La marcha del Día de la Independencia de Polonia concentró esta año en Varsovia a más de 100.000 personas, encabezadas por el presidente del país, el ultranacionalista Karol Nawrocki, y entre proclamas hostiles al primer ministro, el liberal Donald Tusk. La jornada transcurrió bajo una atmósfera marcada por la división institucional. Tanto el presidente Karol Nawrocki como el primer ministro Donald Tusk encabezaron actos distintos —uno en Varsovia, otro en Gdansk— lo que evidenció la fragmentación política del país.
Esta fecha conmemora la recuperación de la soberanía polaca en 1918, tras 123 años de partición entre Rusia, Prusia y Austria. Ese día marca el fin de la Primera Guerra Mundial y el renacimiento del Estado polaco. En su discurso, Nawrocki advirtió sobre un supuesto desgaste de la soberanía polaca y criticó la entrega de competencias a organismos extranjeros. «Nunca volveremos a ser una colonia de nadie. Nunca permitiré que nos traten como mascotas que solo repiten lo que dictan otros países«, aseguró entre aplausos. «No vamos a ceder nuestra soberanía a instituciones extranjeras y agencias de la Unión Europea«. Además, hizo un llamamiento a favor de la familia.
Nawrocki asumió el poder el pasado agosto, tras haber ganado las presidenciales como candidato del ultranacionalista partido Ley y Justicia (PiS). Nawrocki ejerce desde la presidencia un bloqueo sistemático a las reformas de Tusk, de acuerdo a la línea marcada por su antecesor en la jefatura del Estado, Andrzej Duda. Por su parte, Tusk, en un acto paralelo, abogó por un patriotismo inclusivo: “El patriotismo no puede ser un polaco contra otro polaco«. Además, añadió que «nadie tiene el monopolio del patriotismo».



