La Economía no es una ciencia en tanto en cuanto no permite predecir el futuro de un fenómeno conforme a leyes inmutables, caso, por ejemplo, de la Física. Y no lo es porque carece de tales leyes, que en una verdadera ciencia se inducen a partir de la realidad de los hechos, buscando sus causas. La Economía es capaz de hacer esto a posteriori, dando las causas de los efectos producidos, pero fuera de una serie de leyes fijas, lo que la incapacita como disciplina científica para predecir a priori. Y la razón de esto es doble: de un lado, porque la Economía depende del azar de elementos sicológicos de masas, que pueden ser provocados al margen de cuestiones relacionadas con la Economía; y de otro, que ésta no maneja realidades físicas bajo el concepto de universal (el cobre, por ejemplo, que incluye a todos los trozos de cobre que existan, hayan existido o existirán, tal es el universal), sino que maneja entes de razón que no existen en la realidad, como el mercado, las acciones, las sociedades anónimas, el dinero, la oferta, la demanda, el interés, la deuda, etc. Además, la Economía está determinada por ideologías distorsionantes previas que hacen imposible que sea una ciencia con base en la realidad: en la actualidad subyace a ella el progresismo cabalista materialista, que determina el dogma, puramente arbitrario, de que la economía de un país o del mundo debe crecer constantemente en una diarrea de fantasiosas sefiroth desde la Nada hasta el Paraíso en la Tierra.
La Economía es, o debería ser, una gestión eficaz de recursos materiales escasos para la satisfacción de las necesidades materiales y espirituales de los seres humanos (porque lo material también contribuye a lo espiritual), en un entorno dado, conforme a principios racionales de sentido común, que van a ser lo más parecido a leyes que pueda tener esta disciplina. Y la Filosofía, como ciencia de ciencias, debe ser su auxiliar principal, sin olvidarnos, dentro de ella, de la Psicología filosófica, que nada tiene que ver con la Frenología química que se estudia en las universidades bajo esa misma denominación de Psicología. Porque lo cierto es, como ya he dicho, que las creencias y reacciones de la masa, fundadas o no, provocadas más o menos subrepticiamente o no, son causa fundamental que rige la disciplina económica, por lo que hay que prestarles especial atención. Y por supuesto, la Economía debe estar separada de esa otra supuesta ciencia que tampoco lo es, la Política, en la que, por la infestación pestífera de la Democracia, vale tanto una cosa como su contraria, con tal de que lo apruebe el Pueblo (ente de razón inexistente) o, mejor dicho, aquéllos que, como en la Economía, generan creencias y provocan reacciones en la masa, en beneficio propio, con base en un aparataje abstracto tan artificioso como irreal.
La primera cuestión que se nos plantea es la de la deuda y el dinero. El dinero es, o debería ser, un medio matemático de cambio, y no un bien de producción, es decir, que es tan real como los números, o sea en absoluto, y que ni tiene hijos (los intereses no existen) ni construye hospitales. Para hacer un hospital necesito materiales, herramientas, mano de obra y trabajo intelectual, no necesito ni un crédito, ni billetes, ni oro, inútiles por lo demás para este fin. Cuando el hospital esté acabado y en funcionamiento, lo valoraré objetivamente y le daré a la impresora de billetes (realmente certificados de trabajo y de material) para pagar a todos los implicados en el proceso de construcción y funcionamiento; esto supuesto que sea un país soberano no sometido a la masonería ni a la Finanza judaica internacional. Por aquí se entrevé la verdadera causa de la segunda guerra mundial, pues lo dicho sobre el hospital fue la desafortunada ocurrencia (a juicio de algunos en Londres y Nueva York) desarrollada por un pintor austriaco de mostacho en Alemania en los años treinta del siglo pasado, quien además propugnaba el trueque entre economías al margen de los sistemas financieros internacionales.
