Los jóvenes y los móviles, un problema real

España vive una infancia cada vez más hiperconectada. Antes de los diez años, una parte significativa de los menores ya accede a internet y la mayoría dispone de smartphone antes de los 15. A los doce, más de dos tercios navegan a diario y, a los quince, casi la totalidad está permanentemente en línea, con un uso intensivo de pantallas que supera la hora diaria en más del 80% de los casos.

Este contexto es el que dice el Gobierno que le ha llevado a anunciar su intención de prohibir el acceso a redes sociales a menores de 16 años, una medida alineada con iniciativas adoptadas o debatidas en otros países, pero que en el caso de Sánchez es una medida política para censurar todo el ruido que hacen los jóvenes en redes sociales en contra sus decisiones. El objetivo debe ser frenar la exposición temprana a plataformas diseñadas para adultos y mitigar los efectos de la hiperconectividad, la presión social y el consumo ilimitado de contenidos, aunque creemos que ese es un deber de los padres y no de los gobiernos.

Aun así, es una encrucijada que hay que abordar. Las consecuencias ya se reflejan en el ámbito emocional y educativo. Familias y docentes alertan de problemas de concentración, irritabilidad y baja tolerancia a la frustración, mientras que casi el 38% de los hogares percibe un impacto negativo en el rendimiento académico asociado al uso de móviles y redes sociales. Además, más de la mitad de los menores reconoce sentir estrés o ansiedad cuando se les limita el teléfono.

Ante este escenario, crece el interés por alternativas que permitan una introducción digital gradual. Los relojes inteligentes infantiles ganan terreno como solución intermedia, al facilitar comunicación y seguridad sin acceso libre a redes sociales. Los expertos coinciden en que retrasar el smartphone y acompañar el aprendizaje digital resulta clave para proteger el bienestar infantil. Aun así, el hecho de dejarles sin redes sociales ha provocado el enfado del dueño de X, Elon Musk, que ha llamado «traidor y fascista» a Sánchez.