méjico es el tercer país del mundo con las tasas más altas de criminalidad. Por tanto, es una visita que no se puede realizar de la noche a la mañana. Y ¿por qué subrayo este capítulo? Sencillamente porque se pone de manifiesto que las críticas a este viaje de Ayuso son extemporáneas. Y lo son ya que los que le produce malestar este viaje tampoco realizan su trabajo. No lo llevan a cabo porque este viaje y todos los oficiales son conocidos a través de los documentos oficiales de la comunidad autónoma. No cabe duda de que existen más viajes proyectados de la presidenta y no parece que hasta ahora nadie ha dicho nada.
En este capítulo de viajes de los políticos, el Tribunal Supremo es claro y, de alguna manera “tiró de las orejas” a los mandatarios políticos instándoles a que legislen de una manera clara, diferenciando los viajes oficiales de los privados.

Un ejemplo muy claro fue cuando el presidente del gobierno utilizó recursos públicos con el avión Falcon para asistir a la boda de un familiar o a un concierto de un grupo musical. Este ejemplo explícito motiva de manera notabilísima la urgencia de esa regulación sobre los viajes que realizan los mandatarios políticos. Además, los ciudadanos tenemos el derecho, porque somos los que pagamos la factura de esos viajes, a conocer qué personas son los que utilizan los recursos para realizar dichos viajes. Es decir, la lista de los pasajeros de los aviones de uso público. Estamos en un país democrático donde la trasparencia es uno de esos pilares del sistema democrático. Tenemos derecho a conocer en qué se emplean nuestros recursos. Unos recursos que son demasiado elevados si atendemos a las nóminas de los trabajadores. Un 40% de esos sueldos se restan como pago de impuestos. Por tanto, el derecho a saber quienes emplean recursos en viajes y quienes se benefician de ellos es total.


En el caso que nos ocupa del viaje de Ayuso a Méjico, no voy a dudar de los objetivos que la ha llevado a cruzar el charco, pero es muy recomendable conocer todo lo que se encuentra alrededor en cuestiones de gasto. Sin entrar a valorar la decepcionante actitud de algunas autoridades mejicanas como la presidenta Claudia Sheinbaum a la cabeza hacia Ayuso y quienes la acompañaban. Fue tan desagradable que una vez en España la presidenta madrileña declaró que temieron por su vida. Y que el gobierno de España no le ofreció seguridad como es su obligación. Ayuso respondió en una entrevista a Carlos Herrera en la cadena COPE que se tuvieron que “buscar la vida” para protegerse. Pero lo más grave es que el presidente del gobierno no ha realizado ninguna protesta llamando a consultas al embajador de Méjico en España, como haría un mandatario que protege a sus ciudadanos, y máxime siendo la representante de todos los madrileños. Muy al contrario, culpó a la presidenta de la Comunidad de Madrid de la actitud de la presidenta de Méjico hacia ella. Esta actitud del presidente del gobierno de colocarse al lado de la presidenta de Méjico tiene dos definiciones a elegir: Deslealtad institucional y una traición.

El viaje de Illa

En estos días también viaja el presidente de la Generalidad de Cataluña, el socialista Salvador Illa, a EEUU, en concreto a California. A diferencia de Ayuso, no ha habido ninguna polémica por este viaje además los ministerios correspondientes han dado la cobertura poniéndose a disposición de la Generalidad. Un hecho que subraya la negligencia de los ministerios de Interior y Exteriores, al no haber prestado cobertura al viaje de Ayuso a Méjico, con riesgo de su integridad física. Por tanto, es urgente que episodios, como los descritos en relación a Isabel Díaz Ayuso se corrijan inmediatamente. Un país en el que las diferencias políticas se colocan en la escena internacional, como lo hace el presidente del gobierno, coloca a España en un lugar incómodo. Demuestra una obsesión enfermiza por tratar de ‘acaba’” con Ayuso como representante del PP.