No tengo espacio aquí para explicar debidamente el gran fraude bancario, con ganancias de miles por ciento, que contamina de raíz la economía capitalista (y comunista, pues son la misma), hasta el punto de estar basada en la creación de dinero-deuda y en el intercambio de entes de razón inexistentes (bonos, acciones, futuros, obligaciones) que permiten a algunos ganar más dinero que a otros trabajando y generando bienes y servicios reales. Cuando el banquero medieval se dio cuenta de que ocho de cada diez de los depósitos en oro de sus clientes nunca se le pedían, empezó a emitir a la plaza pública pagarés por esa cantidad, que se usaban como si fueran oro. Tal es el origen del papel moneda, de la inflación y del dinero-deuda, moneda falsa en el fondo, con el que el Gobierno, en última instancia, puede acabar expropiando todo su capital a la clase media. Porque aquellos banqueros aún podían hacer frente a los pagarés con el oro ajeno que tenían en depósito, pero adoptaron otra medida más audaz, en colaboración con los nacientes Estados de los ss. XV y XVI, endeudados hasta las cartolas para financiarse, y con la bendición doctrinal de la Iglesia de Roma, a través de los teólogos, sobre todo españoles, padres del liberalismo de John Locke y Adam Smith: prestar no el 80% de sus depósitos en oro, ocho, sino cuatro veces el total de sus depósitos a interés, cuarenta, porque sabían que sólo les iban a pedir eso mismo, dos de cada diez, o sea diez, que era el total del depósito; si la cosa iba bien, iban tirando con todo el oro disponible, pero si todo el mundo acudía a ellos de golpe con los pagarés, entonces cobran diez y cuarenta no, no hay más oro sobre la Tierra.
¡Y todo con oro ajeno y sin sacarlo del cofre! Ese dos de cada diez es el engañabobos que hoy se denomina Fondo de reserva, porque la cosa se desmadró y hubo que moderar la estafa desde el poder público. Doble moneda falsa entonces, la de los pagarés, cuatro veces la reserva de oro, y los intereses de préstamo que el oro, real o en pagaré, no genera, como sí lo hace el trigo. Ése es el crédito o la hipoteca que le dan a vd. en el banco: un asiento mágico en el ordenador fuera de toda realidad tangible a cambio de su casa y su patrimonio real y efectivo, si las cosas se le tuercen y no puede devolver a tiempo lo que pidió. El interés, en el fondo, es un abuso y una patraña, por eso la usura está prohibida por el Deuteronomio, salvo como arma de guerra contra el cananeo, y fue perseguida por la Iglesia hasta el s. XIII; la doctrina era que si prestando dejas de ganar algo por perder una oportunidad de negocio, no prestes, y si prestas, no cobres interés, y si lo cobraste, lo devuelves.
El trabajo
El trabajo es el otro caballo de batalla de la Economía como disciplina, y aquí voy a darle la razón a los marxistas: el empresario no es ninguna hermanita de la caridad ni ningún filántropo que se deslome por proporcionarnos las manufacturas y servicios que la gente necesita, sino que es alguien (público o privado, no caigamos en la estafa de la sanidad/educación siempre públicas y gratuitas) que busca hacer mucho dinero aprovechándose de la necesidad de la gente y de la maldición bíblica proferida contra Adán, de modo que su beneficio surge del malpagar el trabajo físico e intelectual de sus empleados (y/o de reducir la calidad de su producto), quienes no llegan con el sudor de su frente a pagar la factura de las manufacturas que cubran sus necesidades básicas, y cuya calidad deja cada vez más que desear.
El empresario necesita al trabajador para enriquecerse, y el trabajador necesita comer, vestirse y vivir bajo techo, no existen la libre oferta y demanda de trabajo, ni de bienes. Esto quizá no fue así completamente en tiempos en los que había empresarios cristianos con temor de Dios y miedo al infierno, y mucho menos en regímenes en los que los abusos del empresariado se pagaban con la confiscación de bienes y una temporada en el campo de Dachau, y en los que el Estado garantizaba que ciertas manufacturas y ciertos servicios tuviesen precios racionalmente tasados y calidades mínimas, y que su generación no dependiese del beneficio económico del productor, sino de la necesidad perentoria del consumidor-trabajador, quien debía ser pagado en justicia por su labor, de suerte que lo básico y lo digno no faltase a nadie, sin negar el derecho a ganar dinero por el emprendimiento, pero dentro de un orden. Otro motivo más de la segunda guerra mundial, por las ocurrencias del dichoso pintor austriaco aquel.
