La polémica y más que cuestionada Ministra de igualdad, Ana Redondo, ha vuelto a ser protagonista. Un protagonismo preocupante, amenazador, sectario y con una falta de responsabilidad extrema como el partido al que representa. En esta ocasión ha ido más allá de lo razonable, en cuanto a la crítica política. Ha utilizado a las mujeres maltratadas como herramienta, como arma arrojadiza contra la oposición.
En el encuadre de la estrategia del PSOE de tratar de minar credibilidad de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, la acusa de no cumplir la ley de igualdad y traicionar a las mujeres. Pero esa descalificación que realiza la ministra no es respaldada con argumentos ni motivos del incumplimiento de la que se la acusa. Señala que Madrid no justifica ni señala los proyectos que se realizan, y por tanto no justifica los recursos a invertir. Recursos que se dedican a igualdad a través de un pacto de estado. Lo mismo que arremete contra Ayuso, no señala en cambio al resto de comunidades que, como Madrid, incumple la ley, a juicio de la propia ministra.
Ana Redondo demuestra que desconoce cómo Ayuso gestiona los recursos empleados para la igualdad. Si le importara, las críticas irían también dirigidas a otras comunidades que actúan de la misma manera. No parece que le interese que el resto de comunidades que, al igual que Madrid, no cumpla con los requerimientos de su ministerio a criterio de la ministra. La crítica que hace a Madrid está lejos de los intenses del ministerio de igualdad. Su meta es limar credibilidad a la presidenta de la Comunidad de Madrid. A pesar de su prolongada gobernabilidad en la Comunidad madrileña, la popularidad de Ayuso no decae. Lo señalan los índices de aceptación que, a pesar de ese ‘desgaste’ que conlleva gobernar, son favorables. Además, en ocasiones mejoran. Hay que tener en cuenta que en esa búsqueda de la igualdad, se han creado leyes como la del ‘solo es sí es sí’, en la que hoy se ha sabido, por ejemplo, que el Tribunal Supremo ha absuelto a un hombre condenado por violencia de género después de que la mujer haya reconocido en sede judicial que acusó falsamente a su pareja de haberla maltratado, y es que se había autolesionado. Otros hombres no han llegado a contarlo.
De este modo, la ministra sigue la estrategia de la Moncloa de desprestigiar a Ayuso para que Madrid pase a manos socialistas. Un plan que una y otra vez choca contra la decisión de los madrileños. Una decisión que pasa por el continuo aumento de su confianza en el PP liderado por Ayuso, tras los últimos comicios electorales. A pesar de ser el centro de las críticas del gobierno en pleno desde la tribuna del Congreso. Un hecho que demuestra las ‘malas artes’ del Ejecutivo social-comunista, ya que Ayuso, al no ser diputada, no puede tener capacidad para responder. Desde Madrid niegan esa acusación de opacidad en la inversión de recursos y responden retando a la ministra a que lo demuestre. Pero Redondo olvida que es el tribunal de cuentas el que fiscaliza las cuentas públicas y hasta día de hoy no parece que dicho organismo público se haya pronunciado en relación a recursos que gestiona Madrid para la inversión en igualdad.
Es bastante insólito que la ministra de igualdad, Ana Redondo, trate de generar una polémica mientras la gestión que lleva a cabo sobre las pulseras anti maltrato cuente con grandes incidencias. Continúan sin funcionar correctamente, lo que supone un riesgo para las mujeres que las llevan. Además de liderar un ministerio que no está luchando realmente contra la violencia contra las mujeres de manera clara y eficiente. Lo que se deriva que la administración de los recursos públicos asignados al ministerio de igualdad, de la que la señora Redondo es su titular, debe dedicarse a mejorar sustancialmente sus partidas presupuestarias y no ‘entretenerse’ en estrategias estériles que nada aportan a la igualdad.
Existe un creciente malestar, sobre todo de las mujeres, debido al incremento en el número de féminas asesinadas a manos de hombres. Porque para un gobierno que ha manifestado ser el ejecutivo, hasta la fecha, que más lucha por la igualdad y la defensa de la mujer, los resultados deben ser realmente frustrantes.
Cortinas de humo
La Ministra de Igualdad busca desviar la atención con acusaciones sin fundamento hacia Ayuso como cortina de humo que tape su inepta gestión desde que llegó al ministerio. Cada vez que es interpelada en el Congreso, en las sesiones de control al gobierno, denota que no esta a la altura de su responsabilidad. Incluso ha llegado a gritar, de manera escandalosa en la Cámara al verse desbordada por la incapacidad de responder a la oposición. «¡VERGÜENZA! ¡VERGÜENZA! ¡SÍ SE PUEDE! ¡SÍ SE PUEDE!». Fueron unos gritos que bien se podían atribuir a alguien desesperado y fuera de sí que, más que a toda una ministra al frente de una cartera a la que se le ha dado una gran relevancia. Fue una escena para encuadrar en un marco. Vimos a la ministra fuera de sus casillas, haciendo alarde de su falta de capacidad para ocupar un cargo público, que no es que le venga grande, es que le cubre entera.
Porque la señora ministra no es consciente de que estar al frente de un ministerio como el de igualdad no es una responsabilidad menor. Liderar la lucha contra la violencia hacia la mujer no es una responsabilidad ideológica, sino moral. Es más, para mí, quien ocupe el citado ministerio estaría bien que no se identificara con ningún partido político. En la actualidad, lo que acabo de exponer, es muy posible que no sea posible. Casi algo muy raro, incluso utópico, imposible de llevarse a cabo. Pero la realidad es que Ana Redondo ha demostrado ser incompetente, inepta y llena de puro sectarismo. Tres deficiencias que van contra la eficiencia del ministerio y de ahí el resultado. Un incremento de mujeres maltratadas al igual que crímenes contra las féminas.


