Pedro Sánchez se cree ‘youtuber’ y hace un ‘housetour’

Lo cierto es que hay que admirar del presidente del Gobierno su capacidad para abstraerse de todo lo que sacude al país y vivir en su propia burbuja. Como esa imagen típica de las películas en la que el protagonista parece indiferente a su entorno, mientras todo arde. Mientras todo se derrumba, él parece que ni siente ni padece mientras fuma un cigarrillo. Así es Pedro, que, en medio de multitud de escándalos que le salpican, él enseña el Palacio de la Moncloa entre bromas. En estas navidades ha decidido publicar un vídeo al más puro estilo ‘youtuber’, en el que hace un ‘house tour‘, ni más ni menos que en el Palacio de la Moncloa. Alejado de cualquier protocolo, parece que Sánchez ha querido acercarse al público joven, con un vídeo propotípico de un creador de contenido.

Es habitual en los últimos tiempos que el contenido de los políticos en redes cuente con un formato de ‘reels’, estilo Instagram, con vídeos cortos, planos rápidos, visuales, subtitulados y más entretenidos, ideal para enganchar al público joven. No obstante, a la juventud no se le engaña tan fácil. A raíz de las derivas ‘wokistas’ de la izquierda, muchos jóvenes están abrazando el tradicionalismo y se inclinan cada vez más por partidos de derechas, hartos del feminismo, de la ley ‘solo sí es sí’, de la falta de oportunidades, de la poca ayuda al nacional, de la delincuencia, etc. Pero Pedro siempre quema todas sus balas y ha hecho un recorrido que ha denominado «tipo Isabel Presyler«. «Acompañadme«, dice, antes de que la cámara le persiga por las diferentes estancias y después de unas risas iniciales.

Enseñar la propia casa es un formato de vídeo que ha calado muy bien en creadores de contenido como Ibai, Xokas o Marina Rivers. Por lo general, ‘youtubers’ de éxito muestran la vivienda que han podido comprar con su éxito como creadores. De algún modo, enseñan hasta donde han llegado. Esa sensación se desprende del vídeo del presidente, que además solo acaba enseñando la ‘Sala del Reloj‘, donde se han dado muchas reuniones importantes históricas. Y ya está. Nada de habitaciones privadas. En definitiva, un documento infructuoso que por lo menos podía haber acabado con una frase de humor: «Y ya sabéis que de aquí no me voy ni loco».

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