La democracia española estrena un nuevo capítulo. Un capítulo decepcionante y vergonzoso. El que fuera presidente del gobierno entre los años 2004 y 2011, y secretario general del PSOE, José Luís Rodriguez Zapatero, ha sido imputado por corrupción. Se le imputa que tuvo relación con las ayudas de 53 millones de euros a una aerolínea hispano-venezolana Plus Ultra, que participó en la gestión para que dichas ayudas se hicieran efectivas. Una compañía que no cumplía los requisitos para las ayudas entre los que se encontraban que no era una aerolínea que tenía sus cuentas saneadas y además estaba en deuda con algunos de sus proveedores y con sus trabajadores. Una situación que suponía no estar en el catálogo de empresas para poder optar a subvención alguna.
A pesar de ello, se les fue concedido esos 53 millones de euros en ayudas, que empleó la aerolínea para otros fines, que no era el destino de esas ayudas. Pero con la intermediación que se puede traducir en tráfico de influencias de Zapatero, que presuntamente desvió esas subvenciones de las que, al parecer, se lucró con 2 millones de euros junto con sus hijas. Y por si si esto no fuera poco, y como consecuencia de lo descrito, su oficina particular y la oficina de la empresa de sus hijas han sido registradas por miembros de la sección de la Policía nacional, la denominada AUDED.
Es muy lamentable y preocupante que la democracia española se encuentre al borde de la indecencia y de un nuevo borrón en su ya longeva trayectoria. Siempre respetando la presunción de inocencia de cualquier ciudadano y Zapatero es un ciudadano más, el expresidente se encuentra al borde de la línea entre la legalidad y eso genera gran indignación y críticas muy gruesas desde la sociedad. Unas críticas muy respetables, siempre que sean con criterio y respetuosas, que coindicen en la falta de dignidad que Zapatero ha demostrado.
Porque es lamentable que Zapatero, todo un expresidente del gobierno, esté señalado por la Justicia en relación a algunos delitos, como es el tráfico de influencias o falsedad documental. Lo que finiquita el prestigio de una parte de la sociedad, su “familia” socialista, aunque públicamente no los expresen. Al contrario, declaran seguir confiando en su inocencia. Pero al contrario que a los secretarios de organización del PSOE, Ábalos y Cerdán, a los que les dedicaron grandes aplausos en señal de apoyo en el Congreso, en este caso esos aplausos no se oyeron, fueron sordos. Un hecho que revela su honda preocupación por los presuntos delitos de los que se le acusan.
No debe sorprendernos que este episodio esté teniendo una gran repercusión en el plano internacional, ya que España, aunque una buena parte de la sociedad no es consciente de ello, es un país de gran relevancia a escala mundial. Los medios que recogen está noticia no colocan al gobierno de Sánchez en un buen lugar, pero lo que más nos debe preocupar es la pérdida de prestigio de nuestro país. Hemos visto recientemente que, tras unos comicios en Gran Bretaña, el primer ministro va a ser cesado.
Solo por perder votos, el morador de Down Street dejará de liderar el gobierno británico y Sánchez, que ha estado vinculado a Zapatero de manera muy estrecha, ni siquiera dé la cara, realizando alguna declaración rápida sobre lo ocurrido entre la justicia y Zapatero. Aunque es habitual en el presidente del gobierno cuando sucede algo de relevancia y que le repercute de manera directa, su manera de dar respuesta es huir; organizar un viaje más allá de nuestras fronteras, igual que Yolanda Díaz. Como el delincuente cuando roba y sale corriendo, así reacciona el presidente del gobierno. Es como si formara parte de su ADN.
Reacción patética
La reacción de los socialistas no ha podido ser más patética. La portavoz del gobierno, Elma Sáinz, subrayando su admiración por Zapatero, ha señalado, para defenderle, un episodio de su biografía política que araña la sensibilidad de muchas víctimas del terrorismo. Ha destacado que Zapatero derrotó a ETA cuando se encontraba al frente del gobierno. Un hecho que falta a la verdad, y que quien derrotó a ETA fue la sociedad. Pero también se olvida que Zapatero, estando la banda terrorista asfixiada, le proporcionó o las herramientas suficientes para su “resurrección” y la confirmación es que sus herederos, EH-BILDU, están sentados en el Congreso de los Diputados y que, gracias a ellos, Sánchez gobierna este país.
Cuando un juez toma una decisión de este calado tiene muy claro que tiene los suficientes indicios para ello. Y a tenor de las informaciones que estábamos conociendo, el juez ha sido muy prudente y cauto para llegar a señalar a Zapatero como ciudadano que debe ser investigado. Además, es de agradecer que el juez que lleva este caso, José Luis Calama, pudiendo haber tomado la decisión de imputar a Zapatero, pasadas los comicios de la Comunidad de Andalucía, lo haya hecho a tiempo. Un hecho que demuestra que el poder judicial demuestra y pone en práctica la independencia de los poderes del estado. Una gran lección de la que debe tomar nota el ejecutivo de Pedro Sánchez que, en demasiadas ocasiones, viola esa independencia.


