El último tramo del primera mitad albergó los tres tantos y el Madrid de la heroica no apareció, dejando a Xavi Alonso más tocado aún
El Real Madrid se vio superado ayer por un Manchester City (1-2) que a día de hoy está un par de escalones por encima de los de Xavi Alonso, sobre todo sin su mejor hombre, Mbappé, que no jugó ni un minuto a pesar de que en los días anteriores se insinuó que estaría disponible, pero un dedo roto no es baladí, y por precaución, hizo bien en quedarse en el banquillo. En su lugar entró Gonzalo, que más allá de pelear, no aportó mucho. También apostó Alonso por Ceballos, prácticamente desaparecido. En el lateral derecho fijó a Valverde que tuvo uno de sus noches más complicadas por la presencia de Doku, un peligro constante y el mejor de los azules ayer. Xavi Alonso sigue tocado tras una nueva derrota, más allá de que el Madrid mostró una mejor cara que en otras ocasiones.
La puesta en escena pasó porque cada equipo apostara por su distinta filosofía. El Real Madrid, agazapado esperando una de sus temidas contras, los de Guardiola amasaban el balón sin urgencias, dispuestos a aburrir al conjunto blanco. Durante los primeros 28 minutos el choque se basó en mutuo respeto, disputas pocas concesiones, pero en los últimos quince minutos de la primera mitad el choque se volvió frenético. Precisamente, en un contraataque, iniciado por un robo de Carreras llegó el primer tanto blanco. Bellingham condujo y se la cedió a Rodrygo, que por fin rompió su sequía goleadora de 32 encuentros sin marcar. Con un disparo desde la derecha pegado al palo daba ilusión al madridismo. El brasileño volvió por sus antiguos fueros, siendo el mejor de los locales y mandando un mensaje a Alonso de que es primordial.
Pero duró poco la alegría porque al descanso, el City ya le había dado la vuelta al partido. Primero, en un saque de esquina, un remate franco propició un despeje en corto de Courtois que aprovechó O’Reilly para poner las tablas. En el 41, un absurdo penalti de Rudiger a Haaland, hizo que el noruego pusiera la ventaja desde los once metros. El central hizo un agarrón como si no hubiera decenas de cámaras y el VAR para rearbitrar la acción. El gozo del Madrid en un pozo. Tocaba remar.
Ocasiones y Courtois
En la segunda parte, los blancos salieron convencidos de que el choque debía acelerarse porque el rival iba a buscar contemporizar. Bellingham la tuvo pero picó el balón demasiado. El Madrid tenía el esférico pero no creaba con profundidad, demasiado pase hacia atrás que hizo colmar la paciencia del Bernabéu, que empezó a pitar cada vez que el cuadro merengue no arriesgaba. Sin el francés, lesionado, el partido pedía a Endrick y en el 78 le sacó por Asencio, quemando todas las balas posibles. La tuvo Vinicius en el 80 con una volea tras un saque de córner y después Endrick con un cabezazo en el 83. A su vez, Courtois volvió a ser de los mejores del conjunto blanco, con paradas de mucho mérito. Especialmente, Duko fue un auténtico quebradero para la zaga local todo el choque.
En los últimos minutos, los blancos comenzaron a notar la fatiga, especialmente Vinicius y Rodrygo, incapaces ya de hacer más esfuerzos. Al Madrid no le quedaban argumentos, solo se podía agarrar a la heroica, a esas noches del Bernabéu donde la lógica deja paso a la locura y a la fe, pero este Madrid no es aquel, no dio la sensación de que podía ser una de esas noches de recuerdo agrdable en el Bernabéu. El Madrid puso sobre la mesa todas sus armas, pero simplemente, a día de hoy, los de Guardiola son un equipo más equilibrado y ordenado.


