En el estreno de Arbeloa en el banquillo, el cuadro blanco queda eliminado de la Copa del Rey con los jugadores como claros señalados
Si un día hubo un ‘Alcorconazo’, se recordará también el ‘Albacetazo’ como un día de infausto recuerdo para el Real Madrid. Y se recordará que Arbeloa debutaba ese día tras la salida de Xabi Alonso y los jugadores, de nuevo, no estuvieron a la altura del escudo. Un grupo que quedan totalmente señalado tras la eliminación copera a manos de un equipo de Segunda División, que salió al partido como si les fuera la vida en ello, contrastando con la actitud, una vez más, de sus rivales blancos, un grupo de jóvenes acomodados que creen que con el nombre van a ganar algo.
Porque las fuerzas se igualan cuando un equipo va en tromba y el otro sestea. Aun así, fue una locura de partido para el espectador, de los que te hacen reencontrarte con el deporte rey. El Albacete tuvo contras las cuerdas al conjunto merengue, llevando el mando del duelo. Se adelantó en el minuto 42 tras un certero remate de cabeza de Villar. Al filo del descanso, consiguió el Madrid, tras otro balón parado, igualar la contienda por parte del discutido Mastantuono. Podría pensarse que en la segunda mitad, los de Arbeloa pondrían las cosas en su sitio, pero confiar en esta plantilla es un error.
El partido siguió en un ‘toma y daca’, con un equipo manchego consciente de la oportunidad y un público que lo llevó en volandas. Y a partir del minuto 80, se desató la demencia futbolística. El fútbol se volvió a encontrar consigo mismo, dio al que más lo buscó y desterró al que se cree superior. En el 82 el milagro se hizo posible. Betancor puso de nuevo por delante a los suyos y la ansiedad se apropió de los blancos, que empezaron a oler el desastre. Llegó el descuento y de nuevo tuvo que ser a balón parado cuando el Madrid recobrara el aliento, con un gran cabezazo del efectivo Gonzalo, que parecía hasta injusto en función de lo visto.
Locura total
Pero el encuentro tenía reservado aún un epílogo de película en el que se hizo justicia. No solo eso, sino que el gol del ‘Alba’ en el 94 fue la fiel representación de lo que representa este equipo actualmente. Después de sufrir la intemerata para empatar, un balón largo de los locales cogió la espalda de la defensa merengue en un despiste incomprensible. La pasividad blanca hizo pensar que el árbitro había señalado algo pero no. Betancor tuvo tiempo de pensar. Encaró a un Carvajal en muy baja forma tras su lesión y disparó a puerta. El balón fue repelido por el lateral, que le dio demasiado tiempo y espacio para actuar. De nuevo cayó en sus botas y cruzó el balón con un parábola perfecta, marcando el gol que todo niño sueña con marcarle a todo un Madrid algún día. Justicia divina.
La locura se apoderó del Carlos Belmonte. Como si fuera el final del choque, todo el banquillo local invadió el césped corriendo detrás del goleador. Ya no quedaba tiempo y el Madrid colgó el balón al área quemando sus últimos cartuchos, pero el fútbol fue justo. Perdió el Madrid, ganó el fútbol y, de paso, situó a Xabi Alonso en el lugar que le corresponde, no en el de verdugo precisamente. Arbeloa debuta de la peor forma posible. El Madrid ha tocado fondo y las culpas hay que buscar en el palco no en el banquillo.


