Vox, los mayores líos con los mejores resultados

Las múltiples polémicas de antiguos militantes con el partido y con Abascal como diana contrastan con los mejores resultados de su historia, rozando ya el 20%

Sin duda, es uno de los momentos más trascendentes de la historia de Vox en sus trece años de vida. La formación de Abascal y él concretamente están en el ojo del huracán constantemente por terremotos ocasionados en muchas ocasiones por antiguo fuego amigo. Es decir, varios antiguos militantes están cargando las tintas contra el partido, que por otro lado convive con esto pero quizás con menos perturbación por la satisfacción que le otorgan los últimos resultados en las tres elecciones autonómicas. Vox ya está rozando el 20% de voto, lo cuál parece aplacar los continuos golpes recibidos en la auténtica ‘Casa de los líos’ de la política actual.

Hay que recordar que VOX nació para situarse a la derecha de un PP tibio. Su crecimiento paulatino es lógico para la tercera fuerza de un país que está cada vez más cansado de bipartidismo pero que no acaba de soltarlo. Su discurso más coherente que el de otros ha hecho que no caiga en la ley de la polaridad que sufrió Podemos. Subió muy fuerte, pero su falta de verdad le acabó hundiendo también a la misma velocidad. Vox está para quedarse en el panorama democrático y así lo reflejan las elecciones provinciales, pero su energía también está enfocada a parar la cantidad de flechas que vienen avistando, con la diana clavada en el pecho de su mandatario, a quien antiguos colaboradores le tachan de «dictador».

También hay que decir que los constantes abandonos del barco inicial, la huida paulatina de los pesos pesados no parece un buen síntoma. Siempre cabe la opción de reivindicar que todos se salieron de la línea del partido y que sus ansias de poder les pasó factura. ¿Pero tantos? Hay que recordar que Espinosa de los Monteros, Rocío Monasterio, Ortega Smith, Macarena Olona fueron las primeras caras visibles de la formación y todos salieron por la puerta de atrás. A estos se sumaron otros que entraron más tarde, como Juan García-Gallardo, Sánchez del Real o José Ángel Antelo, que también han rajado del partido, concentrados en una máxima que explican así: el partido se ha convertido en un culto al líder y cualquier opinión crítica es silenciada. Si persistes, acabas fuera.

Para ello, les están abriendo los brazos en muchos medios si es que desean descargar su ira contra el partido, lo cuál es un síntoma también de que los engranajes se empieza a mover con celeridad cuando se confirma que uno de cada españoles está dispuesto a votarles, ese peligroso 20% que ya rozan con los dedos, tras el 18,92% de Castilla y León. La realidad es que en los tres últimos comicios, el porcentaje de voto es de un 17,90% y el bipartidismo empieza a sacar las uñas. Por tanto, se puede decir que los españoles no han priorizado el ruido externo y las peleas internas sobre la posibilidad de que un cambio les pueda repercutir directa y personalmente. España quiere seguridad, trabajo, baja fiscalidad y paz, no más riñas entre partidos ni cuotas de poder de terceros.

Espinosa y su congreso

Especialmente llamativo es el caso de Iván Espinosa de los Monteros. Me aventuro a decir que todo el respeto y la credibilidad que se labró como representante político en VOX la ha dilapidado fuera de la formación. Ahora, quiere hacer un Congreso junto a otros 14 destacados miembros antiguos de Vox, que han suscrito un manifiesto público en el que exigen la celebración de un congreso extraordinario del partido para acabar con la «deriva organizativa, política e ideológica». Tiene su derecho porque aún es militante de VOX pero, ¿qué busca Espinosa? Ni corto ni perezoso ha creado además una web llamada congresovox.es para recabar apoyos.

Pero también hay que saber irse de los sitios. Vox parece querer contestarle: «Iván, suéltanos el brazo». Pero Iván no acepta que las cosas cambian y se aferra a un cambio dentro de un partido del que ha hablado mal y en el que ya no pertenece políticamente. Es como si te echan de una empresa y tú quieres crear un congreso para explicar los posibles cambios que necesita la empresa para que funcione mejor. Si ya no estás dentro, ¿por qué tus ideas iban a ser tenidas en cuenta para una regeneración interna? El problema de Espinosa, a mi juicio, es que se dio cuenta de que fuera de VOX el sol no calienta igual y en la empresa privada hace bastante más frío. En el fondo, no quiere regresar a su antiguo puesto, donde según él tan bien le iba, porque conoce de primera mano los beneficios que te da el Régimen del 78 y él cree que le corresponde su trozo de tarta.

Se ha dado cuenta de que salir de la formación fue un error y no sabe cómo volver a ser transcendente. Creó Atenea, una especie de asociación de corte liberal-conservador en la que iba a «traer nuevas ideas«. ¿Más ideas? España lo que necesita es acción, la gente está harta de ideas, pero él, a modo de salvador, iba a traer las correctas, al parecer. Ideas, las que propone, que parecen casar más con el PP, al que de algún modo le ha mandado un guiño. Lo que sea antes que volver a trabajar. Si hace falta unirse a los populares, a Iván no le va a temblar el pulso, porque él, más que arquitecto, empresario o político, él es constitucionalista. Y sabe que al calor del régimen partitocrático que nació en el 78 se vive reamente bien.

Y como ejemplo de la verdadera cara de Espinosa de los Monteros, rescatamos una entrevista que le concedió a Bertrand Ndongo hace un par de años, porque la hemeroteca no miente, donde al arquitecto se le escapó una frase difícilmente justificable. 30 segundos que explican cómo funciona el juego de la democracia. Ndongo le pregunta, tras su salida de VOX, si va a votar a algún partido político. «No tengo respuesta ahora mismo«, le contesta. «Me pasa lo que le pasa a a mucha gente, que tenemos claro que no nos gusta lo que hay, pero hay que movilizarse para votar«. ¿Perdón? ¿Está diciendo que no le gusta nada lo que hay pero hay que movilizarse, no ya ir a votar, movilizarse?

A continuación, añade que «si no vamos a votar y no quedamos en casa, luego no nos podemos quejar«, pero «tenemos más rechazo por lo que hay que gusto por las opciones disponibles«. La eterna farsa electoral, explicada en 30 segundos. Es decir, no me gusta ninguna opción, pero como consecuencia, hay que «movilizarse en ir a votar«, no vaya a ser que el chollo se acabe. Será exactamente lo contrario, si no te representa ninguna opción muestras tu descontento sin votar a nadie o con el voto en blanco. Pero claro, Espinosa sabe que la maquinaria democrática bajo el sufragio universal debe seguir su cauce para dar cabida a unos cuantos vividores. Cómo destrozar tu reputación en 30 segundos.