Irán aseguró este lunes que mantiene abiertos los canales de comunicación con Estados Unidos mientras el presidente Donald Trump evalúa posibles respuestas a la violenta represión de las protestas que sacuden al país y que representan uno de los mayores desafíos al régimen clerical desde la Revolución Islámica de 1979. Las manifestaciones, inicialmente motivadas por la grave crisis económica, han derivado en llamados directos a la caída del liderazgo religioso y las cifras de fallecidos siguen en aumento.
El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, Esmaeil Baghaei, afirmó que existe un canal directo entre el canciller Abbas Araqchi y el enviado especial estadounidense Steve Witkoff, además de contactos indirectos a través de Suiza. Aunque Teherán sostiene que nunca ha abandonado la vía diplomática, Baghaei criticó los “mensajes contradictorios” de Washington, que a su juicio ponen en duda la seriedad de Estados Unidos. Araqchi reiteró ante embajadores extranjeros que Irán está preparado para la guerra, pero sigue abierto al diálogo.
Trump declaró el domingo que Estados Unidos podría reunirse con funcionarios iraníes y que está en contacto con sectores de la oposición, mientras aumenta la presión sobre la República Islámica. Según el mandatario, Teherán habría solicitado negociar, incluso sobre su programa nuclear, tras el reciente conflicto de 12 días en el que Estados Unidos e Israel bombardearon instalaciones nucleares iraníes. Trump tiene previsto reunirse con asesores para analizar opciones que van desde sanciones adicionales y ciberataques hasta una posible acción militar.
En el terreno, la represión ha dejado un elevado número de víctimas. El grupo de derechos humanos HRANA reportó al menos 490 manifestantes y 48 miembros de las fuerzas de seguridad muertos, además de más de 10.600 detenidos desde el inicio de las protestas a finales de diciembre. Irán no ha difundido cifras oficiales y la información es limitada debido a un apagón de internet. En medio de la tensión, el presidente del Parlamento iraní advirtió a Washington contra cualquier “error de cálculo” y amenazó con responder a un ataque apuntando a Israel y a bases estadounidenses, en un contexto en el que Teherán aún se recupera del desgaste militar y de la pérdida de influencia regional.


