Su obsesión con el mensaje que traslada la prensa en la era de las redes sociales le pierde, porque acaba dándoles un gran poder, lo contrario de lo que busca
Dicen que en los momentos difíciles se ve la verdadera cara de las personas. Después de 26 años de presidencia, ayer Florentino decidió salir al ruedo, romper los corsés protocolarios y sacar su verdadera cara, la que muchos ya conocían y que él protegía cuidadosamente. La situación es crítica, el Real Madrid lleva dos años sin ganar nada, Mbappé no es la estrella que parecía, cambio de entrenador, el vestuario es un polvorín de líos… y el presidente, que no es muy dado a hablar y a perder las formas, ayer se desató. Tenía muchas ganas a algunos periodistas «críticos» y los quiso exponer delante de todos, cuál jefe que quiere pasar factura a trabajadores delante del grupo para mayor escarnio. Pero le salió regular, porque les acaba dando el poder que no quiere que tengan. Mal asesorado.
Y es que él no es su jefe. Florentino, cuál poderoso en todas las épocas de la historia, quiere controlarlo todo. Y lo que se le escurre entre los dos le agobia. Porque querría controlar lo que dice la prensa pero no puede y muestra claramente su frustración. Sin embargo, no se da cuenta que consigue lo contrario a lo que pretende: redobla el poder de la prensa cuando les señala, les hace famosos (Cañizares), les hace sentir que tienen un poder enorme en su pluma. Aquí se le vieron algunas fisuras al presidente. Porque Florentino trata al Madrid como a su hijo; si hay que perder la razón o los estribos para protegerle, se hace. Pero no entiende que el Madrid es un club tan grande que genera y generará siempre una controversia y polémica infinita y ahí radica su grandeza. De la Unión Deportiva San Sebastián de los Reyes no habla nadie. Tampoco se habla lo mismo del presidente de Botswana que de Trump.
No entiende que eso también forma parte del show, igual que en la política: hagas lo que hagas, tendrás críticos. Que cada cuál diga lo que quiera. Por eso le pierde esa obsesión con la narrativa. Porque en la época de las redes sociales hablar de lo que escribe el ABC y decir que vas a «cancelar la suscripción» como si fuera la hoja parroquiana es de estar un tanto desubicado. Señalar a periodistas como si estuviéramos en la URSS no fue un buen plan tampoco, demasiado visceral, más que nada porque no van a parar de hacerlo. Sí que está mal que dejen caer que está enfermo y eso le sentó fatal, como esl lógico. Pero se le vio nervioso. No tenía un plan estructurado, mezcló cosas, tenía el aliento entrecortado, cortó constantemente a los periodistas, incluso las preguntas, no mantuvo un discurso constante, no habló de lo deportivo y redujo la pelea en el vestuario con un «cada temporada hay peleas» para acabar con un día «cada día hay peleas», pero eso no le disgusta tanto como que se filtre a la dichosa prensa esa información. Eso le revienta. Lo controla casi todo, pero no todo.
Por tanto vivimos al Florentino versión ‘Mourinho’, que además es lo que necesita el cuadro merengue. A cara descubierta y a por quién sea. No ayudó que hiciera algún comentario como el de «que pregunte esa chica que sois muy feos», pero es que ayer no tuvo filtros, también para mal, dejando de lado a ese Florentino educado y cuidadoso con las formas. Al final, convoca elecciones que a buen seguro que ganará él, en un golpe de autoridad tras 26 años de mandato. Pero con la prensa se equivoca. Y por ahí ha mostrado sus mayores carencias y por donde se le note una vía de agua, por ahí le atacarán. No habló de los egos del vestuario, ni de la salida de Xabi Alonso, ni se entiende que diga que «es la plantilla más cara del mundo» como si fuera algo positivo cuando precisamente ese grupo no ha ganado nada en dos años, de modo que, efectivamente, algo falla, pero de eso no quiso hablar.
El periodista no se arruga
Él fue a hablar de su libro, dio un golpe en la mesa y veremos cómo se desarrollan los acontecimientos, pero el socio de a pie estará seguramente satisfecho con la defensa del club, aunque serán las urnas las que, en principio, le mantengan en el poder, porque no parece que el resto de posibles candidatos tengan la misma fuerza. Y también fue muy claro a la hora de hablar del ‘caso Negreira’: «El mayor escándalo en la historia del fútbol. Yo en vez de 7, debería tener 14 ligas», llegó a decir, lejos del discurso más suave de otros momentos, tipo » ese caso debe ser investigado». Mención especial al periodista del ABC, Rubén Cañizares, que, siendo señalado en directo, no se arrugó y se mantuvo firme en una situación que a otro le hubiera hecho colapsar, con millones de personas siguiendo el directo.


