El PSOE quiere regular el uso de esta prenda pero como VOX quiere hacer lo mismo, dice ahora que es una medida «racista» y «xenófoba«
La utilización del burka en España ha generado un debate entre los distintos grupos políticos que es paradigmático de la chapuza que representa la política en España. Al más puro estilo Pablo Iglesias de «quiero una cosa pero si la quieres tú, ahora quiero la contraria», los partidos políticos buscan la polarización hasta en cuestiones en las que están de acuerdo por una vez, como es limitar el uso de esa prenda contraria a los valores europeos y al buen gusto. El PSOE también lo desea, pero al estar de acuerdo con el partido contrario, lo quiere hacer a su manera, no vaya a ser que les llamen «fachas» sus propios votantes y se acabe el juego de la partitocracia que les da de comer. Esto es como cuando llega un Gobierno nuevo, se encuentra las cosas en buen estado pero, al no llevar su sello, destruye todo y construye lo mismo. Ego y estupidez juntas.
El PSOE ha abierto la puerta a debatir una posible regulación sobre el uso del burka y el niqab tras el rechazo en el Congreso de la proposición de ley presentada por Vox que proponía prohibir estas prendas en espacios públicos. Al ver que buscan lo mismo, se han desmarcado y les han acusado de promover una medida “racista” y “xenófoba”. El portavoz del PSOE en la Cámara Baja, Patxi López, subrayó que aunque su formación no apoyará el texto de Vox, sí está dispuesta a estudiar y debatir la propuesta alternativa registrada por Junts, que busca básicamente lo mismo, pero Patxi es de tener unos principios, pero también tiene otros si es que es menester, como marca su currículum.
López llamó a que ese debate sea “tranquilo, sereno y razonable”, porque al parecer VOX quiere debatir la medida entre gritos, insultos, descalificaciones y posterior lanzamiento de piedras. El socialista, además, defendió que las mujeres que usan estas prendas deben poder participar en la discusión sobre su regulación. Es decir, Patxi quizás también sería partidario de consultar las penas de cárcel con los propios delincuentes y llegar a un progresista y buenista acuerdo con la parte implicada, aderezado con una fiesta feminista como epílogo. Ya se sabe que el portavoz aboga siempre por la libertad que él cree conveniente y alegará libertad religiosa para el Islam, pero no moverá un dedo por la libertad católica, siempre en su línea de entregarse al de fuera. Una especie de síndrome de Estocolmo socialista acentuado.
Y Junts igual. Ha presentado su propio proyecto de ley para regular el uso de prendas que cubran total o sustancialmente el rostro en espacios público, destacando que no respaldará la iniciativa de Vox para que no prosperara en el Congreso en resumidas cuentas, ya que sin ese respaldo no logró los apoyos necesarios pese al respaldo del Partido Popular. Junts ha defendido que su propia iniciativa es jurídicamente más sólida y respetuosa con los marcos europeos. En definitiva, el mismo objeto con distinto envoltorio, pero con los ciudadanos observando este particular partido de tenis en el que cada punto, juego y set lo pagamos nosotros. Y le pagamos la fiesta al entrenador, al cuerpo técnico, a los familiares cercanos, a los lejanos, etc. Lo más importante es no entenderse.


