Una bonita historia desde el reino animal. Por el Dr. Jesús Devesa

Una bonita historia, superior a las que muchas veces se dan entre los hombres. Hace un par de días muchos, creo que no todos, nos enteramos de la triste historia de una joven llamada Noelia que culminó con su fallecimiento por eutanasia a los 25 años de edad. Una historia que debiera hacernos reflexionar acerca del comportamiento humano, en general, tan antinatural en tantas, demasiadas ocasiones. Si cito esto ahora es porque hace unos minutos leí algo que ahora voy a describir aquí, algo que invita a la comparación y reflexión acerca de qué somos y cómo actuamos en relación con otras muchas especies que conviven con nosotros en la Tierra.

Y aquí viene la historia: científicos observan a cachalotes trabajando en equipo para asistir un parto.

Los investigadores sabían que algo andaba mal. Era julio de 2023 y estaban en un barco en el mar Caribe, siguiendo a un cachalote, cuando se toparon con un grupo más grande: 11 ballenas, agrupadas cerca de la superficie. Pero no eran tan activas ni sociables como el biólogo marino Shane Gero esperaba.

«Estaban allí tumbadas tranquilamente«, dijo. Los investigadores lanzaron dos drones aéreos y comenzaron a filmar. Aproximadamente una hora después, la calma se rompió. Las ballenas comenzaron a agitarse y un repentino chorro de sangre tiñó el agua de rojo. «Para ser honesto, pensé que habían atacado depredadores«, dijo Gero. «Y pensé: ‘Oh, no. Este va a ser un día horrible, terrible, espantoso'».

En cambio, se convertiría en uno de los días más gratificantes de su vida. Lo que presenciaron —y lo que los drones habían estado grabando— fue el nacimiento de un cachalote. «Capturamos el trabajo de parto y el momento en que la aleta caudal emergió de la madre«, dijo Gero (las ballenas nacen con la cola primero). Utilizaron micrófonos subacuáticos para grabar los chasquidos que las ballenas emitían entre sí bajo el agua; su comunicación es el foco del trabajo de Gero como bióloga principal del Proyecto CETI, un grupo de investigación de ballenas sin fines de lucro. Presenciaron el nacimiento. Y observaron durante horas cómo diferentes individuos, incluso ballenas sin parentesco genético con la madre, ayudaban a elevar a la cría recién nacida a la superficie para que pudiera respirar.

Los acontecimientos de ese día se describen con detalle ahora en dos estudios, publicados en las revistas Science y Scientific Reports. Juntos, ofrecen la crónica más detallada de un nacimiento de cachalote hasta la fecha. Y muestran un esfuerzo de cooperación y coordinación extraordinario para ayudar tanto a la madre como a la cría. Utilizando las grabaciones de video, el aprendizaje automático y años de observaciones de campo, los científicos pudieron identificar a la madre como un cachalote llamado Rounder.

Los cachalotes viven en grupos matrilineales: abuelas, madres e hijas. Las hembras permanecen juntas, mientras que los machos se independizan al llegar a la adolescencia. El grupo de Rounder, la Unidad A, incluía dos linajes matrilineales distintos que no suelen pasar mucho tiempo cerca. Aproximadamente la mitad de las ballenas presentes durante el parto no estaban directamente emparentadas con ella.

Pero los vídeos muestran que eso no impidió que los miembros no familiares ayudaran. Las crías de ballena tienen flotabilidad negativa, explicó Gero. No tienen el órgano oleoso completamente desarrollado en la nariz que ayuda a los cachalotes adultos a subir a la superficie. Por lo tanto, sin esfuerzo, las crías se hunden. Durante las primeras tres horas después del nacimiento, todas las ballenas presentes se turnaron para mantener a flote a la cría.

«Los comportamientos que observamos —al apoyar a la madre y a la cría— reflejan una sociedad cooperativa compleja que no se puede explicar simplemente con un ‘Bueno, es que están emparentados'», afirmó Gero. «Hay algo más profundo en ello: viven en una sociedad donde la expectativa es ‘Te ayudaré para que tú me ayudes‘». Philippa Brakes, ecóloga del comportamiento de la Universidad de Exeter e investigadora de la organización benéfica de conservación de la vida silvestre Whale and Dolphin Conservation, afirma que los hallazgos sugieren una superposición de comportamientos culturales e innatos en las ballenas.

¿Extraordinario?

«Una analogía para los humanos podría ser el que cuando se trata de ayudar a personas en situaciones extremas, la mayoría responderíamos a alguien que está dando a luz en la calle«, dijo. ¿De verdad es así? me pregunto. Posiblemente si se trata de un parto, pero ¿no favorecemos el aborto que, en realidad es u asesinato consentido? Y no hablemos solo del aborto, ¿cuando y cuántas veces se ayuda a quien o quienes lo necesitan? Gero indicó que su equipo continuará analizando los datos recopilados durante el parto para comprender mejor la dinámica social y responder otras preguntas pendientes. Sin embargo, señaló que hay una conclusión más amplia, aplicable a los humanos, de lo que ya han descubierto.
Efectivamente es aplicable, pero ¿de verdad se aplica por sistema? Me lo vuelvo a preguntar.

«Triunfamos superando obstáculos trabajando juntos, a pesar de ser diferentes y no estar emparentados«, concluyó la investigadora. «Y creo que ese es un mensaje bastante importante en estos tiempos«. Efectivamente lo es, pero falta por saber por cuántos será tenido en cuenta este mensaje, no hay más que analizar lo que en el mundo y en nuestras vidas ocurre, día a día, desde hace miles de siglos.
Varias veces describí aquí comportamientos que parecen extraordinarios en el mundo animal, hormigas, abejas, lobos… pero ¿por qué extraordinarios si así es la naturaleza? ¿no seremos nosotros los extraordinarios, para mal?