OPINIÓN: Baja laboral y absentismo: una confusión con consecuencias

Estos días se ha colocado en el centro del debate público el aumento de las bajas laborales. Un debate que no es nuevo, pero que muestra una clara preocupación, ya que está resultando un gran problema para todos los protagonistas, trabajadores y empresarios. Los datos sobre el número bajas ponen de relieve y nos clarifican la realidad del problema. Además, deberían servir para abordar esta cuestión de manera muy seria y, sobre todo, alejada del populismo.

No es una buena decisión que las fuerzas políticas de todos los signos se encuentren “metiendo la patita” en una “finca particular”. Una finca de la que solo deberían aportar una regulación encaminada a resolver esta grave situación. El incremento de las bajas laborales se debe, en gran medida, al desconocimiento de quienes tienen las competencias suficientes para corregir la mala situación laboral en cuanto a las bajas y que no son otros que los responsables políticos.

Muchos de esos políticos que han vertido opiniones sobre las bajas apenas han tenido contacto con el mundo laboral. Solo conocen muy de cerca a los camareros y cocineros dada las innumerables veces que visitan los establecimientos hosteleros. Un ejemplo claro es la de la que hoy es presidenta del Congreso de los diputados, la señora Armengol. Una señora que durante el confinamiento se permitió romperlo acudiendo a un establecimiento hostelero para disfrutar de lo que allí se ofrecía mientras que al resto de ciudadanos se nos encerró ilegalmente durante meses.

Es decir, no saben nada, solo de oídas, sobre el trabajo en las minas, fábricas e incluso reponedores de comercio. La mayoría sólo han sido meros espectadores del trabajo, como Armengol, que desarrollan los ciudadanos. De ahí sus más que agudos errores cuando han opinado acerca de las bajas laborales.

Algunas, y no pocas, de esas bajas, se prolongan debido a que la cita para ser operados es muy prolongada en el tiempo. En algunas comunidades puede llegar hasta 90 días. Es decir, si dicha operación es necesaria para poder continuar trabajando, el resultado es muy negativo para el trabajador y que nada puede hacer por abreviar su falta de actividad.

En este caso quien es el responsable de esta prolongación sin duda es el estado, el sistema sanitario que por su mala gestión se ve desbordado con el perjuicio consiguiente. En estos casos la administración es la que se ve penalizada, pero el trabajador también, excepto si el convenio de su empresa cubre al cien por cien su nómina.

En cuanto a los tipos de bajas, es difícil detectar el fraude. Si el trabajador dice que padece dolores y que en muchas ocasiones dice ser insoportables y le impide trabajar es un motivo para cesar su actividad. Lo vamos a describir ya que es un caso muy habitual en el ambiente laboral.

¿Cómo se detecta el dolor?

El trabajador pone en conocimiento del médico esa incidencia del dolor sobre su salud y el facultativo se ve obligado a firmar su incapacidad laboral porque el dolor no tiene ningún sistema para ser detectado. Si el doctor tiene sospechas de que esa dolencia no existe nada puede hacer ya que si no le extiende la baja se expone a algún tipo de sanción si el solicitante de la baja, denuncia esa negativa.

Por tanto, es más que probable y, a las estadísticas oficiales me remito, que haya personas que simulen esos dolores, pero nada se puede hacer por ello. Si para más añadidura, el convenio de empresa cubre íntegramente el sueldo, el timo es aún más grave.

También se ha señalado que enfermos de cáncer se les abona un sueldo que no es el total que si estuviesen trabajando. Una afirmación que tilda al político y Diputado en las Cortes españolas de un escaso conocimiento del mercado laboral. Aunque dicha persona que ha expresado dicha afirmación haya padecido un maldito cáncer no es portavoz del conjunto de personas que hayan atravesado o sigan atravesando su misma situación de salud.

También debemos señalar que los diputados cobran la totalidad de su salario desde 20202. Un hecho que hace que sean unos privilegiados en comparación de algunos de los trabajadores. Un hecho que parecen ignorar nuestros representantes políticos y de ahí sus declaraciones un tanto fuera de tono.

Si en las empresas donde trabajan algunos trabajadores el convenio laboral no recoge ese cien por cien de salario en caso de baja los trabajadores, las estadísticas indican claramente que las bajas apenas tienen incidencia en la cuenta de resultados de la empresa. Lo que nos señala que son empresas en las que el timo que pudieran llevar a cabo los empleados sobre su in capacidad laboral se reducería exponencialmente.

Pero vayamos al centro del debate. Un país no puede sostenerse si todos los días no acuden a su puesto de trabajo 1.600.000 personas. Pero debemos bien distinguir entre las bajas laborales y el absentismo. En la cifra que he descrito se engloban las bajas laborales. Bajas que pueden, en su mayoría, estar justificadas y el resto ser el verdadero absentismo laboral.

Absentismo es coger la baja un viernes y el alta un lunes. Aunque también hay quien el lunes coge la baja y el viernes el alta. Sin olvidar la baja por depresión. De este tipo de bajas es mejor no incidir ya que podríamos señalar que es el mal que está de moda para motivar no responder a su responsabilidad, que es trabajar.

Descrito algunos de los casos, podemos señalar que los políticos que han hablado sobre el absentismo no han sabido distinguirlo de las bajas laborales. Además, demuestran que siempre llegan tarde para tratar de resolver los problemas como el que estamos tratando. Lo cual nos lleva a deducir, como he señalado anteriormente que apenas están teniendo conocimiento del campo laboral.

Pero no podemos culpabilizar por entero a la clase política de no atajar este problema mucho antes. Aunque, hay una excepción. La ministra de Trabajo, la representante de SUMAR en el gobierno, Yolanda Díaz. Una señora que no ha sabido detectar el problema del absentismo porque se ha dedicado, entre otras cosas, a formar parte del escudo del presidente del gobierno sobre la corrupción que le acecha y en la que están involucrados su esposa y su hermano.

Sindicatos que callan

Pero vayamos al germen que debería haber denunciado el incremento extraordinario del absentismo. Los sindicatos, UGT y CCOO. José Álvarez y Unai Sordo. Dos personajes que nunca demostraron ser unos verdaderos líderes sindicales y el silencio que han guardado sobre el absentismo lo demuestra. Estos dos individuos se dedican a la política de manera descarada defendiendo los postulados de la izquierda y traicionando a muchos de los trabajadores que no se colocan de ningún lado de política o no comparten los ideales de la izquierda.

En definitiva, el absentismo laboral es un problema que se incrementa cada día y que hay que poner un rápido remedio. Como señalaba, España no puede permitirse que haya gente ociosa timando al resto de trabajadores. Nuestros representantes políticos tienen en sus manos corregir el error, pero es imprescindible dejar a un lado el sectarismo ideológico.

Porque legislar bajo el paraguas de una ideología es ahondar en los errores, sobre todo en materia social y laboral. Lo lamentable es que desde que llegó a la presidencia del gobierno, Pedro Sánchez, ha impregnado todo de una visión muy particular y sin ningún objetivo social para mejorar el país. En este caso considero que el continuismo de su manera de gobernar seguirá y, por tanto, nos debemos de olvidar de que el absentismo se irá corrigiendo.