‘Prioridad nacional’, menuda redundancia. Este mensaje que Vox pone encima de la mesa es mucho mejor que el ‘America First’ o catetadas anglosajonas del estilo. ¿Por qué está causando tanto revuelo? Los progres creen tener un antídoto irrevocable contra una de las obviedades más flagrantes de los últimos tiempos. El antídoto a lo que ellos llaman «el veneno de la ultraderecha» se reduce a dos argumentos frágiles. «Esto no es legal» o «la Iglesia está en contra». ¿Cuándo a la izquierda revolucionaria le ha importado lo que diga la legalidad vigente o la Santa Madre Iglesia? En realidad se centran en nuestra Constitución y en nuestra Conferencia Episcopal.
Hay que aclararle a ese cuñado progre que nuestra Constitución (la cual no representa para mí ningún tipo de sacralidad) explicita el término «españoles» para establecer nuestros derechos y deberes. No dice «los ciudadanos del mundo«, ni los «pobres de la tierra«, ni los «ricos venezolanos«. Podría decirlo, porque en la Constitución del 78… cualquier cosa, pero pone «españoles«. Por tanto es obvio, lógico y justo que a esos españoles se nos dé prioridad para acceder a cualquier servicio público, prestación o subsidio social. ¿En qué otro país del mundo un español compite de igual a igual con un señor ciudadano de ese país concreto? Me parece un debate parvulario, que solo una izquierda que ha dejado de defender a los trabajadores puede llegarse a plantear. No puede funcionar ninguna nación que sea una especie de ONG en la que todo el mundo accede a lo mismo de la misma manera.
Después te sacan la carta de la Iglesia. Carta que la izquierda nunca usa o la usa contra esa misma Iglesia para llamarles «pederastas» o para reprocharle su posición sobre el aborto o el matrimonio LGTBI. O la Iglesia es un faro moral para todo o entonces no vale utilizarla solo para los temas que le convienen a algunos. «¿Se puede ser cristiano y defender la prioridad nacional?» se preguntan algunos mendrugos con menos luces que un barco pirata. La prioridad nacional, que no deja de ser defender la prioridad de tus raíces y tu tierra, es algo que San Pablo dejó claro. «El que no cuida primero de su casa, es peor que los incrédulos» le dijo a uno de sus más queridos discípulos, Timoteo. La Iglesia, es cierto, te anima a que hagas el bien y no mires a quién. Eso no quita a que la Iglesia admita y vea razonable un control de fronteras y una protección de aquellos que son autóctonos de un lugar para que ese pueblo siga existiendo. Es compatible lavarle los pies a los inmigrantes, acogerlos en tu casa o enseñarles gratuitamente español (por poner ejemplos de ayudas directas) con defender que, para acceder a una vivienda social o una prestación, tengan prioridad los apellidos Bermúdez o Martínez.
«¿Se puede ser cristiano y defender la prioridad nacional?» se preguntan algunos mendrugos con menos luces que un barco pirata
El problema es que este debate genera una hipocresía inmediata en casi todos nosotros. En los progres es evidente, se oponen a la «prioridad nacional», pero luego les da mucha rabia que sus niños (si es que tienen alguno) no entren en la guardería porque delante de sus hijos, están los hijos de los de fuera y si entran evitan, por norma general, que les toque con ‘el morito’ o ‘el Panchito’.
Pero no sólo peca de hipocresía la izquierda mojigata, también la derecha de la pulserita de la bandera de España. Muchos quieren prioridad nacional pero no lo aplican para alquilar su noveno piso a unos extranjeros muy majos, además se benefician de dos tipos de inmigrantes. Los pobres como ratas, a los que acinan partiendo su piso de 90 metros cuadrados en siete habitaciones y además el salón, en el que vive toda una familia. El rentista no se lo alquila a una pareja española y hace el agosto con diez inmigrantes y con toda su ilusión, obligándoles a tener tres trabajos precarios para poder pagar un zulo o un sofá mientras él se embolsa siete mil u ocho mil pavos al mes. El otro tipo de inmigrantes que interesan al propietario de nueve pisos son los ricachones extranjeros. Esos putos hijos de papá que vienen de Miami, Caracas o Acapulco, Dubai o Tel Aviv, con dinero del narcotráfico o vaya usted a saber y pagan lo que haga falta con tal de tener un piso en el que montar fiestas y grabarlas para Instagram, en las que traen scorts de lujo y la cocaína llena las mesas de esos lujosos pisos diáfanos. Unos indeseables, racistas congénitos que han venido a invadir y destrozar Madrid. Para los rentistas no suele haber prioridad nacional.
Tampoco para los empresarios. Dónde esté un africano o un sudamericano sin cultura sindical ni del derecho laboral, mejor. Pudiendo tener a un ecuatoriano 12 horas por cuatro perras, que se quite la prioridad nacional. Miles de jóvenes yéndose a trabajar fuera de España y seguimos llamando para que vengan más inmigrantes a trabajar a España. ¿La izquierda no se da cuenta que le están haciendo el juego sucio a la patronal, a Garamendi, a Ana Patricia Botín, al dueño de VIPS, al empresario de barriga y puro? Y lo más gracioso, a Negre también. El empresario de la comunicación dijo hace poco que el tenía su empresa llena de venezolanos, «porque trabajaban mucho y no se quejaban«, le faltó decir que no se quejaban de los latigazos o de remar en galeras.
Para Negre no hay prioridad nacional. Para aquellos que prefieren contratar un inmigrante sin papeles para no pagar la seguridad social, tampoco hay «prioridad nacional». Para el rentista no hay «prioridad nacional». Para el putero no hay «prioridad nacional». Para los que viajan sin parar tampoco hay «prioridad nacional». Visitan Honolulu antes que Cáceres o las Médulas o Rosas en Gerona. Para el que habla con anglicismos sin parar no hay «prioridad nacional», prefiere que su hijo estudie a ‘Charles I’ que a ‘Carlos I’. Para un montón de votantes de PP y Vox, no hay «prioridad nacional».
En Geopolítica, tampoco
Podríamos hablar también del concepto de «prioridad nacional» que tienen algunos de la geopolítica. Abrazarse y blanquear a Netanyahu no es «prioridad nacional» es «prioridad genocida» y colocar los intereses de España por detrás de un estado criminal y exterminador, tampoco. Ser defensor de la OTAN o del imperialismo americano tampoco es «prioridad nacional». Trump se está cargando el mundo con la queja con la boca muy pequeña de aquellos que hablan en el Congreso de la «prioridad nacional». «Prioridad nacional» es defender a un soldado español apresado y torturado en el Líbano, lo demás son pantomimas.
En definitiva, ¿sólo queremos «prioridad nacional» para las ayudas? Va a tener razón José Mota con aquel especial de Nochevieja, en el que parodiaba como algunos querían echar a los inmigrantes salvo a la que te limpia en casa, cuida a tus hijos, te quita un empaste o te escucha en el diván. El problema de la inmigración es imposible de atajar u organizar si sus mayores detractores son cómplices y beneficiarios del fenómeno. «Prioridad nacional» sí, por supuesto, pero sin hipocresía, con mucha humanidad y, sobre todo, sin decir chorradas propias de un debate entre cuñados.



