Cuando una bomba explota, los daños no llegan tanto por la explosión, sino por la onda expansiva, que es la que suele causar mayores estragos. Si la bomba ha sido la detención de Maduro en la operación del ejército americano, la onda puede hacer que se sucedan una serie de acontecimientos en cascada, en forma de detenciones, en los próximos días. Y ya se sabe, además, que cuando cae el pez gordo, caen todos. Y hay un nombre muy claro encima de la mesa, el del expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Ha llegado la hora que se conozca y se juzgue la relación de Zapatero con el gobierno comunista venezolano. Y EEUU no va a mirar para otro lado: emitirá una orden de de arresto internacional contra él.
De este modo, ZP se puede venir abajo con toda la casa encima. Recordemos que son de sobra conocidos sus vínculos con el narcoestado caribeño. A pesar de su habitual papel de mediador internacional, adjudicándose el papel de juez y parte, hay varias acusaciones que el gobierno americano va a investigar. En primer lugar, se querrá conocer cuáles son las implicaciones legales y los vínculos económicos que les unen. Se querrá saber cuál su relación con los políticos detenidos. Su rol como mediador y observador, pero con poca neutralidad, ha sido criticado incluso por miembros de su propio espectro político y por líderes opositores venezolanos. Seguramente también se querrá conocer si realizó cualquier tipo de asesoramiento o consultoría relacionada con Venezuela, que en caso de no demostrar la máxima transparencia, podría ser motivo de delito.
También habrá que estar atentos a terceras personas del régimen de Maduro, que no tengan inconveniente en hablar y contar sus vínculos con el expolítico español. Tras la sucesión de acontecimientos en el último día, el nombre del de Valladolid ha salido a la palestra como uno de los posibles grandes afectados por el rumbo de los acontecimientos. Diferentes medios han especulado también con le hecho de que cuente con posesiones de valor en el país caribeño, supuestos agradecimientos del poder por su labor de mediador. Lo que está claro es que la percepción reputacional del socialista está bajo mínimos, a la espera de que salgan todos los trapos sucios de una vez. Mala época para ser Zapatero. Ahora, el mediador deberá mediar con la justicia.


