Gran Bretaña, infectada de masonería, se ha convertido en el primer país en el que policías acuden a tu casa por lo que escribes en redes y los políticos deciden no investigar los miles de abusos a menores
Parece ser que los políticos ingleses no han sido capaces de tomar una cierta conciencia con todo lo conocido sobre el caso Epstein, que han decidido votar en contra de la investigación de los miles casos de abusos sexuales a niños ingleses por parte de bandas de pakistanís, en el caso Rotterham, del que se habla muy poco para la extrema gravedad que reviste. Así son ellos. Llenan el país de extranjeros ‘cercanos’ por aquello de la Commonwealth, violan a miles de niños y el parlamento vota en contra de investigarse. ¿cuántos de esos políticos estarán involucrados? Gran Bretaña tiene su propio caso Epstein y aquí no ha pasado nada. La pérfida Albión es un estado fallido, orwelliano y que está en plena fase de destrucción. Si el británico Orwell levantara la cabeza y viera a su país diría: «Os los avisé, idiotas«. Pero si te quejas, prepárate.
Porque Inglaterra es como una película de terror constante, ya no es de nadie, es un estado fallido y otros tantos países europeos pueden seguir sus pasos si no se hace nada. La masonería lo ha contaminado todo y aquella Gran Bretaña, con la flema británica, es un recuerdo del pasado. Ahora, en Inglaterra, pueden venir policías, incluso extranjeros recién contratados que no hablan bien inglés, a llamar a la puerta de tu casa por lo que has escrito en redes sociales bajo la acusación de delito de odio. Tienen la potestad de llevarte detenido si no haces lo que te piden. Es decir, que un policía recién llegado de la India te pide explicaciones porque estás criticando la entrada masiva de extranjeros como él. Los hijos de la Gran Bretaña se han dejado comer. Entre pintas, fútbol y ser esclavos de un sistema opresor, no van a defender ni a sus hijos violados por bandas extranjeras, eso sí luego se pegaran con la afición rival borrachos perdidos. Los diputados socialistas, liberales, verdes e ‘independientes’ musulmanes han votado en contra de investigar las violaciones, en el famoso caso Rotterham.
Tampoco es que se puede esperar mucho de un país donde la masonería se ha infiltrado en todas las instituciones, donde la Corona trata de ofrecer una imagen de sobriedad que nada tiene que ver con lo que se ve en las calles. Bueno ahora sí, ya que el Duque de York, el hijo de la Reina ya fallecida, está involucrado hasta los tuétanos en los archivos de Epstein y algunas fotos ya revelan demasiado. No olvidamos tampoco a Lady Di, que empezó a ser un estorbo ya que sabía demasiado y que casualmente sufrió un accidente de coche. Ella era distinta a la familia real; se convirtió en un problema. Pero todo suena a chamusquina en la Casa Real británica. La eterna juventud de la Reina, que parecía no envejecer, choca con la dificultad del cargo, pero ese es un tema complejo. El duque de Edimburgo parece un demonio, el príncipe Carlos, Camila Parker Bowles, todos parecerían sospechosos en una película de terror.

Y no han tenido mejor idea los ingleses que colocar en Londres un alcalde musulmán como es Sadiq Khan para que les quite a los locales lo poco que les queda para dárselo a los de fuera. ¿Qué se puede esperar de una ciudad como Londres, que está imposible en cuanto a vivienda y muchos esclavos tienen que irse a vivir a más de una hora del centro para poder trabajar en una metrópoli en decadencia, en la que trabajadores cualificados tienen que compartir piso? A más decadencia, más caro todo, Agenda 2030. La clase media está destrozada por el alto coste de vivir, el sistema sanitario sufre un colapso histórico, con listas de espera eternas, falta de personal y presión presupuestaria. Y sí, hay que decirlo todo, encima llueve constantemente y la comida es malísima. Un país rodeado de agua que su mejor plato sea un pescado congelado, bañado en el peor aceite, con patatas congeladas habla de su cultura gastronómica. Es como si les diera todo igual.
Delincuencia, suciedad, servicios colapsados, falta de identidad nacional y, cómo no, falla también la justicia, con retrasos graves en tribunales penales y civiles. Hay miles de casos pendientes, lo que provoca que víctimas y acusados esperen años para un juicio. Cada vez menos jóvenes acudan a Inglaterra a estudiar inglés en verano dada la situación y todo se dirige a tocar fondo. Días como hoy hay que recordar aquella frase del español Blas de Lezo, que tuvo una feroz rivalidad con la armada británica, a la que derrotó contundentemente en Cartagena de Indias (1741), que dijo: «Todo buen español debería mear siempre mirando a Inglaterra«. La pérfida, cuanto más lejos mejor, no vaya a ser que se nos pegue algo.


