Tras los trágicos accidentes ferroviarios en los que murieron 45 personas, uno de los primeros compromisos, para con las víctimas, es realizar una fiscalización de la gestión del Ministerio de transporte. Para ello, el primer paso es averiguar, pormenorizadamente, el por qué sucedió. Pero no es menos importante las investigaciones que se realicen en otro plano de los accidentes. Los accidentes son una parte de los vasos comunicantes. Vasos comunicantes entre el propio accidente y su entorno. Sabemos dónde se encuentra la zona 0, la parte física, pero existe otra zona 0 bis, que ha contribuido al accidente y que es intangible. Digamos que es una herramienta imprescindible que ha facilitado el accidente. Nos trasladamos al registro de contrataciones del ministerio de trasportes. Ya sabemos de varias personas que fueron contratadas sin que tuvieran aptitudes.
Conocimos que ni siquiera se presentaron a su puesto de trabajo. Es decir, que se emplearon recursos sin la contraprestación correspondiente. Fueron contratos facilitados a las ‘primas’ del anterior Ministro de transportes, J.L. Ábalos, a día de hoy en la cárcel a la espera de juicio por corrupción. Continuando con los empleados, vamos sabiendo que las empresas públicas, RENFE y ADIF, que son parte del Ministerio de transporte, tienen un déficit de personal. Una carencia que lleva a resolver de manera precipitada, que da lugar a tomar decisiones irresponsables. Un hecho que ha llevado a realizar contrataciones a contrarreloj de tal manera que no se ajustan al perfil exigible, ni a la experiencia que se requiere de algunos trabajos. Son contrataciones desajustadas a las necesidades y que derivan en poner en manos de trabajadores noveles, sin experiencia, el control de 40 estaciones.
Aunque siendo un hecho de notaria gravedad existe otra decisión más polémica. Una decisión que descarga la responsabilidad en los maquinistas. La empresa RENFE, dependiente del ministerio de trasportes que tiene de titular al socialista y ministro Óscar Puente, obliga a que los maquinistas de los trenes a aplicar ‘marcha a la vista’. Es decir, hace responsable a los conductores de regular la velocidad, en relación a las condiciones en las que se halla la red ferroviaria en el mismo momento que se está circulando. Así, el ministro se lava las manos como Pilatos cuando no quiso hacerse responsable de la condena a muerte de Jesucristo.
A raíz de los accidentes, han emergido numerosas incidencias que los maquinistas venían describiendo y denunciando desde hace varios años. Como consecuencia de esas numerosas denuncias que han salido a la luz pública, el ministro Puente no quiere asumir las responsabilidades. Para eludirlas, las traspasa a los trabajadores, a los maquinistas, a través de una disimulada represalia por haber señalado numerosas anomalías y desperfectos en la red ferroviaria del país. En este caso Puente no se lava las manos, va más allá. Se esconde como los cobardes, detrás de los maquinistas. Pero considero que la burda y miserable estrategia del ministro Puente ya no cuela. Lo único que, sí colaría y se recibiría con satisfacción y tranquilidad por toda la sociedad y, sobre todo, por los clientes del trasporte ferroviario, sería la dimisión del señor Puente. El principal culpable del deterioro de la red ferroviaria.


