No se le pueden poner puertas al campo. Por Fernando Cuesta.

Desde el gobierno de la nación, con Pedro Sánchez al frente, se continúa insistiendo en el hecho de regular el acceso a las redes sociales a los menores de 16 años. Aunque lo correcto sería que se legislara dificultando al máximo que puedan acceder a ellas. Un hecho en principio plausible, pero en la práctica no parece que vaya tener un efecto ni inmediato ni tampoco va a resultar efectivo. Desde que el acceso a internet se popularizó no ha dejado de crecer su uso. El sistema que comenzó siendo un servicio de comunicación, en el seno del ejército americano, se ha extendido de tal manera que la humanidad no podría continuar avanzando si se prescindiera de internet. Se podría decir que el sistema nos ha atrapado de tal manera que prácticamente todo lo que llevamos a cabo tiene como base la red de comunicación internet.

Se podría decir que internet es el opio del pueblo, la droga del siglo XXI de la que no podemos desengancharnos. Lo mismo ocurre con los más jóvenes. Ellos, los menores, también hacen uso de ello con todo lo que conlleva, tanto para bien como todo lo contrario. Aunque no podemos obviar que hemos contribuido a que los menores utilicen internet. Casi les hemos obligado a utilizarlo en escuelas y colegios. Un hecho que con el tiempo se está confirmando que ha podido ser un error. Es decir, les hemos apadrinado esa utilización de internet y ahora comprobamos que ha sido una equivocación. Una deducción que seguro abre un extenso debate.

Son conocidos algunos episodios protagonizados por menores relacionados con las redes sociales. Episodios que en demasiados casos han tenido resultados luctuosos. Pero no por ello se debería prohibir la utilización de las redes sociales ya que ha habido ocasiones en las que el resultado de su utilización ha servido para salvar vidas. Por tanto, el hecho de la prohibición sólo porque resulten, en ocasiones, muy negativas, no es un motivo muy consistente. Es realmente un problema el incremento de un uso irracional de las redes sociales por parte de los menores. Pero su prohibición solo servirá para agudizar el ingenio de los jóvenes. No hay duda alguna que van a poder sortear la prohibición. Más tarde o más temprano conseguirán engañar a la ley. No hay puertas en el campo y si alguien lo intenta perderá tiempo y recursos. Lo mismo ocurre con leyes comola que señalo, que solo sirven para tranquilizar a los padres, pero sin ninguna garantía.

Para que los menores no hagan un mal uso de las redes sociales hay una fórmula. La educación. Es lo que desde cada hogar donde haya menores hay que llevar a cabo. Educar a los hijos es el mejor antídoto para un óptimo empleo de las redes sociales. Los padres o tutores de los jóvenes son los responsables directos de esta situación. Comprendo y entiendo que es un esfuerzo añadido a los que ya tienen los padres, pero es su responsabilidad. Si a los menores, en sus respectivos hogares, se les modela, no existe excesivo riesgo. El estado nunca debe sustituir a los padres o tutores. Los hijos son responsabilidad única de sus padres. Por ello, la ley que se prepara para prohibir a menores de 16 años la utilización de las redes sociales es un clamoroso error. Sin educación los menores no conocen fronteras. Sin educación el camino hacia el delito se encuentra en línea recta y sin obstáculo alguno. Sin educación y sin respeto las leyes se vuelven papel mojado.