En los medios hay un monotema, Ceuta, y no es de extrañar por la enorme gravedad de lo que allí está pasando.
Cuantas mentiras y sandeces tenemos que escuchar por parte de los que se empeñan en defender lo indefendible, la gestión del gobierno o, no sabemos si la complicidad del gobierno ante la invasión de España por Marruecos.
El propio presidente el 31 de julio de 2026 definió los hechos como “un ataque, una violación de la integridad territorial de España”. Estando tan reciente la situación, pensó que debía dar la impresión de que estaba en Ceuta para defenderla de la invasión de la que había sido objeto por parte de Marruecos. Después, no sólo no ha vuelto a repetir esas palabras, sino que, reforzando su natural tendencia a la mentira, ha reiterado de Marruecos lo contrario.
Aunque hay sospechas más que fundadas para pensar que Sánchez y parte de su gobierno son rehenes de Marruecos como consecuencia del espionaje al que fueron sometidos sus móviles, no me voy a apoyar en esa sospecha, sino en los hechos que han venido sucediéndose desde la invasión.
El diccionario de la RAE define invadir cómo “irrumpir, entrar por la fuerza”. Si la entrada en tromba, masiva y violenta de, al menos, 80.000 personas por la frontera de Ceuta no se considera invasión sino crisis migratoria, hay algo que, claramente, no funciona.
Muchos medios hablan de guerra híbrida, no sé si es híbrida o pura, pero es guerra. Cuando una nación invade a otra, simple y llanamente es una acción de guerra, y como tal, necesita una respuesta acorde con las circunstancias de la invasión.
En el caso de Ceuta, una vez que se produce la invasión, la única contestación que puede, y debe, poner en marcha el gobierno es repelerla expulsando inmediatamente a los invasores.
Si lo que hace el gobierno, después de reconocer en un primer momento que se trata de una violación de nuestra integridad territorial, es disfrazar la invasión de crisis migratoria y, consecuentemente, lejos de poner en la frontera a los invasores, los acoge por “razones humanitarias”, el asunto empieza a desprender un olor fétido, sobre todo para los ceutíes, a los que se les han aniquilado sus derechos y se les ha obligado a encerrarse en sus casas ante la situación de caos y delincuencia permitida, si no promocionada, por el gobierno.
Si quien te tiene que defender, no solo no lo hace, sino que, además, le da las gracias al invasor por haberte invadido, eso solo tiene un nombre: TRAICIÓN.
Ley de la selva
Cuando un país es invadido, tiene todo el derecho del mundo a expulsar de su territorio a los invasores y, lo que es más importante, la obligación de defender a sus nacionales repeliendo la violación territorial con todos los medios a su alcance. Lo contrario es admitir que existe un derecho a la invasión de cualquier país, en cuyo caso estaríamos consolidando la ley de la selva en la que todo vale, que es, exactamente, lo que está haciendo el gobierno de España.
Por si Sánchez tenía alguna duda en cuanto a que esto es una invasión en toda regla, que no la tiene, Europa ha aprobado una resolución en la que se declara que lo ocurrido en Ceuta es una invasión y que la españolidad de Ceuta y Melilla es incuestionable.
Ahora Sánchez está intentando la misma jugada que en la Dana con Mazón. Como jamás asume responsabilidad alguna, a pesar de la multitud de barrabasadas y tropelías cometidas, con el tema de Ceuta ya ha encontrado a quien echarle el muerto; al Presidente de la Ciudad Autónoma.
Lo de la Dana le salió bien porque el PP, con su habitual tibieza, no supo defender a Mazón. La defensa no era tan complicada si hubieran querido poner encima de la mesa la enorme dejación de funciones del gobierno, único competente para movilizar al Ejército, Policía Nacional y Guardia Civil.
Con Ceuta lo tiene mucho más difícil, porque no se trata de una comunidad autónoma y, en este caso, prácticamente todas las competencias son del gobierno y no del Presidente de Ceuta. Con gesto amargado y sin atreverse a mirar a la periodista que le preguntó por los menores no acompañados, respondió: “eso a Vivas, pregúntele”. Ya conocemos la catadura moral de este individuo, por lo que no nos extraña la respuesta, pero lo que sí ha puesto de manifiesto es la maniobra que ha iniciado para que Vivas se coma el marrón.
Me alegra comunicarle que esta vez no va a conseguir sacudirse la responsabilidad que sólo a él y a su gobierno les compete. Se les ve nerviosos porque la comisión de fechorías tiene un límite y, en esta ocasión, lo han rebasado muy ampliamente. Las actuaciones judiciales iniciadas y el vuelo rasante del delito de traición les tienen acongojados.
Perritos falderos
Da pena ver como personas que ocupan posiciones de máxima responsabilidad, los ministros, actúan como auténticos perritos falderos repitiendo todos a una la frase que les ordena su despótico jefe. En esta ocasión la frase es “meter palos en la rueda” refiriéndose a la oposición. Claro, como no tienen con qué responder a las preguntas que se les hace, responden con frases que nada tienen que ver con la realidad de lo que está ocurriendo.
Los hechos hablan por sí solos, Sánchez está haciendo lo contrario de lo que tiene que hacer el presidente de una nación ante un “ataque, una violación de la integridad territorial de España”, utilizando sus mismas palabras.
En mi opinión este modo de comportarse sólo puede obedecer a una de estas dos situaciones, o a las dos a la vez:
1.- Que esté sometido por Marruecos a un tremendo chantaje por el caso Pegasus.
2.- Que la entrega de Ceuta y Melilla forme parte de un plan compartido con sus amigos globalistas, o quizás jefes, para destruir España.
Cualquiera de los dos casos es de una gravedad suprema y, lo catastrófico es que nuestro sistema no tiene resortes para expulsar a los que están traicionando a España.
José Ignacio Echegaray
En colaboración con enraizados.com


