La semana pasada se produjo un conflicto entre seguidores del conjunto serbio de Euroliga en su encuentro ante el Barcelona
El Barcelona se encontró con una curiosa escena en su encuentro ante el KK Partizán de Belgrado en la Euroliga. En medio del choque que el cuadro catalán acabó llevándose se produjo una tángana entre los aficionados locales, divididos por temas políticos, en la que se desconoce cuántos heridos hubo. Sí que es cierto que la seguridad del estadio se vio desbordada, aunque agentes de orden público pudieron intervenir para separar a los grupos y evitar que la pelea se extendiera hasta el terreno de juego, mientras el partido se seguía desarrollando. Según distintos medios, grupos ultras se enfrentaron al calor de consignas relacionadas con apoyo o rechazo al gobierno de Aleksandar Vučić, lo que avivó el conflicto en las gradas. Política y deporte, de nuevo, tristemente de la mano.
El incidente habría comenzado en los accesos al recinto, antes del partido, cuando se intercambiaron insultos entre facciones de seguidores que simpatizan o repudian al régimen. Un vídeo publicado en redes muestra cómo, en el interior del estadio, la confrontación escaló hasta el lanzamiento de objetos y empujones. La directiva del club emitió un comunicado lamentando los hechos y anunciando la identificación de varios implicados. De hecho, el club habría presentado una denuncia formal contra seis aficionados protagonistas del altercado. Anunció, además, que iniciará un procedimiento disciplinario interno y reforzará los controles de acceso en próximas jornadas. También se prevé que la federación disciplinaria del fútbol serbio tome cartas en el asunto dada la gravedad del episodio.
Seguridad en los estadios
La pelea del 24 de octubre no solo afecta a la imagen del Partizan, sino que plantea un desafío para las autoridades deportivas y policiales: cómo garantizar que los estadios dejen de ser altavoces de conflictos que deberían resolverse fuera de las gradas. El trasfondo político del enfrentamiento no es nuevo en el entorno del Partizan. El grupo de ultras más activo, los Grobari, han manifestado en múltiples ocasiones su oposición al presidente Vučić con cánticos y pancartas que mezclan fútbol y reivindicación política.
Este tipo de incidentes reflejan la profunda intersección entre deporte, identidad y política en Serbia, donde los derbis y partidos importantes se convierten con frecuencia en escenarios de expresiones ideológicas más allá del fútbol. Con la temporada en curso y la tensión social latente, el club serbio se enfrenta al reto de restaurar un ambiente seguro y civilizado en un estadio siempre caliente y ruidoso, evitando que este tipo de episodios empañen una competición envuelta en polémicas por la presencia de equipos israelís en la competición, que además volverán a jugar en aquel como locales, ante la incertidumbre acerca de su seguridad del resto de clubes del torneo continental.


