Creo conveniente realizar algunas reflexiones antes de describir lo que ocurrió en el Senado, en relación a la comparecencia del ex presidente del gobierno Zapatero, que llegó a presidirle a consecuencia de una clara manipulación de los atentados del 11-M, J.L.R. Zapatero. Se dice que, si no se quiere llegar a conocer de manera adecuada algún episodio de gran trascendencia hay que crear una comisión. También existen otras opiniones contrarias. Consideran que es muy positivo, pero no por las conclusiones obtenidas, ya que en la mayoría de las veces se adaptan a los objetivos de quienes han impulsado la comisión. Lo que más relevancia tiene son algunos de los comparecientes que en ‘carne viva’ pueden revelar algunas cuestiones de gran trascendencia y pueden caer en contradicciones.
Eso es lo más importante para los que consideran positivas las comisiones. Escuchar a quienes son requeridos, más allá de las conclusiones. Además de considerar que también las comisiones tienen la capacidad de solicitar algunas comparecencias que de otro modo no serían posibles. No se lo tomarían en serio personajes de gran proyección social y política, que no se verían obligados a acudir. Pero sí lo hacen cuando se trata de comisiones creadas en instituciones como en el Congreso o el Senado. Tiene carácter obligatorio y quien no acude sin motivarlo de manera adecuada está expuesto a una penalización.
En el Senado se han creado varias comisiones que ignoro si llegarán a servir para aclarar algunas cuestiones, pero han despertado una gran expectación gracias a algunos de los comparecientes. La comisión sobre el rescate público a la aerolínea Plus Ultra ha requerido la presencia de varios personajes. Las comparecencias requeridas han sido y están siendo de diferente relevancia en el plan social y político.
Una de ellas, no cabe duda, que ha generado una gran expectación. Desde que el líder de la oposición, Núñez Feijoo, anunció que se iba a requerir su presencia, los medios de comunicación de inmediato y de manera muy intensa comenzaron dar a conocer dicha comparecencia. Es la de Zapatero.
El mandatario, contra su voluntad, se ha visto obligado a presentarse en la comisión. Esa manera forzada de acudir se ha reflejado desde el principio de su comparecencia. Desde que se ha sentado, ha mostrado su escasa disposición a facilitar la labor de los senadores. Lo cual no sorprende dadas las declaraciones que ha venido realizando el expresidente sobre algunos temas de los que presuntamente se le iba a preguntar. Pero sobre todo por lo que se ha publicado sobre algunas gestiones, presuntamente incriminatorias, realizadas por Zapatero. Por tanto, se hacía muy evidente su incomodidad. Se le ha visto inseguro excepto cuando ha tenido que contestar a sus compañeros socialistas. Pero creo adecuado hacer un alto. Porque es muy reseñable la intervención de un senador, el representante de ERC, Joan Josep Queralt. El senador de la formación independentista catalana ha protagonizado un episodio para conservar. Su manera de preguntar al señor Zapatero se asemejaba a una sumisión que a un interrogatorio.
Nervioso e incómodo
El señor Queralt no ha tenido ningún complejo en apuntarse como abogado defensor de Zapatero. Ha mostrado de manera rotunda no estar a la altura de lo que se le exige y que no es ni mas ni menos que cumplir con su labor. Si observan su manera de llevar a cabo su trabajo en una empresa privada estaría fuera. Mientras, Zapatero ha mostrado su nerviosismo a través de su protesta por esa convocatoria con un motivo poco sostenible: “No hay razón ninguna para que fuera llamado a esta comisión”. Una afirmación huérfana de argumentación. Se asemeja a un escolar diciéndole al maestro: “No he hecho los deberes porque se me ha olvidado”. Esto nos lleva a deducir que algo oculta. Una persona que no tiene nada de qué avergonzarse ni ocultar no tiene que estar molesto por ser convocado.
Además, mostrarse contrario a comparecer contradice sus principios de los que siempre se auto abanderaba. Eran la trasparencia y el diálogo. Esta comisión le daba la oportunidad de despejar muchas de las dudas que ha despertado en la sociedad por su manera de actuar. Cuando el representante del PP, el señor Maíllo, le dirigía varias preguntas su denominador común era colocar la coletilla de bulo o mentira. Una cosa muy curiosa y muy poco inteligente. Sus respuestas más parecían de una comedia que de una comisión. No trato de burlarme del señor Zapatero, pero no es para menos. Contestó que hacía informes orales, lo cuál es para esbozar una sonrisa. Es como que alguien pintara en las nubes, es decir Zapatero trataba de escurrir el bulto porque facturaba a cuenta de trabajos inconfesables.
El señor Maíllo le colocó entre la espada y la pared cuando le señalo que alguno de sus informes que había realizado eran copia y pega sacados de la OMS. Le acusó de que esos informes encajarían como una figura delictiva, un timo, una estafa. Además, por ellos cobró unas cantidades muy importantes.
Tras esta comparecencia es muy destacable lo que ha sucedido. La Audiencia Nacional va a asumir a través del juez Calama la investigación del caso de la aerolínea Plus Ultra. Caso en el que el señor Zapatero está señalado por un presunto delito de tráfico de influencias. Lo cual nos da la respuesta de ese nerviosismo que exhibió el expresidente del gobierno en el trascurso de su comparecencia en la comisión


