En la presentación de su libro ‘Matar a Rubiales’, un individuo, que acabó siendo su tío Luis, le arrojó tres huevos en una situación totalmente surrealista
El expresidente de la Federación Española de fútbol, Luis Rubiales, presentó ayer su nuevo libro, aunque debería ir pensando en crear una película, porque su vida en los últimos meses parece un guion cinematográfico propio del séptimo arte. Ni Buñuel hubiera tenido tanta imaginación, porque en muchas ocasiones la realidad supera a la ficción. Al final de lo que parecía uno de los últimos capítulos de su bochornosa situación, cuando ya parecía que se templaban las aguas, aparece su tío para lanzarle tres huevos en medio de la presentación de su libro ‘Matar a Rubiales’. No estuvo cerca de matarlo pero sí le podría haber hecho daño, ¿pero por qué su tío, Luis Rubén Rubiales? Posteriormente, fue detenido y su sobrino dijo que «emprenderé acciones legales».
Se ha sabido que su tío es un actor de series y anuncios. Pero no parece algo programado. Esperemos que no. Demasiado evidente para un Rubiales que debe mirar muy bien dónde pisa después de el acoso recibido durante los últimos meses, con muchas pirañas dispuestas a seguir mordiéndole. No vamos a volver atrás hasta el famoso beso que le arruinó la vida, pero lo cierto es que cualquier espectador debería sentir lástima de un hombre al que tanto la justicia, el feminismo, como la opinión popular han machacado sin descanso. Está tocado, pero ya parece difícil de hundir después de todo lo vivido. Y da la sensación de que está preparado para todo. Se presentó esta semana en el Chiringuito para hablar por primera vez de todo lo sucedido y se le vio más lúcido que nunca, se nota que ha ganado galones y templanza en todo este tiempo, aunque el tema del beso sea totalmente repetitivo y aburrido. Pero todo lo que le ocurre está envuelto en un halo de surrealismo absoluto, es la España de la polarización, donde unos se visten de santos y los otros de verdugos. Si se le apareciera un dinosaurio, Rubiales ya no se sobresaltaría, ya ha pasado por todo.
Volviendo al incidente de ayer, desde el prisma del expresidente fue desagradable. «Pensaba que podía ir armado, vi a una familia con niños y me asusté. Por eso, salté a por él«, comentó después. De repente, parecía una escena de la España de Luis Buñuel: Apareció Bertrand Ndongo, el periodista afín a la derecha, que agarró al agresor y se lo llevó fuera de la sala. La hija de Rubiales se puso a llorar, nadie sabía qué estaba pasando, Rubiales tenía restos de huevo en la espalda, uno de ellos estuvo a punto de pegarle en la cabeza… Los allí presentes no daban crédito. «Es mi tío«, reconoció ante la sorpresa generalizada después en una entrevista al propio Ndongo. «Es un desequilibrado mental». ¿Su propio tío tirándole huevos? Aquí surgen varias preguntas, ¿no reconoció a su tío en un primer momento? Si lo reconoció y es un desequilibrado, ¿por qué no avisó a seguridad al princiipio? Y, sobre todo, ¿realmente pensaba que llevaba un arma si era su tío? Preguntas que seguramente nunca se responderán.
«No quiero darle más bombo a este asunto», sentenció Rubiales, en un tono entre cansado y apesadumbrado, pero con la sensación de que ya nada le puede afectar. ‘Matar a Rubiales’, no creo que nadie pueda hacerlo si no han podido ya. En el futuro se hablará de Reste señor y lo que pudo ocasionar un beso inocente después de ganar un Mundial. España vuelve a demostrar que tiene una premisa clara a la par que destructiva: No es el qué, es el quién.


