Opinión: ‘De aquellos barros, estos muertos’. Por Daniel Harguindey

Por el título podría parecer que se trata de una crónica de la dana de Valencia, que también, pero el accidente de tren de Córdoba no ha hecho sino señalar una tragedia anunciada. Todo efecto tiene sus consecuencias y los 40 muertos y 150 heridos no forman parte de una especie de casualidad del destino, hay responsables que, entre todos, han ido sumando su granito de tierra hasta formar una montaña de lodo que, como a los atrapados en el tren de Adamuz, se les puede venir encima. Porque en este satánico mandato socialista han sucedido demasiados cosas, pero esta vez se ha traspasado la última línea, aquella que te avisa del barranco y de la que ya no hay marcha atrás. Demasiadas negligencias juntas, decisiones incomprensibles, utilización provechosa del dinero público, ahorros injustificados en la seguridad más básica y, al final del todo, muchos muertos.

¿Cómo se puede analizar con ligera perspectiva que Ábalos y Koldo metieran a sus novias a trabajar en Renfe y Adif sin tener ni idea de nada? Esta es la demostración de que estas empresas públicas dedicadas al tema ferroviario transitaban en una decadencia y dejadez que ahora algunos deberán pagar caro. Porque si una empresa necesita 100 trabajadores, necesita 100. Si hay 80 que trabajan y 20 que están enchufados pero tú pagas el sueldo a los 100, algo falla. Y ha fallado tarde o temprano. El Gobierno de España apostó por derrochar de todas las maneras el dinero público y pagar a opinadores para defender su relato. Hasta ahí todo mal, pero esas corruptelas constantes ya quedan en segundo plano, ahora lo que se juzga es qué dudosas actuaciones políticas han tenido una influencia en el desenlace y motivadas por qué.

¿Qué hacemos ahora con los miles de usuarios que venían expresando sus constantes quejas por el mal funcionamiento de la red ferroviaria? Mientras los españoles se quejaban de las continuas tardanzas de los trenes y otros mostraban con vídeos unos temblores tremendos dentro del vagón, el ministro de transportes Óscar Puente repetía que «estamos en la mejor época del tren en España«. Eso sí, cada día dedica entre dos y cuatro horas perdiendo el tiempo en redes sociales contestando, casi siempre de una manera totalmente irrespetuosa, a usuarios que le reprochaban su inacción. Con una actitud gorilesca propia de un portero de discoteca, su ridícula categoría se traduce en un egocentrismo desnortado, típico del tonto que cree que a él nunca le va a pasar y se ríe de las desgracias ajenas. Hasta que le toca y todo el mundo piensa: «Se lo tiene merecido». El típico ser despreciable que solo sus acólitos, mientras esté en el poder, le amparan. Este es el tuit que puso cuando Castilla y León estaba siendo arrasada por los incendios. Como dijo aquel: «el que siembra, recoge».

Porque no hay que olvidar cómo se dio a conocer Puente a la opinión pública. Ocurrió cuando era alcalde Valladolid. En una de sus exclusivas, el ahora político Alvise Pérez denunció que Óscar Puente, siendo alcalde, se fue de viaje con una mujer que no era su esposa en un todoterreno de lujo, propiedad de una empresa cuyo gerente había sido su secretario personal, de modo que se dio tráfico de influencias para asuntos personales siendo cargo público. Puente denunció a Alvise Pérez, pero el activista ganó las dos demandas interpuestas. Ese fue su inicio como personaje conocido. ¿Por qué acabó después de ministro? De aquellos barros, estos muertos. Pero eso son menudencias. Lo grave es lo de ahora.

Demasiadas preguntas sin respuesta

Por ejemplo, debería explicar la causa de por qué Adif renovó el tramo accidentado en marzo con materiales más económicos que los anteriores. Lo achacaron al encarecimiento de los carburantes. Es decir, ¿ahorraron en seguridad de los raíles mientras derrochan a discreción masas de dinero público? ¿es por ese motivo que no se hizo el mantenimiento correcto y por el que la soldadura del raíl estaba rota?, ¿por qué el ministro suprimió en julio la Unidad de Emergencias, Seguridad y Gestión de Crisis para prevenir y dar respuesta a accidentes? Evidentemente, la decadencia era visible porque Adif reportó hasta 19 incidencias en el tramo de Adamuz accidentado en cuatro años, y hasta siete solo en el último. ¿cómo podrá explicar que ingenieros avisaran de que se podía producir un fatal accidente por la fatiga de los raíles, mientras los vagones temblaban cuál país bananero y el ministro decía que eran bulos y que todo iba genial mientras tuiteaba? ¿y por qué se hizo caso omiso a los maquinistas que avisaron seis meses antes del suceso que las vibraciones no eran normales? El embudo hacia Puente es directo. Porque la actuación de este gobierno está sustentada en el desastre, pero hasta ahora no había habido fallecimientos por supuesta causas directas, pero lo de ahora, hasta un pueblo sumiso como el español, podría no dejarlo pasar.

Hay que recordar otras calamidades auténticas a modo de resumen de las incapacidades manifiestas para resolver cualquier encrucijada. Recuerdo cuando se inició la pandemia de Covid, el discurso socialista se basó en «ya están los exagerados. Es una simple gripe«. Incluso se reían de las mascarillas y se fueron todos a celebrar el 8M produciéndose los primeros contagios. Luego se convirtieron en una tela fundamental para poder salvar la vida y «no matar a tus abuelos«. Con el volcán de Canarias, decidieron que las víctimas durmieran en barracones, mientras a los extranjeros que se colaban en el país, los metían en lujosos hoteles. Con el caso de Filomena, tardaron demasiado en Madrid en movilizar efectivos de la Unidad Militar de Emergencias (UME), con la Dana se dio tarde el aviso y no se activaron medidas extraordinarias de prevención, ante una tragedia producida por su inacción en la limpieza de ramblas, barrancos y cauces. Y así con todo.

Los barracones para las víctimas del volcán

Es ese gobierno que genera la misma sensación que una empresa ruinosa, que sabes de antemano que su trabajo es deficiente y encima el día que visitas la sede está todo sucio y desordenado. Pero los ciudadanos no tenemos libertad de elegir e ir a buscar los servicios de otra empresa. Estamos obligados a presenciar la absoluta incapacidad de un gobierno socialista con fatales consecuencias mientras tienen la potestad de gestionar el dinero de todos. Mientras, hablan de bulos para desviar la atención y que todo parezca posible o relativo. España lo aguanta todo, pero esto, ¿también lo va a aceptar? Y sí, el socialismo trae muerte y destrucción.