En el Líbano, la milicia Hezbolá ha lanzado ataques al norte de Israel que han sido contrarrestados con bombas en el sur libanés y cerca de Beirut
La guerra contra Irán ha entrado en una nueva fase de máxima tensión tras varios días de bombardeos sobre instalaciones militares y estratégicas del país. Los ataques de Estados Unidos e Israel han provocado una fuerte escalada regional y un elevado número de víctimas. Según la Media Luna Roja Iraní, los fallecidos superan los 550 y hay cientos de heridos en distintas ciudades, además de extenderse el conflicto.
Entre los objetivos alcanzados se encuentran centros de mando y bases vinculadas al aparato de defensa iraní. Uno de los hechos más graves ha sido la muerte del líder supremo, Ali Khamenei, durante un ataque selectivo contra la cúpula dirigente. Teherán ha calificado la ofensiva como una agresión directa y ha prometido una respuesta “contundente y prolongada”. Además, Irán ha atacado bases americanas en Oriente Medio
En represalia, Irán ha lanzado misiles y drones contra territorio israelí y posiciones estratégicas en la región. Las defensas antiaéreas han interceptado parte de los proyectiles, aunque se han reportado daños materiales y víctimas. La comunidad internacional observa con preocupación la rapidez con la que el conflicto se amplía más allá de las fronteras iraníes. Una base militar británica en Chipre, la RAF Akrotiri, ha sido alcanzada por un ataque con drones que se sospecha provienen de Irán o de sus aliados regionales.
Hacia el Líbano
La crisis se ha extendido a Líbano, donde la milicia chií Hezbolá ha lanzado ataques hacia el norte de Israel en apoyo a Teherán. En respuesta, las fuerzas israelíes han bombardeado posiciones del grupo en el sur libanés y en áreas cercanas a Beirut. Las autoridades locales informan de decenas de muertos y heridos, mientras miles de civiles huyen de las zonas más afectadas.
La Unión Europea y varios gobiernos occidentales han pedido una desescalada inmediata y el regreso a la vía diplomática. Sin embargo, el intercambio de ataques continúa y aumenta el temor a una guerra regional de mayores proporciones, con impacto directo en la seguridad internacional y en los mercados energéticos.


