Nuestro país es uno de los más relevantes, a través de la legislación, en cuanto a igualdad entre hombres y mujeres. Las diferentes culturas de algunos países y el sistema de gobierno impiden a las mujeres disfrutar de los mismos derechos de los hombres.
En España, esto ha ocurrido como consecuencia de la madurez de la sociedad. En el pasado, la mujer se encontraba un peldaño por debajo de los hombres. Las féminas eran educadas para ser criadas y serviles de los hombres. Su papel, sobre todo cuando contraían matrimonio, era ser amas de casa y criar a los hijos. Lavar, planchar, dar biberón a los bebés y servir al esposo tras su jornada laboral. Incluso cuando se tenía conocimiento de violencia en el hogar socialmente se asumía que eran problemas privados que, por tanto, no trascendía de manera pública. Pocas mujeres desarrollaban labores profesionales fuera del hogar. Eran bichos raros que además eran pasto de críticas aceradas.
Pero esos tiempos han sido superados y en España la igualdad entre ambos sexos es un hecho. La sociedad ha sabido entenderlo. Aunque también es cierto que desde hace ya algún tiempo las reivindicaciones feministas han caído en brazos de la ideología. Lo cual no es algo positivo. Al contrario, ya que levantar la bandera feminista ha quedado en mano de la izquierda. Algo que está sirviendo para levantar muros entre las mujeres.
Hemos asistido de manera preocupante a que, dependiendo de las ideologías, el movimiento de izquierdas feminista se coloca del lado de la mujer o si esa fémina está vinculada a la derecha se la aparta, se la ignora, aunque haya sufrido algún capítulo de discriminación. Es lo que pasa cuando personas que odian a los hombres como Irene Montero tienen algún poder de decisión.
Esta visión del feminismo está minando la credibilidad del feminismo. Que la izquierda trate de apropiarse del feminismo es un error que está generando mucha desconfianza. Además, se han diseñado leyes anticonstitucionales que claramente son discriminatorias hacia el hombre. Pondré un claro ejemplo del que apenas se tiene conocimiento de ello. Un hecho que araña las sensibilidades y coloca a los menores en una situación difícil y desamparados del estado.
Discriminación negativa
Si un hombre mata a su esposa, los hijos que pudieran tener tienen una cobertura especial en cuando a recursos y asistencia psicológica. Pero si quien asesina es la mujer, los niños de la pareja no son tratados de igual manera. Se tienen que buscar la vida. Es un ejemplo claro que la ideología solo sirve para perjudicar a la sociedad y, como vemos, castigar a los menores. En este caso, podemos hacer un símil como la tan traída y llevada ley del “sí es sí”. Una ley que responde a ideologías de extrema izquierda y que ha dado paso a la liberación de numerosos delincuentes sexuales.
No cabe duda, como he señalado, que en materia de igualdad España se encuentra a la cabeza, pero a veces hay que subrayar errores de bulto. Errores como he señalado cuando se ha legislado, lo cuál es una herramienta más para la polarización ideológica. Debemos reclamar que el feminismo no sea militante y menos aún politizado. Pintar la bandera feminista de colores partidistas es dar pasos atrás en la igualdad.


