Cumpliendo con la tradición, el rey Felipe VI se ha dirigido a los españoles para felicitarnos las fiestas navideñas. En la duodécima felicitación de su reinado ha estrenado una nueva escenografía. Siempre se dirigía a la nación sentado en un ambiente sobrio donde la bandera española, la insignia que representa a la nación española, roja y gualda. Este año, a diferencia del pasado, el rey apareció delante de las cámaras dando unos pasos hasta colocarse en el centro del salón donde iba a ser el escenario de su felicitación. Vestido para la ocasión con un traje azul que encajaba perfectamente para tan destacada intervención pública. Sus primeras palabras fueron para, de alguna manera, realizar un reconocimiento a la Transición. Quiso subrayar el esfuerzo que se llevó a cabo en la trasformación de un país que se había distanciado de los regímenes europeos y que debía converger con el sistema de gobierno de la Europa moderna. Debía realizar una transformación a través de esa Transición que sería la cuna de nuestra moderna democracia.
Una trasformación que se resumía en una frase que pronunció un político que, sin su aportación a la Transición, no hubiera salido adelante. La frase fue pronunciada por Torcuato Fernández-Miranda: “De la ley a la ley”. Esa fue la esencia y la base de nuestra actual democracia. Y todos sabemos que culminó con la aprobación de la sociedad española en un referendo. Una consulta vinculante aprobada por los ciudadanos. Destacó el esfuerzo de la sociedad y en especial de todos los que participaron en la Transición, directamente, en su desarrollo. Resaltó que se llevó a cabo bajo difíciles circunstancias, pero fueron superadas por la unión de la sociedad representada por los políticos y, sobre todo, por el deseo de alcanzar las metas fijadas. Destacó que se hizo con coraje, pero no había garantías de alcanzar el éxito, lo que da mayor valor al esfuerzo de toda la sociedad.

Después de esa difícil Transición, llegó la integración en la UE. Un hecho que se cimentó gracias al compromiso colectivo. Destacó que con la entrada en el ‘club’ europeo se cerraba el capítulo de la conquista de la Transición y se afianzaba el compromiso democrático. Muy acertadamente, señaló lo que en la actualidad está sucediendo, no empleó ningún subterfugio para describir la actualidad cuando, sin ‘anestesia’, señaló que existía una gran tensión en el debate público. Una tensión que inyecta desafección de la sociedad hacia los responsables en dirigir el país. Consideraba que había “una inquietante crisis de confianza”.
También apeló a la convivencia. Una convivencia que debe ser una acción diaria. “España ha progresado cuando se comparten objetivos” y cuyas bases están contenidas en algo que destacó de manera extraordinaria a través de una frase reflexiva: “Las ideas propias nunca pueden ser dogmas ni, las ajenas, amenazas«. También destacó varios aspectos claves del país. Los extremismos, la demagogia y la desinformación. Tres herramientas que contaminan esa deseada buena convivencia entre los ciudadanos de este país. Todo ello mina la confianza y se preguntaba: ¿qué podemos hacer para que haya confianza?
Pero creo que lo más interesante de su discurso sucedió cuando, sin pestañear y con contundencia, afirmó que debe haber ejemplaridad de los poderes. Ha sido una clara referencia, entre otras, a la sentencia condenatoria del Fiscal General del Estado. Un hecho sin precedentes y que ha servido para emborronar, no solo el prestigio de la fiscalía, sino también para penalizar la democracia del país.
Una referencia que se podría interpretar como un claro ‘tirón de orejas’ al presidente del gobierno, que se colocó como defensor de un fiscal que actuó de manera irrespetuosa ante la ley. Pero también en relación a las instituciones, subrayó el respeto que entre los poderes se deben guardar. Un hecho que alude, sin equivocarnos, a las numerosas críticas que se han hecho desde el poder Ejecutivo al poder Judicial.
No podía faltar, en su discurso, la mención al creciente coste de la vida y las dificultades de acceso a la vivienda. Dos preocupaciones de la sociedad que el monarca no pasó por alto y que demuestra que vive la realidad de la calle, muy al contrario que el actual gobierno que parece no ser consciente de las demandas de la ciudadanía. Considero que el discurso de felicitación del rey ha sido realmente uno de los que con mayor acierto ha llevado a cabo. Su valentía a la hora de hacer el balance de este año no dejará a nadie indiferente. A buen seguro tendrá sus detractores habituales, pero nadie dudará que España tiene un Jefe de Estado, un Rey comprometido con la nación.


