Opinión: ‘La hipocresía de Mónica García’. Por Fernando Cuesta.

La ministra de sanidad, Mónica García, suele criticar a la Comunidad de Madrid de una manera vehemente al denunciar que, el gobierno de la Comunidad está siendo desleal al compromiso que tiene en dar respuesta a los pacientes, a través de la sanidad pública. El contenido de su crítica se motiva principalmente en argumentar que está facilitando la privatización del servicio. La señora García no parece diferenciar entre privatización y colaboración con la sanidad pública. Incluso no tiene capacidad de entender que el incorporar, por medio de convenios, a la sanidad privada, responde a la necesidad de dar respuesta a las demandas de los pacientes que la sanidad pública no alcanza a ejecutar. Lo que nos obliga a realizar comparaciones sobre otras comunidades.

La primera que hemos escogido para fiscalizar y de este modo llevar a cabo comparaciones ha sido Cataluña. Ignoramos si la ministra, cuando denuncia la privatización, bajo qué argumentos o estadísticas la lleva a cabo, pero por lo que hemos sabido, parece haber olvidado a la sanidad catalana. Cataluña dispone de cinco hospitales con gestión público-privada ‘copiando’ el diseño de la comunidad madrileña. Aunque la modalidad señalada en Cataluña, con el mismo modelo de gestión, dista mucho de la eficiencia de los hospitales madrileños. Existe un dato que señala una realidad aplastante que la ministra ha pasado de puntillas. La gestión de los cuatro hospitales con gestión mixta supone en Cataluña el 58% del total. Mientras en Madrid supone un 14%. Lo cual echa por tierra todas las críticas hacia la Comunidad madrileña.

La señora García también se olvida de la comunidad vasca, que ha firmado convenios con la sanidad privada. Porque la administración de los servicios sanitarios a veces necesita colaboración externa. La meta es alcanzar desde cualquier consejería de sanidad, de cualquier comunidad, incluida Ceuta y Melilla, y ofrecer la mejor prestación a los pacientes, y si para ello hace falta el concurso del sector privado, se puede y debe hacer. Creo que es importante señalar que en las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla es el ministerio de sanidad de Mónica García el responsable de la gestión. Como hemos señalado la ministra denuncia que en Madrid se externalicen servicios sanitarios.

Pero en Melilla la señora García llega a acuerdos con firmas privadas de medicina con la sanidad pública para la ciudad autónoma. Lo hace para una mayor accesibilidad a los servicios de salud por sus usuarios. Lo mismo que se hace en Madrid. Es decir, García está realizando críticas hacia la externalización de servicios médicos de Madrid, igual que hace ella, sin que se resienta la calidad de la sanidad pública. Bien al contrario, la calidad del servicio de sanidad en Melilla ha mejorado.

Pero regresemos a Vascongadas. En el País Vasco también se trata, como he señalado, que la gestión público-privada, de un servicio al paciente con la máxima rigurosidad, profesionalidad, calidad y eficiencia que sea posible. Porque las autoridades sanitarias vascas han valorado que cuando existe una larga lista de espera y no tiene capacidad el sistema sanitario público para atender a los usuarios, los deriva a la sanidad privada gracias a los convenios que existen entre otras empresas sanitarias como la de Quirón.
Algo que no significa privatizar la sanidad pública.

Llegar a convenios con entidades privadas en la mayor parte de las ocasiones ahorra recursos públicos. Si la sanidad pública cubriera todas las necesidades de los pacientes, la ‘factura’ a pagar por el servicio que dispensa el sistema público de la S.S. sería inasumible. La colaboración con la sanidad privada es una de las mejores alternativas para dar respuesta a las necesidades de la sociedad. Incluso, en la mayor parte de las ocasiones, se ahorran recursos públicos.

La ministra, cada vez que se pronuncia contra, según su percepción, la deficiente gestión de la sanidad madrileña, lo hace con una inusitada violencia verbal. Nadie puede entender este tono tan grueso que habitualmente emplea cuando se pronuncia dirigiéndose a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. Además, en demasiadas ocasiones, la crítica a la sanidad de Madrid no se basa en argumentos consistentes. Solo pude entenderse bajo rivalidades que es posible estén lejos de las políticas. Rivalidades que pueden encuadrarse en cuestiones personales. Da la impresión de que García está muy resentida porque nunca, en su etapa como portavoz de la formación MÁS MADRID, en la Asamblea de Madrid, logró ganar ni un solo debate a la presidenta de la Comunidad, Isabel Díaz Ayuso del PP.

Su paso por la asamblea no fue brillante, ni siquiera se puede calificar de discreto. Incluso su gestión como portavoz de MÁS MADRID no fue satisfactoria ni para sus compañeros. Unos compañeros que como se suele hacerse en la izquierda, utilizan la fórmula habitual. A quienes defraudan se les da ‘una patada hacia arriba’. Mónica García no iba ser la excepción. Se le aplicó la norma no escrita, y se la elevó hasta el rango de ministra de sanidad. Se la colocaba en el campo en el que hasta ese momento se encontraba en la oposición de la Comunidad madrileña.

Desde su nueva responsabilidad se hace patente que busca la revancha hacia Ayuso como sea y a cualquier precio, aunque a quien perjudica, realmente es a los pacientes y a los profesionales sanitarios.
Su más que mejorable gestión de la sanidad pública subraya de manera cruda el error de quién nombró a García como ministra. Porque el dedicar su gestión a solventar rivalidades personales no solo es una irresponsabilidad, es un atentado contra el sistema de salud español porque en sus manos está la vida de miles de personas. De su gestión dependen miles de familias y que a buen seguro no les interesa sus peleas políticas. Lo único que les interesa es que cuando la salud no les sonría, se les atienda de la mejor manera posible.

No les importará que los profesionales sanitarios en su chaqueta tengan un logotipo u otro. Solo quieren que se les atienda para recuperar la salud. La señora García no ha entendido que el ministerio del que es responsable no es un ministerio para dirimir cuestiones políticas y mucho menos para resolver cutas personales. Si la señora García no ha entendido que ser la máxima responsable del ministerio de sanidad es dejar a un lado el sectarismo debería meditar su continuidad al frente de un ministerio en el que cualquier decisión supone la vida o la muerte de muchos ciudadanos con salud precaria.