Ayer por la mañana la Taberna Garibaldi, propiedad de Pablo Iglesias sufrió un ataque por parte de un individuo que entró cuando estaban abriendo el bar armado con una navaja de afeitar y una llave inglesa, alegando ser «miembro de la Fiscalía» y exigiendo de forma agresiva la retirada de un cartel en contra de los judíos que está en la puerta del local, que calificó como «secesionista» y que, según su versión, fomentaba «delitos de odio».
Ante esta situación, los trabajadores del establecimiento logaron sacar al hombre que, una vez fuera, agarró una piedra y rompió el cristal. Al parecer, tras ese primer ataque el presunto autor amenazó y agredió con la llave inglesa a uno de los empleados, que resultó herido. Momentos después llegó la Policía Nacional, que identificaron al sujeto y ahora investigan las motivaciones exactas del ataque.
No podía dejar pasar la oportunidad Pablo Iglesias de montarse su propia película en redes sociales, que en su cabeza sonaba espectacular pero que es difícil encuadrar. Para empezar, ha querido victimizarse como si fuera su particular ‘Noche de los Cristales Rotos’. «Los nazis señalaban los locales judíos y reventaban los escaparates de sus tiendas«, ha comenzado diciendo, hasta ahí todo iba bien. Él alegaba sentirse como aquellos judíos en Alemania, pero a la vez critica al atacante por lo mismo. «Hoy los sionistas intentan hacer lo mismo con los espacios antifascistas«.

Para rematar el dislate, el propio bar ha escrito otro ‘post’ en redes sociales, el que acusan de nazi al propio judío atacante. «La taberna Garibaldi ha sido atacada por un individuo nazi-sionista«, bastante al hilo de lo que decía el dueño. Para recapitular, Iglesias se compara con los judíos en Alemania, mientras tiene en el cristal carteles antisemitas y después acusa al atacante de nazi y judío a la vez. Simplemente, Pablo Iglesias, donde todos los discurso caben. Eso sí, rápidamente ha intervenido la policía a la que tanto critica el podemita.


