OPINIÓN: La democracia se va al infierno a este paso. Por Fernando Cuesta

Cada día que pasa, una buena parte de la sociedad, percibe que la democracia española se va deslizando hacia un espacio similar al infierno. Los responsables políticos que nos gobiernan están inyectando al sistema organizativo político grandes dosis de corrupción y demasiadas cargas de profundidad para disolver la democracia que logramos obtener con grandes esfuerzos.

El gobierno liderado por el socialista Pedro Sánchez ha demostrado que ignora conscientemente que España es un país donde la democracia es el sistema de organización de este estado. La izquierda, con el PSOE a la cabeza, ha trazado, desde que Zapatero llegó a liderar el gobierno, un proyecto basado en destruir el estado de derecho. Ha ido colocando dinamita anti democrática para que nuestro sistema basado en la libertad estalle por los aires.

La constante crítica descalificatoria contra el poder judicial es una muestra muy clara de ese intento de asalto a la democracia. Pese a ello, la resistencia de gran parte de la judicatura, aplicando la ley, está convirtiéndose en un muro de defensa de la democracia. Las condenas que se están llevando a cabo sobre personas muy relacionadas con el poder actual, creo que son esenciales para llevar a cabo el plan de la destrucción de la democracia.

Porque la clausura de las democracias, en la actualidad, no se dan por finalizadas de manera violenta. Como señalaba, a día de hoy, se puede destruir desde dentro, aprovechando el letargo en el que se encuentra la sociedad. Un letargo que se traduce en el silencio con el que responde al abuso de poder del partido en el gobierno y de todas las formaciones políticas que le apoyan.

Pero empieza a abrirse una ventana en la que está saliendo el hartazgo de la sociedad. La invasión de Ceuta y la reacción de toda la sociedad mostrando su rechazo puede que provoque el comienzo de la etapa del protagonismo social.

Marruecos, impulsor de la invasión, con la aquiescencia del gobierno de España, no valoró la reacción del pueblo español. El país alauí creyó que la debilidad del ejecutivo español debido, sobre todo, al espionaje de Pegasus (programa de espionaje), haría triunfar su proyecto de anexión de Ceuta, pero erró estrepitosamente. Marruecos, con su rey sátrapa a la cabeza, ignora que la democracia es una cultura arraigada en la sociedad que no tolera ninguna clase de injerencias y menos la de un país que siempre se ha caracterizado como un enemigo de las democracias. Marruecos es una gran prueba para la sociedad para consolidar y reforzar el sentimiento patriótico.

Napoleón también cayó

El sátrapa rey alauí actual y su ya desaparecido padre han aprovechado la debilidad de nuestro gobierno para apropiarse de tierras que nunca le han pertenecido. El rey indecente marroquí cree que un gobierno español débil es como una fruta madura que cae del árbol. Lo que no ha calculado es que cuando se va a recoger el fruto que no le pertenece, es muy posible que unos canes te destrocen la mano cuando vayas a robar el fruto.

Hemos dicho que Sánchez trata de borrar la democracia y el estado de derecho, pero la reacción de la sociedad contra la invasión marroquí, ese proyecto de destruir la democracia, ha sido dilapidado. España y los españoles tienen muchos defectos, pero cuando se ataca los pilares de la sociedad, reacciona de tal manera que nadie puede superar. Napoleón quiso apoderarse de España y no pudo. El imperio francés, con la fuerza que ello supone para un país, sobre todo militar, fue derrotado por los españoles, que no toleran que nadie ni nada les invada.

Recientemente la isla de Perejil quiso invadirla nuestro enemigo Marruecos y salió con el rabo entre las piernas. En la actualidad nos costará algo más expulsar al invasor como en Perejil, pero Marruecos saldrá de Ceuta de igual manera, con un añadido, los productos que se importan de Marruecos a buen seguro sufrirán un boicot importante de la sociedad española. Lo cual ni Pegasus, ni Sánchez, ni todos los medios cercanos al gobierno (la sincronizada) podrán impedir.