Hay que desbaratar en nuestra cabeza todo el sistema de conceptos abstractos e irreales que, como una religión de falsos dogmas a creer por fe, o de sefiroth de la Cábala, configuran la disciplina económica capitalista. El Mercado no existe, no es un señor con traje y sombrero de copa que vive en Wall Street; se trata simplemente de la ley de la selva, de las voluntades concretas de los que más tienen y más pueden, empezando por un Estado títere, para influir sobre la oferta y la demanda, conceptos por esto mismo también irreales por alejados de la necesidad o el interés o la libertad de la gente concreta, que se ve manipulada en sus creencias y decisiones por la necesidad, el miedo, la avaricia y otras bajas pasiones a través de los engaños que vienen de los poderosos y de sus medios de comunicación de milongas; cosa que quizá ahora se vea mejor cuando con cada palabra del inefable Donald Trump los mercados suben y bajan sin ninguna lógica racional. Aunque lo que quizá no sabe el Tío Gilito es que su Reserva Federal es privada, que su moneda no está avalada ni de lejos por todo el Producto Nacional americano, sino que es moneda falsa, títulos de deuda pública sin respaldo sólido, y que sus propietarios se llevan una comisión por billete impreso. Since 1913. Otro tanto podríamos decir, con ciertas diferencias, en torno al Banco Central Europeo y sus créditos-deuda sin respaldo real a la banca privada, a la que hay que financiar con dinero público cuando quiebra.
Otro elemento fundamental de irrealidad distópica son las sociedades anónimas por acciones, ficciones jurídicas inventadas al calor de la Revolución francesa, como los Fondos de inversión que dominan la economía mundial, todos los cuales están en manos de gestores no propietarios, que sólo buscan el beneficio por el beneficio, y el poder del dinero por el poder del dinero, para dominar el mundo, sin absolutamente ninguna responsabilidad patrimonial, económica o penal, fuera del capital ajeno invertido en sus acciones, perteneciente a otras sociedades y fondos propiedad de otros tantos, en una pescadilla que se come la cola de forma interminable. Esta gente es como un mafioso raquítico que usa de los músculos de sus guardaespaldas para acumular el poder absoluto en su barrio, sin que arriesgue nada porque él no ha tocado a nadie.
Sindicatos, los gremios medievales
Y los sindicatos, sustitutivos del gremio medieval, exterminado a partir de 1789, que permitía el relevo generacional, la transmisión de conocimientos a través del tutelaje del aprendiz, y la defensa colectiva de intereses de vida en regímenes parecidos a las posteriores cooperativas, ningún invento novedoso, por otra parte. El sindicato no atiende a ninguno de estos tres nobles fines que justificaban el gremio, desde el momento en el que se convierte en una oficina de publicidad y reclutamiento de proletarios para ser utilizados como carne de cañón en huelgas revolucionarias con el fin de que una minoría de señoritos obtenga el poder, sometiéndolo a los dictados de la Finanza internacional, como en la URSS, para expropiar el patrimonio a las clases medias pequeño burguesas, bien por la fuerza, bien por la disminución del valor de su moneda por el encarecimiento de bienes y servicios.
En cuanto a los sindicatos socialdemócratas que vinieron a sustituir a los elefantiásicos sindicatos verticales, se trata de agentes chaperos al servicio del Capital y de los intereses de los partidos políticos que los financian con fondos públicos, introduciendo al trabajador en la dinámica del marxismo cultural desestructurador de la sociedad con la concesión de derechos depravados de bragueta para abajo que le sirve de despiste para verse privado de su derecho a la justicia social y a la dignidad personal. En definitiva, se trata de un elemento distorsionador de la economía, a eliminar absolutamente, como los partidos de la Política, fundamentado en la razón ciega de la lucha dialéctica entre clases, cuando la economía exige colaboración solidaria entre agentes sociales y laborales intelectual y moralmente formados.
«Está claro que la gente no entiende el sistema monetario, porque, si lo entendiese, creo que habría una revolución mañana por la mañana». Henry Ford.
DESCUBRE EL NUEVO LIBRO ESCRITO POR IGNACIO TUSURYA DE HUEGUN:
El Holocausto de la Iglesia Católica / Apokalypsis: Tratado de Escatología bíblica
https://libros.cc/El-Holocausto-de-Iglesia-Catolica-/-Apokalypsis-Tratado-de-Escatologia-biblica.htm


Un libro teológico revolucionario que comprende dos volúmenes en uno:
–El Holocausto de la Iglesia Católica
Pasado, presente y futuro de la Iglesia Católica hoy en crisis, con todas las profecías sobre su inminente final
–Apokalypsis: Tratado de Escatología bíblica
el Apocalipsis y el fin del mundo y las partes más atractivas de la Biblia para el gran público


