Irán ha quedado hoy prácticamente aislado del mundo exterior el viernes, puesto que en medio de numerosas protestas que sacuden el país, las autoridades gubernamentales tomaron una decisión sorprendente y polémica: cerraron todas las comunicaciones con el exterior, al más puro estilo Corea del Norte. El gobierno bloqueó la comunicación por internet y las llamadas telefónicas, los vuelos aéreos se suspendieron y los portales de noticias iraníes en línea se actualizaron mucho más lento de lo normal.
El líder supremo, el ayatolá Ali Khamenei, acusó a los manifestantes de actuar en nombre del presidente estadounidense Donald Trump, diciendo que los alborotadores estaban atacando propiedades públicas y advirtiendo que Teherán no toleraría que las personas actuaran como «mercenarios de extranjeros«. Sin embargo, las protestas no han alcanzado el nivel de los disturbios de hace tres años, aunque se contabilizan ya decenas de muertos y una crisis económica y social en aumento. Hoy, durante una de esas marchas, la masa fue repelida con disparos.
Imágenes publicadas por la televisión estatal anoche mostraron numerosos autobuses, coches y motos en llamas, así como incendios en estaciones de metro y bancos. Irán ya ha reprimido episodios de agitación mucho mayores en el pasado, pero ahora se enfrenta a una situación económica más grave y a una presión internacional cada vez mayor debido a las sanciones globales impuestas nuevamente desde septiembre por su disputado programa nuclear. El ayatolá ha dicho que «la República Islámica llegó al poder con la sangre de cientos de miles de personas honorables. No cederá ante los vándalos«, afirmó, acusando a los involucrados en los disturbios de buscar complacer a Trump.


