Cuando se reconocen errores, cuando se piden disculpas por esos errores, siendo responsable político, hay que asumir responsabilidades. Disculparse, pedir perdón, por parte de un destacado cargo público, como es el consejero de sanidad del Gobierno Vasco, el nacionalista y militante del PNV, Alberto Martínez Ruiz, debería haber llevado al citado cargo público a dimitir. Hay que venir de casa llorado. Porque cometer errores en relación a la salud de las personas es algo muy grave. Tiene un gran calado entre la sociedad porque suele crear una alarma social. Es sumar un factor más, al imparable deterioro en el que se encuentra nuestro servicio sanitario. Si, además, el error está relacionado con la persona que se encuentra al frente del departamento de salud, sólo existe una manera de pedir perdón a las personas que se han visto perjudicadas por ese error. Y no es otra que asumir responsabilidades, que es lo mismo que presentar la dimisión.
El señor Martínez no puede continuar al frente de la consejería de salud, por más tiempo, porque ha perdido credibilidad y confianza entre los ciudadanos. Su departamento ha cometido el error de vacunar a bebés con vacunas caducadas. Un error que supone una gran inquietud a las familias de los niños. Porque por mucho que se les esté dando explicaciones, tranquilizándoles diciendo que no está en riesgo la vida de sus hijos, no estarán tranquilos. Porque el ambiente en el que se vive en la actualidad, donde los responsables políticos han colocado a la mentira como su habitual manera de actuar, cualquier pronunciamiento que lleven a cabo, como poco, se coloca en cuarentena. No se puede confiar en quienes no han demostrado trasparencia en la gestión y han demostrado una y mil veces que han mentido en cuestiones trascendentales para la sociedad.
Además, si el PNV, del que es miembro el consejero de sanidad, Martínez, no ha pedido la dimisión del Ministro de transportes, Óscar Puente, pese al accidente ferroviario que ha causado 45 víctimas, las familias se sentirán muy preocupadas. Ya que no asumir responsabilidades, como es no dimitir, es traspasar la responsabilidad a las víctimas por viajar en el tren donde perdieron la vida. Seguro que en la cadena de suministro ha habido algún error. Seguro que ha sido un fallo humano al no haberse detectado la fecha de caducidad y debe tener consecuencias. Pero no exime de este fallo de la responsabilidad al consejero. Sabemos que Martínez no ha tenido nada que ver con este error de control, pero asumir el cargo de consejero es asumir todos los aciertos y errores de quienes están vinculados a la sanidad.
Puente, su referente
No cabe ninguna duda de que, si hubiera algún tipo de éxito, por ejemplo, sobre la investigación médica, el consejero correría a sacarse la foto para colgarse la medalla de ese éxito. Lo mismo debería suceder cuando sucede todo lo contrario. Si se cometen errores también hay que correr a presentar la dimisión. En este país se es poco dado a asumir responsabilidades a través de la presentación de su renuncia al cargo. Ejemplos claros y rotundos los hay por doquier. Óscar Puente, como hemos señalado, se niega a asumir responsabilidades, con 45 muertos en el accidente ferroviario reciente. Si además lo hace con el apoyo del PNV demuestran los nacionalistas la falta de respeto a las víctimas mortales y también demuestran lo mismo con las familias de los bebés vacunados erróneamente.
El señor Martínez parece seguir la estela irresponsable del ministro Puente, que debería saber que asumir un cargo en política significa que hay que estar ‘a las verdes y las maduras’. Hoy, por el éxito te felicitan, pero mañana por errores, ni te conocen. El señor Martínez no es consciente que le ha tocado la manzana que está verde y por tanto se hace imposible comerla. O lo que es lo mismo, Martínez está tardando en recoger su despacho y entregar la carta de dimisión. Los padres de los bebés seguro que agradecerán su marcha y la sociedad respiraría tranquila el ver que entre la clase política todavía existe algo de decencia.


