Alemania deja de lado el cambio climático

El gobierno de Friedrich Merz da un volantazo en el tema del clima, prefiriendo centrarse en los problemas reales, como la estabilidad económica o el envejecimiento poblacional

Alemania ya no quiere liderar la lucha contra el cambio climático. Resulta que el país, al igual que deberían hacer el resto, prefiere centrarse en los problemas reales, a los que sí debería poder hacer frente, tales como la estabilidad económica y la competitividad industrial. Resulta que Alemania, que según datos oficiales, sería el país más contaminante en el continente europeo. No obstante, han caído en la cuenta que no pueden llegar a todo y no son pocos los problemas que le acechan. El país acumula dos años en recesión y un tercero que cerrará con apenas un leve crecimiento. La desaceleración industrial, los costes energéticos, el envejecimiento poblacional o los problemas de delincuencia acechan al país y deben priorizar sobre el resto de situaciones.  Quedan lejos los años de bonanza en los que Angela Merkel se proclamó como la “canciller del clima”.

Los asesores climáticos del país ya han alertado de que los planes actuales del Gobierno podrían dificultar el cumplimiento de los objetivos a largo plazo, especialmente más allá de 2030. Pese a que Alemania aún está en camino de alcanzar su meta de reducción de emisiones para 2030 (-65% frente a 1990), los expertos advierten que corre riesgo de fallar en sus objetivos de neutralidad para 2045. Esto quiere decir que continuará con sus intentos climáticos, pero ya no es prioritario. “Hay una estrategia climática clara y a largo plazo”, subrayó aun así ayer el Consejo de Expertos Climáticos, que exige un programa ambicioso antes de marzo de 2026. Esto provocó cierta tensión interna y externa. Por ejemplo, en la reciente cumbre climático de Belem, el canciller Merz chocó con otros líderes por su enfoque menos agresivo.

Analistas y activistas señalan que Alemania, que antes era líder en políticas verdes, ahora podría debilitar el esfuerzo europeo conjunto contra el cambio climático. Aunque seguirá invirtiendo en infraestructura energética, gran parte del debate político se ha desplazado hacia cómo mantener la economía funcionando a buen ritmo y garantizar el suministro energético. En resumen, aunque el país teutón no ha abandonado formalmente sus objetivos climáticos, su nueva estrategia refleja un retroceso real en la urgencia e intensidad con la que aborda la crisis climática en favor de los problemas del día a día.